Ministro de Hacienda se reúne con ejecutivo de Enel
Esta semana será clave para Jorge Rosenblut, el presidente de Enersis que hace unos días, tras una publicación de The Clinic Online, debió salir a reconocer una reunión con el exgerente de Soquimich para levantar recursos para la campaña de Michelle Bachelet.

Personeros ligados al sector energético afirman que la declaración de Rosenblut se debió a que el escándalo de financiamiento de la política en Chile ha sido abordado al más alto nivel en la multinacional por sus eventuales consecuencias en las inversiones del país. Y que la permanencia de Rosenblut en su cargo ya no es segura.
A ello se suma que viene a Chile en estos días Francesco Starace, gerente general de Enel, la empresa que a su vez es la controladora de Enersis.

La misión oficial contempla la reestructuración de Enersis y sus filiales, y según fuentes de la industria, una eventual reunión con el ministro de Energía, Máximo Pacheco y la Presidenta Bachelet. Ello no sería extraño, pero dada las circunstancias actuales una imagen de la jefa de Estado con Rosenblut no es precisamente oportuna.

Después de todo, y aunque oficialmente se intente negar, Rosenblut fue quien llevó las conversaciones con el empresariado para allegar recursos a la campaña. Y Giorgio Martelli quien operó la máquina de financiamiento.

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¿Bachelet no le ha pedido ayuda?”. La pregunta de la revista Qué Pasa a Rosenblut (62) en una entrevista en 2013 fue respondida en ese entonces de forma imprecisa. “A mis 60 años ya no cambio mis afectos como otros que lo hacen rápidamente. La miro con gran afecto. Espero que le vaya lo mejor que pueda. Pero no estoy en el circuito de la campaña”, dijo.

En El Mercurio, el empresario -conocido por sus amigos como “caballito loco”- fue más explícito. Consultado por la publicación de este medio que consignó una visita de Rosenblut al exgerente de Soquimich, Patricio Contesse para pedir recursos para la campaña de la jefa de Estado, sostuvo que se reunió en “una oportunidad con el gerente general de SQM, cuya única finalidad fue promover un apoyo económico a lo que sería una eventual candidatura presidencial de la Nueva Mayoría. Y no hay nada irregular en eso ni hubo otro encuentro”.

El ingeniero industrial de la Universidad de Chile sabe de citas para recaudar recursos. Ha cumplido ese rol por a lo menos 10 años y, según diversas fuentes, cada vez que va a buscar fondos lo hace con una cifra precisa y una frase típica: “hay financiar la democracia”. La información que recopiló este medio da cuenta de que para la última elección sus conversaciones sobre este asunto fueron fluidas y que operativamente quien estuvo a cargo, aunque no ha sido admitido oficialmente por el Gobierno, fue Martelli, quien incluso puso su firma para el arrendamiento del comando de calle Tegualda, en Providencia, contrato que posteriormente cedió a Sociedad de Marketing, Asesorías y Eventos que administró la campaña.

De su papel de interlocutor con los grupos económicos, Rosenblut afirmó sentirse orgulloso, y es que no es precisamente un hombre crítico respecto de cómo se han financiado hasta ahora las campañas. Entrevistado por Capital en 2014 evitó, por ejemplo, ahondar en las malas prácticas del grupo Penta y sólo consignó que “esta ley lleva diez años y la gracia es que el sistema funcionó”. Ello pese a que en ese momento, tal como hoy, lo que está en tela de juicio es precisamente si el modelo da garantías.

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Estudió en el Instituto Nacional, posteriormente en la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile y luego cursó un Máster en Administración Pública en la Universidad de Harvard. Pasó luego a trabajar como young professional en el Banco Mundial. Eso hasta que, ha relatado, lo llamó en 1990 Edgardo Boeninger.

De esa situación dijo a Capital que “yo quería volver a Chile. En el 85 no había ni siquiera calendario de elecciones, pero sabía que en el 90 venían, sabía que mi futuro era volver a Chile. Mi hija nace el 11 de febrero de 1990 y el 13 de febrero me llama Edgardo Boeninger, y yo (se emociona, respira hondo y desvía la mirada)… me emociono de sólo recordar… recién había llegado mi hija y pensé: ésta es la marraqueta que me llegó por teléfono. Yo no conocía a Edgardo. Y me cambió la vida. Llegué a Chile a trabajar con él”.

Al Gobierno arribó primero a la subsecretaría de Telecomunicaciones con Aylwin y derivó luego a la subsecretaría general de la Presidencia con Frei. Él ha dicho que trabajó muy estrechamente con Boeninger, pero personeros de la época sostienen a The Clinic Online que la intimidad que retrata Rosenblut no es tal, por un tema generacional y de personalidad.

Un miembro de ese gobierno y militante DC lo recuerda como un “escalador profesional, muy grandilocuente que nunca tuvo la relación íntima con Boeninger de la que hace gala” y otro personero de la época agrega que “era una persona muy preparada, bastante inteligente y para algunos casi brillante. Yo diría que más técnico que político. Pasado para la punta, eso sí, de esos que avanzan rápido”.

Al parecer, Rosenblut es conciente de que proyecta la imagen de haber subido demasiado rápido. En la conversación con Capital desde las oficinas de Enersis en Alonso Ovalle, Santiago Centro, recalca, por ejemplo, que “un medio de prensa dijo que yo había tenido una carrera meteórica, pero al pensarlo me da un poco de risa, porque la verdad es que me demoré 50 años en cruzar los 50 pasos que hay desde Alonso Ovalle 612, mi antigua casa, hasta mi nueva oficina”.

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Considerado un hombre de redes transversales, Rosenblut, quien además ha presidido Chilectra y Endesa, ha confesado ser amigo de figuras como Guido Girardi, Ricardo Solari, Andrés Allamand, Pablo Longueira y José Miguel Insulza. Con Girardi se conoció en los ’90 discutiendo sobre temas medioambientales y Máximo Pacheco, otro de sus amigos, es su contraparte en el Ejecutivo en temas energéticos.

Por años fue mencionado como el interlocutor de Bachelet con el mundo empresarial, aunque en rigor en el caso de Soquimich fue más que eso. Pese a dividir su tiempo entre Chile y Miami -donde vive desde hace 15 años-, es considerado en el mundo político como el mejor promotor que tuvo Bachelet en los grupos económicos. “Él era el maestro y Martelli el discípulo” resume un personero que recalca que “el factor Rosenblut” fue clave en la elección.

Para Bachelet también fue importante en la fase previa a la campaña. La revista Qué Pasa publicó en 2012 que durante los años 2010 y 2011 la Fundación Dialoga de la jefa de Estado funcionó gracias a aportes de privados, específicamente “un convenio con Endesa Chile para realizar talleres en colegios de la VII Región afectados por el terremoto, proyecto liderado por la ex ministra Laura Albornoz y la ex directora de Junji Estela Ortiz”. Endesa, en ese entonces, era presidida Rosenblut.

Todo ello, sin embargo, no tuvo tanta publicidad como la relación “formal y seria” con la ministra secretaria general de la Presidencia, Ximena Rincón. En la foto de perfil de su whatsapp aparece con ella en un restaurante.