abbott

Entre el mundo de los abogados que se dedican al ejercicio libre, además de fiscales, defensores y jueces, la elección de Jorge José Winston Abbott Charme para fiscal nacional causó extrañeza. Y fue así porque las señales públicas que llegaban a través de los medios o “el correo de las brujas” indicaban que él era el menos probable, a diferencia de José Morales y Raúl Guzmán.

Y es que Abbott ha tenido una característica desde que labora como jurista: la reserva y el bajo perfil que le permite moverse sin llamar demasiado la atención. Un colega que lo conoce desde hace años, asegura que rara vez, cuando era el titular del Ministerio Público para toda la Quinta Región, contó algo de su trabajo. “El cierra la puerta de la pega y se pone otro disfraz y en el trabajo parece que fuera invisible, porque es bueno armando equipos y su autoridad no se siente, pero ahí está. Ahí radica una de sus mayores aptitudes”, apunta.

Abogado de la Universidad Católica de Valparaíso, juró ante la Suprema el 31 de julio 1979, bajo la presidencia de Israel Bórquez, el mismo que pronunció la trístemente célebre frase: “los desaparecidos me tienen turco”, frente a las organizaciones de Derechos Humanos que fueron a clamar justicia.

Un cojuramentado de aquel día, reveló que Abbot, quien era de oposición a Pinochet, “pero con prudencia”, pronunció en sordina un rosario de puteadas en contra del magistrado. “Tuvo que poner la cara de seriedad y recibir el título agradeciendo como mandan las formas, pero se le revolvió la guata”, recuerda su colega.

El oficial de la Marina

Abbott fue DC durante su adolescencia, llegando a ser el presidente de la juventud en la V Región. Luego pasó al MAPU y se desempeñó como interventor de la Compañía de Navegación Interoceánica durante el gobierno de la Unidad Popular, según consignó La Segunda.

El golpe del 73 lo sorprendió trabajando en la empresa El Belloto, donde laboró con el interventor de la dictadura, el oficial de la marina Roberto Vargas Biggs, a quien le reconoce lo realizado en la firma, como también que nunca se ha hecho justicia con su labor, le dijo a El Mercurio de Valparaiso en 2003.-

En esos años también abandonó el MAPU. Hoy dicen quienes le conocen, que está en un limbo que se mueve entre la DC colorina y la centro derecha, aunque reconocen que no es hombre que ventile sus opiniones en cada lugar al que llega.

Otro abogado que trabajó de cerca con él en Valparaíso, destaca su compromiso social. “Es un hombre que calladamente dona a instituciones, es católico practicante y aunque haya ejercido la profesión en el área privada, no es ostentoso; tiene una casa normal, una familia normal, todo en él es bajo perfil ni cuando se enoja grita o se sale de las casillas”, asegura el profesional.

Su primer trabajo en el servicio público lo ejerció en la V Región. Según su currículum fue subdirector de la Corporación de Asistencia Judicial (CAJ) entre 1988 y 1990 y dos años más tarde hasta 2002 fue el jefe de la entidad.

Un colega que trabajó de cerca con él en la CAJ, asegura que allí profundizó “su perfil de gestor, de administrador, de hacer que las cosas operativas funcionen todas en una sola línea”.

Y es que parte de su discurso ante la Corte Suprema y que le permitió quedar en la quina de donde fue elegido por Bachelet, estuvo centrado en eso: la organización de una entidad como el Ministerio Público.

Administración

Pues bien, Abbott ingresó a la fiscalía en 2002. Lo hizo como el jefe de la Quinta Región, previa exposición ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso y ser elegido por el propio Sabas Chahuán para el cargo. En la oportunidad cuenta un ex ministro del tribunal de alzada porteño, su presentación también estuvo centrada en la gestión y cómo ésta puede ayudar a que la labor del Ministerio Público de perseguir los delitos y así cumplir estándares de satisfacción y validación ante la ciudadanía que es víctima de la delincuencia. “Algunos abogados le llamaban el ISO 9.000, no sé si alguna vez se habrá enterado”, recordó aludiendo a ese estándar internacional de calidad.

La base de sus argumentos sobre mejorar la gestión, están basados no sólo en los hechos prácticos, sino en sus estudios de administración después del golpe, tal como lo reconoció en enero de 2003 a El Mercurio de Valparaíso a poco de haber asumido como regional.

En su labor en ese cargo, tuvo varios casos vinculados a políticos por actos de corrupción. La estadística, dicen sus detractores no lo avalan como alguien que busque perseguirlos. Y es que de doce parlamentarios indagados, sólo uno fue condenado.

Su primer intento de condena partió con la entonces diputada PPD, Laura Soto. Se le imputó haber usado empleos brujos a través del desvío de fondos públicos a su campaña de fines de 2005.

En esta indagatoria fue desaforada en 2007 por la Corte de Valparaíso y debió enfrentar un juicio oral donde fue absuelta de todos los cargos, entre ellos fraude al fisco. Fueron condenados, eso sí, por el mismo delito, su hija Marisol Paniagua y su ex esposo Uziel Valle, entre otros.

Años más tarde, se descubriría que distintos parlamentarios, Jorge Sabag (DC), René Aedo (RN), Claudia Nogueira (UDI) y Maximiano Errázuriz, usaban ilegalmente las asignaciones del Congreso.

Nogueira llegó a un acuerdo con la fiscalía dirigida por Abbott y accedió a una suspensión condicional del procedimiento, pagando 30 millones.

En la oportunidad, Abbott señaló a La Tercera: “El hecho de que la parlamentaria Claudia Nogueira haya reintegrado los fondos que percibió -a juicio del Ministerio Público- indebidamente, bien importa una suerte de reconocimiento de que esos fondos deben ser destinados a las finalidades públicas para las cuales el Estado provee a los parlamentarios. En consecuencia, esta solución de suspensión condicional ha supuesto el reintegro de los dineros y el pago de una suma no menor a un Techo Para Chile y a sujeto la parlamentaria al gravamen de firmar por 18 meses”, manifestó Abbott.

Sabag fue sobreseído, mientras que Maximiano Errázuriz fue el único condenado. Luego de reconocer que usó ilegalmente las mentadas asignaciones, fue sancionado con 4 años de libertad vigilada, nunca más acceder a un cargo público o de elección popular y devolver 31 millones a la Corporación.

Abbott dejó el Ministerio Público en 2011 luego de finalizar su período como regional y ejerció libremente su profesión.

Un abogado que lo tuvo como contraparte asegura que debido a su cargo en la zona mantenía una amplia “red” de contactos con las que lograba que todo se acelerara. “No podría decir que hubo actos de corrupción, pero lo cierto es que entraba a todos lados como Pedro por su casa y todo lo que buscaba, misteriosamente, salía en su favor”, asegura.

Como sea, Abbott mantiene cercanías con abogados como Raúl Tavolari, Juan Carlos Manríquez, otro de los que postuló a fiscal nacional y a Waldo del Villar, el actual presidente del Colegio de Abogados de Valparaíso.

Burocracia y continuidad

En 2014 fue nombrado director ejecutivo de la Fiscalía Nacional. Para nadie es un misterio su cercanía con Sabas Chahuán ni que este último lo considera el mejor candidato a sucederlo.

De allí que en el mundo de los penalistas sea considerado la solución de continuidad si es que es ratificado por la Cámara Alta.

Así al menos lo cree el abogado Matías Künsemüller, uno de los litigantes de la reforma, entre otros en el caso basura.

“Yo pensé que iba a ver un cambio de timón y no por el continuismo más duro. Eso me llamó la atención. No creo que hayan cambios demasiado importantes”, explicó.
Alfredo Morgado, concejal por Santiago del PPD y abogado penalista opina que Abbott “es una persona objetiva pausada, en el sentido de no precipitarse, de escuchar a cada una de las partes y nos da garantías para el estado de derecho y por la complejidad de los casos que se tramitan”.

En tanto, el penalista Marcelo Castillo, considera que Abbott carece de “la experiencia operativa en investigaciones y se ha desarrollado en el ámbito burocrático”.

“Más que un fiscal es un burócrata dentro de la fiscalía. Y eso no nos parece adecuado atendido los tiempos que está viviendo el país”, opinó.

Una de las últimas historias protagonizadas por Abbott fue haber ganado un juicio que le permitió que Google evitara que en la web apareciera su nombre asociado a la palabra “corrupto”, luego que una persona -quien no pudo ser identificada- creó un blog, donde relataba una serie de prácticas reñidas con la ley del actual candidato a dirigir la Fiscalía Nacional.

Si hoy se teclea en el buscador, Abbott sólo aparece esperando a que el Senado lo confirme o bien rechace la elección presidencial. Y de eso, aún no existe seguridad.