brexit

Después de la votación a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) el 23 de junio de este año, el No a los acuerdos de paz en Colombia el pasado domingo (2 de octubre) dio mayor aliento a quienes se oponen radicalmente a la regulación y activación de mecanismos de democracia directa. Cabe preguntarse entonces ¿qué tienen en común estas dos consultas?, ¿habría sido mejor no activarlas?, e incluso, ¿es conveniente dejar las decisiones políticas en manos de los dirigentes?

Una primera semejanza entre estos dos referendos la encontramos en su objeto. Tanto en Colombia como en Reino Unido, las consultas refirieron a posibles “momentos refundacionales”, en el caso del Brexit por la salida del proyecto común europeo; en el caso de Colombia, por la expectativa de dar fin a más de cincuenta años de enfrentamiento con las FARC. Una segunda similitud proviene de la convocatoria. Estas dos consultas fueron originadas desde “arriba”, por los gobiernos, y no activadas por la ciudadanía. En Reino Unido, el Primer Ministro tory (Partido Conservador) David Cameron hizo una apuesta de alto riesgo para resolver profundos conflictos internos que dividían a su partido. En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos (Partido Liberal) buscó legitimar el acuerdo para también fortalecer su proyecto frente a la férrea y poco responsable oposición encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe. En los dos casos, la preferencia de los líderes, ambos de partidos ubicados en el centro-derecha del espectro político perdieron ante la oposición de partidos ubicados más a la derecha. Ante esto Cameron dio un paso al costado. Santos parece haber rápidamente tomado el timón para reconducir el proceso. Seguramente ahí los efectos del resultado tengan mucho que ver: se mantiene el status quo en Colombia mientras Reino Unido se encamina hacia el proceso de desconexión.

Pero hay más elementos en común. Las nuevas dinámicas de formación de la opinión pública presentan un cóctel que muchas veces puede ser explosivo. Por un lado, los medios tradicionales y en particular la TV se mueven cada vez más en base a consignas marketineras, alimentando falsas polémicas capaces de atraer una gran audiencia. Por otro, las redes sociales abren nuevos escenarios para la formación de la opinión pública, en los que circulan enormes cantidades de información no siempre confiable y a veces en dinámicas que tienden a reforzar la polarización.

¿Prueban estas experiencias que los argumentos de quienes se oponen a la democracia directa son acertados? Fundamentaremos que no se puede sostener dicha afirmación. Creemos que prueban, sí, que, por un lado, los gobiernos no deberían tener atribuciones para convocar consultas. Y por otro, que en determinados contextos el referéndum no contribuye a abrir el debate. En los dos casos que estamos discutiendo, las preguntas podrían haberse planteado mejor. En Colombia, por ejemplo podría haberse evitado la referencia a “la construcción de una paz estable y duradera”, elemento claramente tendencioso y falaz, ya que la construcción de esa paz estable y duradera no depende sólo de los acuerdos de paz. A su vez, la formulación de la pregunta sienta las bases para una campaña basada en la mutua descalificación: “los que quieren la guerra” frente a “los que entregaran el país al terrorismo”. Además, la pregunta podría haberse desagregado: ¿Apoya el acuerdo de paz? Si responde NO: está en contra de cualquier negociación con las FARC o espera una renegociación de aspectos del acuerdo.

Pero incluso así se ven los límites de la consulta en este contexto. Los acuerdos están expresados en 297 páginas que podrían haberse debatido en foros ciudadanos en todo el país. Cabe recordar que sólo el 37 por ciento de los colombianos votaron. Un proceso deliberativo e informativo hubiera permitido a la ciudadanía informarse y opinar con mayor autonomía en lugar de quedar atrapada por los discursos de las elites, con la única alternativa de la salida (abstención).

Los procesos participativos recientemente vividos en el Reino Unido, Colombia y Chile nos ponen ante retos y tendencias globales que dan cuenta de las transformaciones que enfrenta la democracia representativa (particularmente nos encontramos trabajando en un libro que espera dar cuenta de aquello).

La creciente abstención electoral, el desencanto ciudadano con los partidos, la fuerza de las nuevas formas de protesta ponen en evidencia que no es posible pensar que una democracia elitista en que unos poco actores cada vez menos legitimados toman decisiones a espaldas de la ciudadanía. Sin embargo, varios son los desafíos que generan los referéndums. Surgen preguntas como quién tiene derecho a decidir; la delimitación de las consultas; cómo se garantiza la formación de la opinión pública, y cómo se reconcilian las decisiones tomadas con otros mecanismos de control democrático, entre otros temas relevantes.

Hay varias experiencias relevantes que pueden ser tomadas en cuenta, en este sentido, pensamos que los “diálogos ciudadanos”, desarrollado durante el presente año puede dar una lección importante. Dirán muchos que son sólo consultivos y que seguramente su incidencia será menor. En nuestra lectura los diálogos son una oportunidad, no un punto de llegada. Pueden iniciar una tendencia a intervenir en el debate público abriendo nuevas dinámicas para el intercambio de ideas. Deberían ser complementados con otros mecanismos de intervención ciudadana, pero activados por la misma ciudadanía. Esa es nuestra apuesta para el proceso constituyente que espera Chile para el futuro próximo.

Yanina Welp es Doctora en Ciencias Políticas y trabaja en el Centro de Democracia Directa de la Universidad de Zürich. Francisco Soto Barrientos, es Doctor en Derecho y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.