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“En todas las clínicas cuicas de este país muchas de las familias más conservadoras han hecho abortar a sus hijas” fue la frase que provocó un terremoto político de proporciones ayer en La Moneda, parecido al impacto profundo que generó la encuesta que dio cuenta de la estrepitosa caída de la popularidad de Michelle Bachelet.

Eran las 2 de la tarde cuando las palabras de la hasta ayer ministra de Salud, Helia Molina, vertidas en el marco de una entrevista con La Segunda, comenzaban a provocar lo que sería su salida del gabinete, la primera de un ministro en este segundo mandato de Bachelet.

A esas altura la renuncia de Molina era casi una obligación, pese a que La Moneda ya preparaba la estrategia para evitar un daño mayor.

Según cuenta La Tercera, Helia Molina a las siete de la tarde había llamado a Bachelet para renunciar a su cargo, pero seis horas antes le había advertido que en el vespertino venía una entrevista suya con las palabras ya conocidas.

En un primer momento la dimisión no habría sido aceptada, pues -dice La Tercera- el Gobierno esperaba a ver cómo se desencadenarían las reacciones.

Lo primero que se hizo fue redactar un comunicado para explicar los dichos de Helia Molina.

Textualmente La Tercera dice que a las 15:30 horas, Molina junto a sus colaboradores elaboraron un texto, el que enviaron a La Moneda para su visto bueno. En ese momento, aseguraron ayer en la Nueva Mayoría, se selló el futuro de la ministra, ya que el borrador volvió con una frase adicional: las opiniones de la secretaria de Estado “no representan el pensamiento del gobierno de Chile”. El ofrecimiento de renuncia pasó a ser indeclinable.

No está claro quien había agregado las palabras para sellar la suerte de Molina, pero lo cierto es que la señal dejaba más que que claro que a la ministra le quitaban el piso.

Con su destino ya zanjado, en la casa de Gobierno se comenzaron a afinar los detalles de la salida. El ministro Peañilillo -quien ya durante la tarde se había trasladado a Cabrero, región del Biobío- se contactó con el ministro de la Secretaría General de Gobierno, Álvaro Elizalde; el director de Políticas Públicas y cercano colaborador de Bachelet, Pedro Güell, y la jefa de gabinete de la Mandataria, Ana Lya Uriarte. Fueron ellos quienes prepararon la puesta en escena.

Con el asunto ya cocinado, entre Peñailillo, Elizalde, y el director de Políticas Públicas y cercano colaborador de Bachelet, Pedro Güell, y la jefa de gabinete de la Mandataria, Ana Lya Uriarte prepararon el comunicado que fue leído antes de la nueva de la noche.

“La ministra Molina ha presentado su renuncia a la Presidenta para evitar generar polémicas artificiales que puedan distraer al gobierno de la significativa tarea de mejorar la salud de todas y todos”.

Según La Tercera hubo dos cosas que irritaron al Gobierno; primero, que después de la salida de madres del embajador Eduardo Contreras todo los funcionarios estaban advertidos de arrancarse con los tarros, y segundo, que se eclipsaba el anuncio de la reforma laboral.

En este escenario, La Tercera dice que en la Nueva Mayoría aprovecharon la coyuntura para señalar que sería el momento para hacer una ajuste mayor al gabinete.

Desde distintos partidos de la Nueva Mayoría se aseguró ayer que se sería conveniente aprovechar la coyuntura para concretar un ajuste mayor, que involucre otras carteras.

Uno de los nombres que suena como posible reemplazo es el ex diputado Enrique Accorsi, quien fue un estrecho asesor de Molina y es cercano al senador Guido Girardi.