Mercedes

Llama la atención como los sectores de la pasarela cultural progresista han reaccionado con la visita de Pepe Piñera. Lo han querido masacrar, lo han vilipendiado hasta el hartazgo, por poco lo llevan al patíbulo o lo cuelgan en un farol de la Plaza de Armas. La señora periodista Beatriz Sánchez lo ha tratado como el ajo y de manera muy violentista, ha estado a punto de llamar a las masas a que hicieran justicia por mano propia.

El Pepe Piñera llegó a Chile con las mejores intenciones, para defender sus ideas acerca de la previsión social y que ha divulgado con amplia recepción en el orbe occidental y más allá. Lamentablemente, no ha encontrado interlocutores a la altura de su buena fe. Toda la red social se ha ensañado con él como si fuera el diablo en persona, todos los sectores políticos e intelectuales se han declarado molestos. Uno de los líderes del movimiento anti AFP, un tal Mesina, ha rechazado con prejuicio la invitación a tomarse un café que le ha hecho el Pepe Piñera para conversar en términos de amistad cívica sobre el sistema de pensiones. Lo cierto es que todas estas gentes fastidiadas han desaprovechado una muy buena oportunidad de dialogar con uno de los líderes más representativos del régimen militar y, en un debate civilizado, demostrar que quizás las cosas no se han hecho bien en un tema muy sensible en el destino de las personas.

¿Por qué tanta inquina con el Pepe Piñera? No puedo entenderlo, si ellos durante casi treinta años han legitimado el actual sistema previsional. Durante cinco mandatos presidenciales no se han hecho cargo de un tema de la mayor relevancia. Y como están plenamente conscientes de su ineptitud política y de su mediocridad –que ya han dejado al descubierto en muchos terrenos–, no ven mejor provecho que atacar a mansalva a un destacado paladín “de la dictadura”. Los pobres viejos de las clases asalariadas recibiendo pensiones de mierda y ellos, para eludir la autocrítica y la propia responsabilidad, no encuentran nada mejor que hacer mierda al Pepe Piñera. ¿Por qué ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?

A decir verdad, estos señores políticos de la Concertación y la Nueva Mayoría tienen al país patas para arriba. Y vea usted que las palabras del señor Ricardo Lagos E., prácticamente sediciosas, no han producido tanto escozor como la valiente visita de Pepe Piñera. Tantos contrasentidos en el seno del gobierno. ¿Quién se hace cargo de ellos? Estas gentes repulsivas se han indignado con la vieja estrategia del chivo expiatorio, con el pretexto del cojo echándole la culpa al empedrado. Ya está bueno que todos los males que padece la patria dejen de achacárselos a Pinochet y a sus epígonos. Lo evidente: están malogrando a Chile, están conduciéndolo a una debacle, se han servido del Estado a manos llenas, han abusado del erario nacional, están echando mano al populismo irreflexivo y a las consignas irracionales, y siempre con la misma cantinela “Chile se jodió por culpa de la dictadura”. A otro perro con ese hueso.

El Pepe Piñera es un buen chato, hombre de sensibilidad social, hombre de lecturas generosas. Hace algunos años, en una librería de viejos, le metí conversa y terminó recomendándome un libro muy lindo de un gran filósofo chileno, don Humberto Giannini: “La reflexión cotidiana”. Me ha dicho al aconsejármelo: “Bruno, el capítulo sobre el bar te encantará”, y yo desde esta columna le agradezco esa recomendación y devolviéndole la mano le digo: Pepe, lee por favor un libro muy decidor y de muy reciente edición. Su autora, Mónica Echeverría Yáñez. Pepe léelo, te dará tranquilidad de conciencia. Se titula: “¡Háganme callar!”.