Aunque parezca un niño jugando a los soldaditos, a la guerra, el líder norcoreano Kim jong-un es más que eso. Es nada menos que la persona al mando de un país que constantemente prueba su poderío nuclear. Que no escatima calificativos para amenazar al mismísimo Estados Unidos. Que le da dicho al Tío Sam en su cara que lo convierte en cenizas de un solo ataque.

La comunidad internacional ha puesto en duda no el poderío de Kim, sino que si efectivamente cuenta entre su armamento con la bomba H, el temible misil de hidrógeno que Corea del Norte asegura haber probado, y con éxito, el año pasado.

Tal como describe un artículo de RT, el armamento, que eriza la piel de tan solo nombrarlo, es una bomba de hidrógeno que consiste en una fusión nuclear de varios núcleos atómicos de carga similar, los que se unen para formar un núcleo más pesado que desprende también enormes cantidades de energía.

Para hacerse una idea, el impacto de este misil es mucho más destructivo que una bomba atómica como las que EEUU dejó caer en 1945 en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Como se recuerda, provocando ese terrorífico hongo que sigue siendo una pesadilla para la humanidad.

Parece que suena a ciencia ficción, pero el asunto es que la bomba H es así de devastadora. Divide un núcleo atómico en dos o más núcleos que generan una reacción en cadena, liberando enormes cantidades de energía.

Hasta ahora, recuerda RT, la “bomba más potente conocida fue del Zar, fabricada y probada en Rusia por la URSS en 1961. Su explosión alcanzó los 50 megatones, lo que equivale a una potencia 3.000 veces mayor que la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima”.