“En el debate de la Archi ambos candidatos tropezaron, Piñera dijo que la disforia de género se ‘corregía’ con la edad y Guillier mostró que no entendía su propio programa de condonación del CAE. ¿Cuál error es más grave? A primera vista, el de Guillier”.

Así comienza la habitual columna de opinión de Carlos Peña en El Mercurio, en la que desmenuza los errores cometidos por los candidatos presidenciales durante el debate Archi del viernes pasado y cuál de ellos fue más grave, considerando que ambas figuras compiten para ser quien dirija al país durante 4 años como Presidente de la República.

En este sentido, Peña profundiza que el enredo de Guillier al momento de hablar sobre la condonación al CAE es “no comprender la política pública con la que intenta ganarse la confianza del electorado (su jefe programático, Osvaldo Rosales, debió salir a explicarla) y muestra una cierta incapacidad para conducir los asuntos públicos y revela la verdadera índole de su papel como candidato: un rostro al que de pronto se le confunde lo que debía recitar”.

Añadió que, “Piñera, en tanto, podría afirmarse. Pareció equivocarse en una característica que afecta a minorías, y después de todo, como él mismo lo dijo cuando salió a explicar sus propias declaraciones (al menos no lo hizo un jefe programático en lugar de él), su tropiezo pareció simplemente un verbo mal empleado”.

El abogado advierte que, “entonces, no parece caber duda de que es más grave que un candidato no entienda lo que propone, a que otro no entienda una condición que afecta a una minoría. Pero cuando el asunto se mira más de cerca hay que arribar a la conclusión contraria. Cuando se lo examina imparcialmente es mucho más grave el tropiezo de Piñera”.

¿La razón? El autor del escrito expone que “cuando Sebastián Piñera afirma que la disforia de género se ‘corrige’ con la edad, está afirmando, en el fondo, que existe un criterio normativo acerca del género al que los seres humanos deben apegarse y que, cuando se apartan de él, pueden ser empujados, regularizados o conducidos de vuelta a aquello que querían abandonar. Esta visión de la naturaleza humana como una norma de la que ciertas condiciones serían una desviación, una forma torcida que puede ser enmendada o normalizada, revela un prejuicio profundo hacia la diversidad, la que en vez de ser comprendida como realizaciones plurales de lo humano, es concebida como torsión, como abandono de una regla o norma a la que, por efecto del tiempo, la sensatez, el fármaco, la intervención de terceros, sería posible volver”.

Por eso es que Peña apunta a que el erro de Piñera “revela una comprensión de la condición humana que se trasluce también en otras opiniones que la derecha que lo apoya ha manifestado una y otra vez en cuestiones como la homosexualidad o la adopción homoparental (donde ha sostenido que un padre y una madre son mejores puesto que son parte de la naturaleza). El tropiezo de Piñera al tratar a la disforia de género como algo que el tiempo puede normalizar, regularizar, corregir, hacer volver a la norma que en un momento se habría abandonado, muestra así la forma en que al menos parte de la derecha concibe y trata las diversas condiciones en que se muestra lo humano, y que Piñera, después de todo, parece compartir”.

Pese a que reconoció el mea culpa de Piñera, en cuanto a que habría ocupado mal el verbo en su polémica frase, el abogado de profesión asegura que aquello confirma que “lo que pareció un tropiezo, no fue ni eso, ni un lapsus, ni un error gramatical, sino el punto de vista que en efecto él posee y que se niega a abandonar”.

En otros pasajes, el columnista plantea que “lo que aquí está en juego no es una simple toma de posición frente a una forma de vida, una simple elección de lo que es preferible o lo que no, sino una comprensión de las formas en que se revela la condición humana y de la que deriva la dignidad que las personas se deben recíprocamente”.

“Sí, es cierto, Guillier mostró en sus respuestas lo que todos más o menos saben, que él es un rostro en el que no abunda el manejo ni de ideas ni de programas; pero Piñera, con las suyas, mostró algo aún peor por lo verdadero y lo fidedigno: que en él siempre se cuela ese conservadurismo que tarde o temprano rivaliza con la dignidad de las personas”.