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Martín Zilic, ex ministro de Educación:

“Mis compañeros hicieron un Fidel falso”

Yo estuve con Castro cuando vino a Concepción. En ese tiempo, yo era dirigente estudiantil de la JDC y durante un foro pude hacerle una pregunta. No estaba nervioso ni mucho menos. Le consulté si los católicos tenían alguna posibilidad de participar en la dirección de Cuba. Por supuesto que Fidel se molestó, porque en su país existía un control muy duro del partido comunista, y no había la libertad que él decía que había. De hecho, hay una foto en que sale Fidel mirándome por arriba del hombro mientras le leo la pregunta. Me respondió que me invitaba a Cuba para que viera la revolución por dentro.
Recuerdo otra anécdota, cuando un grupo de estudiantes de ingeniería consiguieron un jeep y varios Fiat 125, que eran los mismos que usaba el GAP y disfrazaron a un estudiante para que quedara igualito a Fidel Castro. Los jóvenes partieron desde el aeropuerto de Concepción más o menos a la hora en que llegaba Fidel y pasaron por todos los lugares donde había gente esperándolo. El muchacho realmente era muy parecido a Fidel. Incluso los fotógrafos lo confundían. La “comitiva” se detuvo frente a algunos parlamentarios y nuestro “Fidel” los reconoció y los saludó. Ellos estaban emocionadísimos, casi hasta las lágrimas. Llegó a tanto el asunto, que le avisaron al Intendente de la época. Él se vino a Concepción inmediatamente, porque Fidel Castro había llegado escondido de alguna forma. Cuando el verdadero Castro llegó al aeropuerto no había nadie esperándolo. Fue tremendo. La falsa comitiva tuvo que salir arrancando hacia el barrio universitario a fondearse. Después, le presenté a un guardia de Fidel al comandante. El tipo nos quedó mirando, y dijo: “muchas gracias, chicos, si alguien hubiese querido matar a mi comandante, los hubiera matado a ustedes”. Igual nos reímos demasiado.

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Roberto Trinet, comerciante:

“Me sudaban las manos”

Yo era dirigente de la Juventud Radical y tenía 21 años. Por mi participación en el triunfo de Allende, había ganado cierto reconocimiento dentro del partido y fui elegido como representante del PR dentro del comité de bienvenida del comandante en Valparaíso. Recuerdo que esta reunión fue en la Intendencia. Había representantes de las juventudes comunistas, socialistas, izquierda cristiana, Mapu, MIR y los radicales. Éramos seis personas y estábamos todos muy nerviosos. Todos ensayábamos mentalmente lo que íbamos a decir si nos preguntaba algo. A mí me sudaban las manos. Para los jóvenes de izquierda, Fidel Castro era un mito, y yo no podía creer que lo iba a conocer.

Finalmente se abrió la puerta y entraron los guardias y luego Fidel. Daba pasos largos y fuertes. A pesar de lo mucho que me había preparado, quedé en estado de shock por algunos momentos. Nos saludó uno por uno. Nosotros le decíamos: “Buenos días, compañero”, con la voz tiritona. Él nos respondía sonriente. Al final los guardias le dijeron que tenía que pasar al otro salón, donde el resto de la gente estaba congregada. Nosotros íbamos detrás y el recibimiento de quienes lo esperaban fue impactante. Todos gritaban, aplaudían y cantaban. Para mí fue un momento impresionante.

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Volodia Teitelboim, ex senador del PC:

“Me preguntó sobre vinos y me rajó completamente”

¿Usted coordinó la visita de Castro a Chile?

-En 1970 yo era senador y trabajaba en la comisión de Relaciones Exteriores. Allende me pidió que fuera por unos días a Cuba para invitar a Fidel Castro. Estuve varios días en la isla. Las reuniones generalmente eran nocturnas.

Hace casi todo de noche…
-Cosa que no era lo mío. Pero había que adaptarse. Una reunión empezaba a las 12 de la noche, a las 2 de la mañana. Y a veces duraban toda la noche.

¿Esto era amenizado con comida y ron?
-Con el tiempo fue así. Yo soy un tipo raro, que no tiene nada que ver con el trago. Nunca he bebido. Bueno, Fidel después, pasados los años, me invitó a comer a su oficina y conocí su delirio por los vinos chilenos. Me habló de marcas, de cosechas. Me hizo preguntas sobre los vinos y me rajó completamente… porque yo no sé nada de eso.

¿Qué le dijo de la invitación a Chile?
-Estaba muy entusiasmado con la invitación de Allende. Mandó a pedir mapas y atlas y empezó a mirar Chile. Entonces, quería ir a todas partes. Quería ir a la Antártica y Magallanes. Cuba es un país sin nieve, tropical, entonces quería verlo todo… Yo para él no tengo si no admiración. Me acuerdo que la reunión terminó como a las 5 de la mañana. Nos paramos y él me acompañó hasta el ascensor. Y en el camino, me hace la pregunta que más le interesaba: ‘¿Qué edad tienes tú?’, me dijo. “Diez años más que tú’, le contesté. Eso para él fue una alegría, porque en ese momento yo estaba muy bien de salud. A mí me tuvo como punto de referencia.

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Julio Palestro, alcalde de San Miguel:

“Para mi padre fue un orgullo tenerlo en San Miguel”

Cuando Fidel Castro vino a Chile, mi padre (Mario Palestro) era alcalde de San Miguel. Yo tenía 14 años y cuando me dijeron que iba a conocer a Castro no lo podía creer. Antes de salir para la ceremonia, yo estaba nervioso pero mi padre parecía no estarlo. Puede ser porque él estaba acostumbrado a los discursos, era algo normal. Además, Fidel a pesar del icono revolucionario que suponía, era muy cercano a la gente. Para mí, que era todavía un niño, Fidel era un verdadero mito.

Recuerdo que su tono de voz dejaba a todos impactados. Nos reunimos frente al hospital Barros Luco, donde se ubicaba una estatua de José Martí. Este monumento después desapareció, por obra de la dictadura o quizás por la construcción del metro. En ese lugar, se le entregó un megáfono a Fidel y comenzó su discurso. La verdad es que no me acuerdo bien de lo que habló; primero, porque fue hace tantos años y segundo, porque yo estaba muy emocionado. Gran Avenida estaba colmada de gente que gritaba en un principio y que luego se sumía en un silencio increíble para escuchar al “comandante”. Aplaudíamos cada vez que él hacía una pausa. Cuando lo declararon hijo ilustre, el ruido de los cánticos y los aplausos fue sobrecogedor. Después, se dirigió a la estatua del Che Guevara, estuvo ahí unos momentos y siguió con su gira. Para mi padre fue un orgullo haberlo tenido en San Miguel.

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Vicente García Huidobro:

Pinochet le dijo “mira, huevón, de qué fascismo me hablai”

Yo era de los fundadores del MAPU y fui a la cena de despedida que le ofrecieron a Fidel en la embajada de Cuba. Ahí se dieron distintos momentos, unos más formales que otros, y Fidel iba de grupo en grupo conversando con los invitados. Luego de la comida vino una sobremesa donde la gente se iba acomodando y cambiando de lugar hasta que terminaron encontrándose Fidel y Pinochet en la cocina. Recuerdo que fue una conversación relajada, suelta, que comenzó con temas militares, hablaban sobre qué fusiles eran los mejores y cuáles no, una discusión de general a general, llena de datos técnicos, que de repente subía y bajaba de tono por lo entusiastas que estaba cada uno en su posición, sumado al temperamento más tropical de Fidel que decía “¡esa cosa es un porquería!” o “¡esa cosa no sirve para nada!”. Y así se iban contestando cada vez más apasionados. Pinochet estaba muy efusivo, porque Fidel es más prudente, se cuida en lo que dice y toma, no es muy dado a ningún tipo de exceso, esa fue mi impresión por lo menos. En eso llegaron al tema del fascismo y del discurso en el Estadio Nacional, en el que Fidel había insistido en que el fascismo estaba en las calles. Nosotros estábamos a un lado de la cocina, en la penumbra, me acuerdo que Jaime Gazmuri también andaba cerca. Fue ahí cuando a Pinochet le sale una reacción media fuerte y le dice: “mira, hueón, de qué fascismo me hablai tú. Yo en mi cajón tengo una lista de setecientos, o de setenta chilenos, que yo los meto presos esta noche y se acabó el fascismo en Chile”. Esa fue una frase bien memorable a la luz de lo que después pasó con nuestra historia, relacionada con las dudas de en qué lugar estaba Pinochet en ese tiempo, si era el general blanco o el general rojo. No era sutil la forma en que se expresaba, porque mientras Fidel era un hombre que argumentaba políticamente, para el otro la solución era muy brutal, básica: “salgo a la calle y los meto presos”; una reacción achorada, de esas de las que uno se arrepiente apenas las dice. Pinochet largó eso y se quedó ahí un poco socarrón. Fidel ahí se dio cuenta que no era un terreno en el que se iba a poner a discutir, si era o no esa la manera de terminar con el enemigo, si es que con algo tan sencillo como cincuenta o setecientas detenciones se iba a pagar el incendio.

Yo creo que como Pinochet había sido su edecán y lo había acompañado en toda la gira, al final se estableció una relación de más confianza entre ellos, dentro de los límites por supuesto, ya que Fidel tenía un rango mayor que el de Pinochet. Pero en el fondo hostilidad no había. En el contexto de una comida, fue una conversación regada, relajada. Eso sí, Pinochet estaba más entonado, no curado, pero más entonado que Fidel, de hecho yo no recuerdo a Fidel tomando, ni me acuerdo que comiera mucho, supongo que no gasta mucho tiempo en eso. Para mí Pinochet estaba así porque ese día ya se le terminaba la misión y probablemente se relajó después de estar tantos días al ritmo de Fidel, estaba muy suelto, muy bromista. No era el Pinochet que conocimos después, o por lo menos no se le notaba para nada.

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Mireya Baltra, ex ministra del trabajo:

“Fidel estuvo en mi casa”

Cuando Fidel vino a Chile estuvo en mi casa, en Dublé Almeyda, en Ñuñoa. Lo recibimos allí el Frente de Mujeres de la Unidad Popular, que presidía la compañera María Elena Carrera y yo como secretaria general. Venía de una reunión con los cristianos por el socialismo y mi calle estaba desbordada. Muchos niños y adultos se subían a las panderetas y él compartía con ellos. Fidel tiene una gran disposición de intercambio con la gente, es muy curioso y muy humano. Sus ojos irradian una ternura casi de niño chico, que se acrecienta con su actitud de preguntarlo todo. De hecho conversó con el pololo de mi hija. “¿Tú eres militante comunista?”, le dijo Fidel. Y él contestó que era de la Izquierda Cristiana. “Sigue siendo de la izquierda cristiana”, le replicó Fidel.

En ese almuerzo estuvo Isabel Parra, el gitano Rodríguez. Más tarde, llegó Allende y se pusieron a conversar en el patio de mi casa. Fue muy bonito. Esa vez el único obsequio que le hicimos fue el canto de la Isabel Parra, el Gitano Rodríguez y Ángel Parra. Cantaron una tonada muy linda de un poeta español. En realidad, fue una visita como de un vecino, o sea, sin protocolo. Para mí fue un momento inolvidable y maravilloso.

También fue emocionante oírlo en el Estadio Nacional, cuando anticipó lo que iba a pasar en Chile. Fidel dijo esa vez: “el fascismo, cuando llega, no respeta nada, se tomarán la Cámara de diputados, se borraran los sindicatos”. Yo siento por él un gran respeto como ser humano, por su coraje, a diferencia de nuestros políticos blandengues, que se cagan enteros ante cualquier situación difícil. Gracias a Fidel se ha mantenido esa revolución en pie.

FIDEL DIJO

“¿Elecciones para qué?”

“La primera vez que a nosotros nos llama la atención el fenómeno del avance que había dado el pueblo cubano, es en una concentración multitudinaria, y sin que nadie lanzara ninguna consigna, ninguna cosa, se habla de elecciones. Y empieza a decir todo el mundo: “¿Elecciones para qué?” “¿Elecciones para qué?” “¿Elecciones para qué?” La masa sola” (18 de noviembre de 1971).

“Permiso”

“Y por ser hoy 2 de diciembre (aniversario del desembarco del Granma), permítaseme terminar estas palabras como las terminamos siempre en Cuba: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”. (2 de diciembre de 1971)

“Personas decentes”

“Cuando cambiábamos impresiones con los compañeros chilenos a raíz de la invitación del Presidente, y nos preguntaban qué deseábamos ver, pues nosotros les decíamos: deseamos conocer las minas, el salitre, el cobre, el hierro, el carbón, los centros de trabajo, los centros agrarios, las universidades, las organizaciones de masa, los partidos de izquierda: deseamos hablar con los revolucionarios y hablar incluso con aquellos que aunque no se pueden considerar revolucionarios son personas decentes” (2 de diciembre de 1971)

“Recepción fascista”

“Hemos visitado a Chile no como turistas. Hemos visitado a Chile como revolucionarios, como amigos, como solidarios de este proceso, como solidarios de este proceso y de este país (…) En dos palabras, chilenos: nosotros no esperábamos ser bien recibidos por los fascistas” (2 de diciembre de 1971)

“¡Cómo se lanzaban las mujeres!”

“Nos impresionaba extraordinariamente lo apasionado del carácter chileno: en las recepciones, en los recorridos, el valor, la decisión; cómo los hombres se lanzaban delante de los autos. Pero algo más: ¡Cómo se lanzaban las mujeres! Pero algo más: ¡Cómo en numerosas ocasiones vimos madres con los hijos en los brazos atravesarse delante, con una decisión y un valor impresionante!” (2 de diciembre de 1971)