Con la destitución sumaria del Director del Museo Histórico la censura volvió a mostrar su abominable cara en Chile por primera vez desde el término de la dictadura de Pinochet; y, paradójicamente fue a causada por la inclusión de una fotografía y frase del dictador en una instalación denominada “hijos de la libertad”. Pero esta vez, los censores no fueron los militares sino que las víctimas de la dictadura pues la izquierda reaccionó airada asegurando que se trataba de una ofensa imperdonable a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos. Reclamo que provocó el pánico de un gobierno de derechas que lo que más teme es que se le relacione con la dictadura y que procedió “manu militari” a censurar la exhibición. Como resultado de esta verdadera comedia de equivocaciones los únicos que terminaron abogando por la “libertad de expresión” fueron los que nunca han creído en ella y menos credenciales tienen: los incondicionales de Augusto Pinochet que quedaron desolados con la eliminación de la muestra con foto de su ídolo en compañía de figuras del talante de Neruda, Bachelet, Allende y Aylwin.

La muestra, a mi juicio, era una provocación, una invitación a reflexionar sobre los vaivenes de nuestra propia historia, la trayectoria que con sus luces y sombras nos ha traído hasta acá; incluyendo los 17 años de dictadura que sólo fue posible gracias al respaldo entusiasta de una buena parte de la población, incluyendo a destacados líderes políticos que después encabezaron la transición (y que terminó con el respaldo del 45% según los resultados del plebiscito de 1988); un cuestionamiento del revisionismo histórico según el cual el gobierno militar fue una aberración en la cual a los ciudadanos comunes y corrientes no les cabe ninguna responsabilidad. Paradójicamente la forma abrupta como terminó es el mejor testimonio de su pertinencia y éxito pues pone sobre la mesa para que todos lo vean la fragilidad de la libertad. Que nos falta mucho, que tenemos una izquierda que en su raíz es intolerante que no duda en avalar la censura cuando le conviene y una extrema derecha pinochetista que sigue reivindicando la dictadura.

Lo ocurrido, que nos sirva de consuelo o advertencia, no es un fenómeno único chileno. Hace algunos meses en Cataluña se “retiró” Arcos, una obra a base de fotos pixeladas en la que se denominaba “presos políticos” a los líderes catalanes que se encuentran en prisión preventiva, censura que fue respaldada por los denominados partidos constitucionalistas: el PP, PSOE y Ciudadanos; por su parte, el Tribunal Supremo Español ratifico una condena de tres años y medio al rapero Valtonyc por las letras de algunas de sus canciones y que fue imputado por los delitos de terrorismo, injurias graves a la corona y amenazas a políticos; se sacó de circulación por orden judicial el libro Fariña, ensayo periodístico sobre narcos gallegos escrito por un reportero de El País; y en Polonia se aprobó una ley que prohíbe hablar sobre la complicidad de los polacos en el holocausto nazi.

El contenido de estas obras puede dar lugar a debate sobre su conveniencia o falta de ella, o su capacidad de herir a las personas que aluden o que vieron sus vidas afectadas por los personajes que aparecen en ellas. Pero hay algo innegable: se trata de manifestaciones que por una u otra vía han sido objeto de censura. Pero en nuestro caso hay una agravante: No se reconoció que hubo censura. Nadie, ni los escritores, ni los artistas plásticos, ni los periodistas, ni los abogados, ni los políticos, salieron en defensa de la libertad de expresión. ¡Los “progresistas” terminaron justificando y/o felicitando a la ministra por defenestrar al Director del Museo!
Amnistía Internacional ha denunciado los riesgos que enfrenta la libertad de expresión y como han aumentado “silenciosamente” en los últimos años, incluyendo las restricciones que en la Unión Europea y en Estados Unidos se busca imponer a las redes sociales para hacer cada vez más difícil ejercer la libertad de expresarse. Sin embargo, en la era digital prohibir una obra equivale a “lanzar una piedra contra un panal de abejas; saldrán volando por cientos, en todas las direcciones”.