Alejandro y Victor

Parecido a la Felicidad, escrita por el dramaturgo Alejandro Sieveking, fue la primera obra que Víctor Jara dirigió. Ambos la montaron en 1959, como examen para egresar de Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. El éxito fue total. Alabada por el público y la crítica, la obra estuvo cinco años en cartelera, llevó a los recién egresados de gira por gran parte de Latinoamérica y hasta se transmitió por TV.

Casi sesenta años después, la obra de Sieveking, se reestrena bajo la dirección de Francisco Albornoz y con las actuaciones de Carmina Riego, Emilio Edwards, María Jesús Marcone y Mario Avillo en el teatro de la Universidad Fines Terrae, y estará en cartelera hasta el próximo 3 de julio.

El argumento trata sobre un triangulo amoroso entre Olga, el Gringo y Víctor. La acción ocurre en el departamento del Gringo, chofer de microbús, donde vive con su pareja Olga, una joven vendedora. Víctor, amigo del Gringo, se aloja unos días en el departamento y quiebra la armonía entre la pareja, pero decide irse para no traicionar a su amigo. El Gringo le propone matrimonio Olga para intentar retenerla, pero ella finalmente lo abandona.

“La gracia de esta obra es que Alejandro y Víctor la hacen a los 25 años, en el año ‘59, cuando los teatros universitarios eran templos sagrados. Parecido a la felicidad quiebra ese teatro realista pero acartonado, basado en el cine clásico estadounidense, echando mano a algo que no existía en Chile, un neorrealismo inspirado en las nuevas corrientes cinematográficas de Europa, haciendo un teatro menos burgués y más cotidiano”, explica Francisco Albornoz.

Sieveking sobre esos años recuerda que junto a Víctor tenían planeado montar una comedia musical para egresar, pero falló el elenco, así que Jara le comentó la anécdota del triangulo amoroso que vivía una compañera de curso de ambos y de ahí surgió la obra que conmocionó a la escena teatral de la época.

“Esta era la primera dirección de Víctor, la obra produjo un impacto extraordinario, una locura colectiva, porque era algo que hasta entonces no se hacía en Chile,una especie de realismo poético. Víctor le dio una especie de magia al montaje, su talento es realmente inexplicable. Nadie podía explicar muy bien porqué le gustaba tanto al público y la crítica”, recuerda el prolífico dramaturgo, autor de obras como La Remolienda o Mantis religiosa

Una vez que salieron de gira por Latinoamérica, patrocinados por el Ministerio de Relaciones Exterior, Víctor Jara dirigió en Cuba, pero luego decidió regresar al país para seguir estudiando dirección.

Acá, conversamos con Sieveking sobre el montaje de aquella histórica obra y su relación con el cantautor asesinado por agentes de la dictadura.

Alejandro, ¿cómo fue trabajar con Víctor Jara?
-Era una persona muy agradable y talentosa. Lo que más recuerdo es que teníamos una gran confianza, nos decíamos de todo y nunca nos alterábamos. No teníamos desencuentros, dirigió cuatro obras mías… Después él se dedicó más que nada a cantar, dejó un poco el teatro. Fue un suerte para la música chilena, sí, pero fue una mala suerte para nosotros, siempre le pedíamos que volviera a dirigir.

¿Cuándo fue la última vez que trabajaron juntos?
-Fue poco antes del Golpe. Le pedimos que dirigiera La virgen del puño cerrado, estuvimos un mes ensayando, nos veíamos todos los días. El último día que nos vimos fue el 8 de septiembre de 1973, almorzamos juntos.

¿Estaban preocupados por lo que venía, hablaron de eso?
-Los días previos se comentaba harto que venía el Golpe, pero nosotros teníamos otra visión de mundo, pensábamos que iban a bajar Allende en forma, como decirlo…, como caballeros, no como bestias. Ver lo bestial que puede ser la gente, es una cosa que te horroriza muy profundamente y que no se te puede olvidar jamás. La bestialidad, no. Fue tanto el shock y el trauma que nos tuvimos que ir de Chile.

¿Cuándo supo que a Víctor lo habían asesinado?
-Supimos el 13 de septiembre que Víctor estaba preso, dos días después nos enteramos que lo habían matado a través de alguien que lo reconoció en la morgue. No sabíamos si decirle a su mujer, Joan. Fuimos a la morgue, pero tuvimos un semialtercado con el carabinero que estaba afuera con una metralleta y la bala pasada. No nos dejó entrar porque no eramos parientes del muerto que buscábamos.

¿Y luego pudo seguir trabajando?
-Montamos Cama de Batalla, fue como un vomitó que escribí después del Golpe, pero no podía decir todo, porque las circunstancias lo impedían, aunque pasó por la censura militar. La estrenamos en Viña del Mar y en Santiago en enero del 74, después nos fuimos de gira y no volvimos más. Afuera todo el mundo la encontró terriblemente política, incluso hubo una crítica de teatro que dijo que éramos los pilares del comunismo que andábamos desprestigiando al país.

¿Y ahora, tanto tiempo después, cómo ve el reestreno de Parecido a la felicidad?
Me sorprende que la obra siga estando viva y funcionado. Resulta interesante el montaje, esta es una visión más actual y fresca, con muy buenas actuaciones y ha tenido aceptación entre el público.

¿En qué otros proyectos se encuentra trabajando?
-Ahora estamos montando la obra Pobre Inés sentada ahí, la estrenamos en el Corpartes, porque es solo para salas grandes, y también estoy realizando cortos cinematográficos.