Tras sufrir durante cuatro años las estrecheces del asedio del Ejercito sirio, el comerciante Basel Nayi Quilan puede alardear de los productos que inundan las estanterías de su tienda de alimentación, situada en el barrio de Al Waer, en la ciudad central siria de Homs.

Al Waer fue el último reducto rebelde de Homs hasta que entre marzo y mayo pasado 13.000 combatientes y civiles fueron evacuados al norte de Siria en virtud de un acuerdo con las autoridades.

Pese a que las calles de Al Waer están libres de la presencia de milicianos, la huellas del conflicto todavía perduran.

Muchos edificios están destruidos por los bombardeos y el impacto de proyectiles, mientras que en otros son visibles las marcas de disparos.

Quilan, que aparte de atender en el colmado trabaja en una refinería del Estado, se vio arrastrado por un torbellino de frenéticas vivencias junto al resto del país.

Hasta 2013, el conflicto apenas se notó en este distrito moderno del extrarradio de Homs, pese a que a partir de 2012 esta localidad, que en su día se ganó el sobrenombre de “capital de la revolución” fue una de las más castigadas por las hostilidades.

“Todo estuvo bien (en Al Waer) hasta octubre de 2013, cuando entraron los (hombres) armados y comenzó el asedio”, rememoró el tendero en declaraciones a Efe.

El cerco no fue constante a lo largo de los años porque a veces se abrían los caminos y se permitía la entrada y salida de los empleados públicos, que aprovechaban para introducir fruta y verdura.

“Los civiles sufrimos la falta de alimentos, pero los combatientes en cambio tenían de todo”, aseguró este padre de tres hijos, dos chicas y un chico, de 15, 12 y 7 años, respectivamente.

El periodo más largo en el que Al Waer permaneció absolutamente cerrado sin comunicación con el exterior fue durante los cinco meses que hubo negociaciones entre las autoridades y las facciones, que desembocaron en el acuerdo de marzo pasado, que permitió la salida de los milicianos y civiles que lo desearan.

A la falta de comida se sumó la escasez del suministro eléctrico ya que a veces los vecinos tan solo disponían de dos horas de corriente al día, por lo que se veían obligados a usar generadores.

Mientras, en el interior del barrio, los propios grupos armados se peleaban entre sí por disputas internas, aseguró Quilan.

Al Waer es un barrio de grandes dimensiones que antes del inicio de la contienda siria tenía unos 250.000 habitantes y cuyo número se reduce en la actualidad a más de 40.000.

En un extremo del distrito, una hilera de casas destruidas a lo largo de una calle, con vistas al centro de Homs, recuerda todavía el conflicto que se ha vivido en Al Waer.

Una fuente gubernamental señaló a Efe que esos inmuebles, en primera línea del frente, servían de base de las facciones que operaban en la zona y desde ellos lanzaban proyectiles contra posiciones del ejército en otras partes de la población.

Según esta fuente, unos quince grupos armados llegaron a estar presentes en Al Waer, como el Frente al Nusra (antiguo nombre de la exfilial siria de Al Qaeda), el Movimiento Islámico de los Libres de Sham y el Ejército del Islam.

Delante de un edificio próximo a las antiguas bases de los islamistas, Azam, de 52 años, limpia su coche.

“He estado cuatro años, tres meses y doce días fuera de Al Waer”, indicó a Efe este hombre, que regresó con su familia hace unas semanas después de que hubiera huido del área cuando irrumpieron las facciones.

Durante el periodo que estuvieron desplazados, Azam, su esposa y sus cuatro hijos residieron en otro barrio de Homs pero han decidido volver a su casa de toda la vida tan pronto se ha restablecido la normalidad.

“Nos hemos gastado 5 millones de libras sirias (unos 23.300 dólares) en reformar la casa, los terroristas lo destrozaron todo y robaron todos los muebles”, lamentó.

Junto a su familia, otros vecinos han regresado hace poco a Al Waer, que poco a poco intenta recuperar su pulso normal.