En estos días de movilización y protesta respondida con una masacre por parte de las fuerzas de la Policía y grupos de choque mandadas por Daniel Ortega y Rosario Murillo, se ha levantado con fuerza la bandera azul y blanco como símbolo de resistencia frente al régimen. Todos hemos andado con nuestra bandera nacional, porque es hora de unidad y de patria, no de partidos ni organizaciones.

El estallido social generado sobre todo por la sangrienta represión, ha llevado al repudio de los símbolos del gobierno. Los “chayopalos” o arbolatas han sido objetivo predilecto para expresar el desprecio hacia el régimen. La bandera roja y negra, con las siglas del partido de gobierno, ha sido el otro.

Tal vez ya nadie recuerda que en la campaña del año 2006, la bandera sandinista fue prácticamente enterrada por aquellas del color rosado chicha, verdadero y predilecto color con el que se anegaron hasta hoy, todos los edificios gubernamentales, y que prevalece en los enormes rótulos erigidos en culto a la personalidad de los odiosos gobernantes. Tampoco se volvió a escuchar el himno del FSLN, tal vez por aquella peligrosa expresión “luchamos contra el Yanqui, enemigo de la humanidad”.

Realmente fue después, quien sabe bajo que consideración esotérica, que volvieron a usar el rojo y negro, combinándolo con la profusión de colores chicha y celeste, colores que según la vice, les trajeron la suerte de la pírrica victoria del 37.8 % en 2006.

La bandera roja y negra del FSLN de Carlos Fonseca, fue tomada de Sandino, quien se distinguió en la Guerra Constitucionalista (1926-1927) porque sus tropas usaban ese emblema alrededor de su cuello, junto a los lemas y mensajes que a los liberales, en especial al vendepatria Moncada, le resultaban exóticos y peligrosos.

Sandino tomó esos colores de los obreros anarcosindicalistas con los que compartió en México cuando trabajó en las compañías petroleras de Tampico. De ahí también tomó algunas de las ideas presentes en sus planteamientos, como las casas de los obreros, y la potencialidad de la organización de las cooperativas.

“Rojo y negro son los colores incendiados de nuestra bandera para simbolizar Libertad o Muerte, es decir, propósito firme de ser libres, soberanos e independientes. Patria y Libertad son las palabras oficiales que usa nuestro Ejército, a la terminación de cualquier escrito, con el objeto de mantener en nuestro pueblo el concepto de Patria Libre”

Augusto. C. Sandino

Los guerrilleros del Frente Revolucionario Sandino, usaron esos colores en sus jornadas combativas de 1960 y los guerrilleros del FLN (luego FSLN) en 1963, en la guerrilla de Río Coco (Raití-Bocay). Quedó entonces instalada como el principal símbolo del sandinismo en la lucha contra la dictadura, junto al grito “Patria Libre o Morir!”

Bajo esa bandera cayeron miles de hombres y mujeres nicaragüenses luchando en desigual combate contra el somocismo, y miles quedaron mutilados, o sufrieron violaciones, vejaciones y torturas en las cárceles somocistas. De ahí que para muchos ese símbolo resulta sagrado.

En los años 80 el asunto se comenzó a distorsionar, cuando erróneamente dejamos que Sandino y el rojo y negro se convirtieran en bandera partidaria, limitándolos a una parte de la sociedad, cuando tanto el héroe como sus colores debieron haber quedado como símbolos nacionales de aquella lucha por la libertad y la justicia.

El hecho que durante las jornadas patrióticas de abril de 2018, en las que espontáneamente algunos grupos se dieron a la tarea de quemar la bandera rojinegra, resulta entendible. El gobierno actual que nos ha oprimido ya por 11 años, ha usado ese símbolo para engañar sobre todo a la base histórica sandinista, a jóvenes desinformados y a los simpatizantes de la Revolución de los años 80, haciéndoles creer que lo que hacen es la continuidad de un proyecto histórico que ha sido realmente tergiversado y traicionado por el orteguismo.

Es entendible que al calor de las protestas haya gente que quite la bandera roja y negra de los edificios públicos, porque nunca debieron estar ahí. El gobierno debió respetar la Constitución y las leyes que establecen que en las instituciones del Estado solo debe aparecer la bandera de Nicaragua. El uso de símbolos partidarios, así como la profusa promoción de la pareja presidencial, pone en evidencia el abuso y la arbitrariedad que les caracteriza.

Pintar las bases de los monumentos de los caídos en azul y blanco, en las actuales condiciones, debe ser leído como la recuperación del legado de los héroes y mártires para toda la nación y todo el pueblo. Su lucha fue para todos, no fue para un dictador o un partido que han mutado sus propósitos hasta convertirse en opresores, antítesis de la libertad y democracia por la que ellos cayeron.

Sé que la mayoría de los jóvenes no tienen por qué estar enterados de todo lo que significa el rojinegro en la historia de Nicaragua, y también que habrá adultos cuyo anti sandinismo visceral los hace aprovechar la coyuntura y el sentimiento anti-orteguista para fortalecer el anti sandinismo que han profesado incluso antes de 1979. Nosotros, nos sentimos responsabilizados de explicar a la juventud, sobre todo, que en la lucha contra la dictadura orteguista hay que saber distinguir claramente al sandinismo del tirano que hoy nos oprime. Nosotros en los años 70, en la lucha contra la dictadura, supimos distinguir a Somoza de grandes sectores liberales que se rebelaron contra el somocismo, así como a sectores conservadores que siguiendo sus ideales de libertad lucharon consecuentemente.

No hay posibilidad de cambios profundos y reales en Nicaragua sin considerar a los verdaderos sandinistas. Y tampoco se les debe imponer a estos que renuncien a los símbolos de lucha social que el orteguismo ha usurpado y violentado, como lo ha querido hacer con Sandino. Nuestra lucha será también recuperar estos símbolos y la vigencia de nuestro héroe. Como dije antes, no para que sean emblemas de partidos o sectas, sino para que se incorporen en la narrativa de la historia de Nicaragua con su verdadero sentido. Con el rojinegro Sandino expulsó a los yanquis en 1933, y con esa bandera el pueblo derrocó a una cruenta dictadura en 1979. Miles de justos corazones rojinegros serán parte fundamental para botar esta otra.

Texto de Mónica Baltodano, para Confidencial