Guillermo Arthur

Según estimaciones de la Superintendencia de Pensiones de acuerdo a los “autoreportes” de las propias AFP, en virtud del caso Cascadas, se habría generado una pérdida de US$ 44 millones en los fondos previsionales de los trabajadores chilenos. Esta cifra es equivalente al pago de 6.300 pensiones de $300.000 pesos por 12 meses.

Ante esta situación, cabe preguntarse ¿por qué las pensiones de los chilenos dependen de lo que suceda en los mercados nacionales e internacionales y de la pertinencia de las inversiones que hagan las AFP?

¿Por qué sus (nuestras) cotizaciones previsionales están invertidas en Cencosud de Paulmann, holding cuyas empresas acumulan varias prácticas antisindicales? ¿O en empresas como La Polar o en las de Ponce Lerou (creador de las Cascadas) o en los Bancos chilenos, que después le prestan a los propios trabajadores a tasas que pueden sobrepasar el 40% anual? ¿Por qué se invierten nuestras futuras pensiones en la mayoría de los grupos económicos, cuyo legado es la conformación de una economía rentista y concentradora, que tiene a Chile ostentando el lamentable récord que indica que el 1% más rico concentra el 31% de los ingresos?

¿Por qué mientras las AFP registran utilidades históricas (desde 1981 a la fecha) de $3 billones (millones de millones) y el 90% de las pensiones de vejez, que pagan bajo la modalidad de retiro programado son menores a $145.000, solo someten el 1% de los fondos que administran (encaje) a los mismos criterios de inversión que utilizan para las cotizaciones de los trabajadores?
Finalmente ¿por qué, en la mayoría de los períodos que los fondos que administran las AFP han rentado negativo, el negocio de las AFP renta positivo?

Más allá del Caso Cascadas y sus graves repercusiones en los trabajadores chilenos, lo cierto es que a partir de 1981, nuestro país ya nunca más tuvo un Sistema de Pensiones basado en los principios de la Seguridad Social. El Sistema de AFP sólo corresponde a un seguro privado, que le obliga a ahorrar todos los meses.

Se trata de un modelo impuesto en dictadura, que en términos puros (es decir, sin coexistencia con un sistema de reparto), sólo existe en países tales como Malawi, Maldivas, República Dominicana, Nigeria, Honk Kong, Kosovo, Israel y Australia (sin embargo, en este último país, la mayoría de los jubilados parte con pensión piso de $957 dólares).

El Sistema de AFP no cumple con los principios de diálogo social, equidad de género, igualdad de trato, solidaridad, participación social en la gestión, rol activo del Estado, eficiencia y competencia, suficiencia de las prestaciones, y tampoco ha logrado aumentar la cobertura, en relación con la situación observada hace 40 años.

Así como la situación actual de los pensionados es grave, la situación futura se ve aún más oscura, ya que el 70% de los afiliados entre 55 y 65 años, acumula menos de $20 millones en su cuenta individual, lo que alcanzaría a la fecha, para una pensión autofinanciada menor a $100.000. Por ello, no es de extrañar que el 78% de los trabajadores esté pensando en buscar un trabajo cuando jubile y el 63% de los mayores de 65 años estén endeudados.

En definitiva, es importante destacar que si Chile hubiese tenido un Sistema de Reparto (en donde las cotizaciones de los trabajadores se utilizan para pagar las pensiones de los pasivos) en vez de un Sistema de Capitalización Individual, entre 1990 y 2013 se podrían haber triplicado las pensiones: durante este periodo los ingresos totales por cotizaciones y aportes del Fisco fueron de $75 billones, mientras que los pagos en pensiones fueron solo de $25 billones.
En momentos en que Chile comienza a dar una discusión sobre su Sistema Previsional, urge que los fondos de los trabajadores dejen de estar sometidos a una Economía de Casino y ayuden a abultar el patrimonio de los grupos económicos. Es necesario que comencemos a construir un verdadero Sistema de Seguridad Social, como lo tienen nada más y nada menos que 95% de los países en el mundo.

*Economista Fundación SOL, @lafundacionsol