Fue un sábado, después de la hora de almuerzo. El sacerdote salesiano David Albornoz, encargado de la investigación previa canónica del denominado “Caso Maristas”, ya había entrevistado prácticamente a todo quien hubiera tenido que ver con las denuncias en contra del hermano Abel Pérez: sobrevivientes, testigos y otros religiosos maristas.

Sólo faltaba el propio acusado.

El 14 de abril, en la sede de la Casa provincial de la Congregación Salesiana -según el informe al que The Clinic tuvo acceso- Albornoz abrió el interrogatorio con la misma técnica que usó con el resto de sus entrevistados: “Hable algo de usted”.   

“Mi familia estaba compuesta por mis padres Amadeo y Petra. Mi padre trabajaba en las minas de carbón y falleció a los 58 años, a los cinco meses de entrar yo al seminario, en 1959. Ingresé al Juniorado Hispanoamericano en Valladolid. Mi madre era dueña de casa, y atendía una cantina en el pueblo. Mi madre falleció en 1967, al año de llegar yo a Chile. Éramos ocho hermanos, seis hombres y dos mujeres. Yo era el menor. Tres hermanos fallecieron de niños, no los conocí”, comenzó Pérez.  

— ¿Cómo surgió en usted la inquietud por ser religioso marista? —, preguntó inmediatamente el investigador canónico.  

—Yo nunca quise ser religioso—, respondió Pérez.

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¿Hubo algún hecho traumático en su infancia o juventud que haya marcado su vida?

La muerte de mi padre y de mi madre, son hechos muy fuertes.

¿Hubo algún hermano que fuese significativo en su formación?

La parte afectiva sexual era un tabú, no se hablaba de eso. No culpo a mis formadores, pues era también un tabú para ellos. No se enfrentaban estos temas.

Señale algunas de sus cualidades personales.

He sido bastante deportista. He sido de mucha relación humana. Un poco tímido, no sé si por la falta de papá. Me costaba el estudio. Mi inteligencia es más práctica. Soy muy estructurado y planificado.

Señale alguno de sus defectos personales

(…). Yo venía con algo, tocar a los niños en sus genitales estaba mal, y lo confesaba. No le consideraba mayor problema. Lo comenté al Provincial y me enviaron a un psiquiatra y me enviaron a cuidar a los enfermos y luego a Perú, como Secretario Provincial. He estado en terapia psicológica hasta hoy y prefiero no dar el nombre de este profesional. Me dijo que yo me quedé en la etapa de adolescente en lo afectivo sexual. Yo me abrí y pude empezar a controlar mis impulsos. Desde varios años antes del 2010 ya no he caído más.

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Abel Pérez Ruiz nació en Villabellaco, España, una región montañosa y dedicada a las minas de carbón, el año 1947. Como describió ante el investigador canónico, nunca pensó en hacerse religioso.

“De niño pensaba en ser militar. Otro del pueblo fue al seminario y la hermana de este vecino me hizo la propuesta. Ingresé a los 12 años (…) Me fue gustando el estilo de vida, en lo deportivo me iba bien. Ya en el noviciado me entusiasmó el ser misionero. Fue algo de a poco”, dijo. El año 1966, Pérez aterrizó en Chile.

Estos detalles constan en el “Informe de la investigación canónica Hno. Abel Pérez Ruiz”, documento al que The Clinic accedió de forma exclusiva.

Aunque Pérez ya fue dimitido por la congregación en junio de este año, la carpeta de Albornoz aporta información hasta ahora inédita para la opinión pública. Por ejemplo: que Pérez fue reprendido por familias y directores de establecimientos por “realizar tocaciones”, que en 2013 le ordenaron seguir una terapia sicológica y que, según sus propias estimaciones: “Respecto niños y adolescentes que yo haya manoseado o tocado, yo creo que puede ser 20 o 30, distribuidos entre todos los colegios donde estuve”.

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¿Cómo han valorado su trabajo las demás personas?

Nadie se había dado cuenta de mi problema, no lo sabía nadie, salvo algún director ante el cual un papá se quejó. Yo reconocía y pedía perdón en una entrevista o encuentro con los padres. He sido muy bien valorado, exigente, responsable. No me gusta molestar a nadie y yo prefiero hacer las cosas. Nunca me ha gustado ser director de colegio. Me han dicho que he sido bueno como segundo a bordo.

¿Qué aspectos positivos indicaría usted de su trabajo en la Congregación Marista?

Mi trabajo en La Pintana significó transformar esa obra. Eso lo valoro positivamente. Las relaciones humanas de vida religiosa las he llevado bien.

¿Ha habido aspectos no logrados o negativos en su experiencia de vida religiosa y apostólica? ¿Podría indicar algunos?

Fuera de este problema mío, en que he herido a algunos muchachos, señalo mi timidez, me he sentido inferior. En lo académico no he sido brillante. (…) Me siento mal por mi patología, pero me siento muy religioso, sigo queriendo a mis hermanos, aunque algunos han sido más jueces que hermanos. Yo he perdonado y he recibido el perdón de muchos hermanos, amigos, familia.

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Los últimos días de septiembre de 2017, Canal 13 emitió el reportaje “Los pecados del hermano Abel”. En él, Pérez era sindicado como autor de presuntos abusos ocurridos en sólo dos establecimientos: el Instituto Alonso de Ercilla de Santiago y del Colegio Champagnat de La Pintana. También se informó que los casos de abusos sumaban 14. 

Lo que no se conocía, hasta ahora, es que poco antes de la emisión del reportaje la congregación tomó contacto con Alejandro Goic, por entonces obispo y encargado de investigar la ocurrencia de abusos sexuales por miembros del clero en Chile.

En una carta firmada por Mariano Varona, incluida en el expediente canónico, se informa a Goic: “Tengo que informarle que el h. Pérez cometió abusos en la mayoría de los colegios donde pasó: Curicó, Rancagua, el Ercilla, La Pintana, Tocopilla y Quillota”. Varona agregó: “no hemos puesto una demanda, porque las víctimas no lo desean” (ver recuadro de las destinaciones de Pérez).

Mariano Varona merece un punto aparte. De origen español, de niño se formó en el Juniorado Hispanoamericano –al igual que Abel Pérez-, y aterrizó en Chile en 1960. Durante los últimos años, ofició como encargado de prevenir los abusos sexuales en la congregación. Desde esa posición, coordinó el pago a víctimas de abusos, y evitó constantemente el llevar a religiosos denunciados ante la justicia. “No nos dimos cuenta de que esos hechos se trataban de delitos”, explicó en una entrevista de septiembre de 2017. Murió en abril de este año, aquejado de un cáncer terminal.

Desde el primer reportaje sobre Abel Pérez, se fueron sumando nuevos denunciantes. Exalumnos como Jaime Concha y Gonzalo Dezerega lo han sindicado como su abusador, y otros como Patricio Quiroz y Hernán Martínez aseguran haber sido testigos de sus actos.

De los primeros, Pérez niega rotundamente haber cometido abusos. Sobre Concha afirma: “Con este chiquillo absolutamente nada. Todo es una invención de él”. Sobre Dezerega, agrega: “No tengo nada que ver con él, de toda esa fábula que cuenta. Eso de decir ‘me hiciste pecar’ no va conmigo y menos pedirle que guardara silencio. Esto nunca lo dije, ni le he echado la culpa a ningún muchacho”.

En cambio, sorprende que Pérez sí reconozca haber cometido abusos, con niños y jóvenes de Quillota, La Pintana y del Alonso de Ercilla. Sobre los hechos ocurridos en ese último establecimiento, dijo a Albornoz: Abusé de M* en 1977. En una sala de clases yo le bajé la cremallera del pantalón y le dije: veamos cómo has crecido y vi su pene erectado. Él me dijo que no lo masturbara y no lo hice. (…) El otro alumno de ese curso a quien le toqué el pene fue a C*. Estaba en quinto básico. Una tarde, yo le toqué el pene, fueron unas cuatro veces en días y semanas diferentes. Le miraba el pene si es que había crecido y ya. Al final le dije: ‘Si yo te vuelvo a hacer esto, dime: por favor no me lo haga de nuevo’. Yo me sentí mal por hacérselo. Se lo dije para que cuando me viniera el impulso él reaccionara. Y no se lo hice nunca más”.

“A ninguno le hice sexo oral ni penetración”, agregó en su declaración.  

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¿Qué desea señalar frente a estas acusaciones?

Hay cuatro jóvenes que he señalado que los he tocado o manoseado. A los demás, no. Nunca he hecho sexo oral ni anal. Ni he besado en la boca. Puede ser caricias cara contra cara, pero no besos. Con respecto a otros niños, -la mayoría-, y adolescentes que yo haya manoseado o tocado, yo creo que puede ser 20 o 30, distribuidos entre todos los colegios donde estuve. La mayoría entre 5to y 8vo básico. Es el grupo con el que más trabajé. Eran los niños que más me atraían, eran niños que iban desarrollándose y creciendo. De primero y segundo medio ocurrió pocas veces, uno o dos casos.

En cuanto a muchachos de tercero y cuarto no ocurrió con ninguno. No me atraían en términos afectivos sexuales. Hay muchachos que me gustaban, pero no tenía impulsos hacia ellos.

Las conductas que usted ha reconocido suyas, ¿eran conocidas por otros hermanos maristas?

A mi entender no. Hubo un caso de un niño de 5to básico, que habló con su papá y este habló con el director del colegio, el cual habló conmigo y yo reconocí los hechos y pedí perdón. Fui a casa de esa familia a pedirles perdón. Prefiero no decir en qué colegio ocurrió esto ni el nombre del hermano director, pues ya ha muerto, y prefiero dejarlo descansar en paz.

¿Ha tenido acompañamiento sicológico?

Sí, desde abril de 2013 y sigo con ello. Estando en Perú interrumpí, pero estaba buscando un psicólogo y un director espiritual.

¿Desea agregar algo más?

Yo no quiero señalar nombres de otros menores de edad, hasta que termine el juicio civil. Después no me importaría decirlos, siempre y cuando la institución desee contactarse con ellos.  

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El año 2010, afirma Pérez, comunicó su “problemática” al Provincial Marista, por entonces el hermano Antonio Peralta. “Me enviaron a un curso en Escorial, un curso de formación permanente. El Superior General me vio y él sabía de mi situación, pues el Hno. Peralta le había hablado, y no me llamó ni me habló. El provincial en Chile, Antonio Peralta, me dijo que le había informado situación al General”.

Entre 2010 y 2011, Pérez fue destinado a la casona de los maristas ubicada en calle Sótero Sanz –frente a la Nunciatura Apostólica-, donde fue Superior y luego Ecónomo. Cuando explotaron las denuncias de prensa, en 2017, se desempeñaba como Secretario de la Provincia desde Perú. A finales de agosto retornó a Chile.

Un día antes de la conclusión del informe de Albornoz, la congregación marista comunicó la dimisión del hasta entonces hermano Abel Pérez. De todas formas, Albornoz escribió: “Las denuncias recibidas, formuladas por personas que fueron alumnos en diversas épocas y colegios, hacen imposible suponer que se hayan puesto de acuerdo para urdir una historia falsa. Más bien, dan cuenta de un patrón de conducta abusivo en la conducta del Hno. Abel Pérez”.  

Hacia el final de sus apuntes, el investigador anotó “Se observa en él (Pérez) una conducta fría y distante al sufrimiento de los abusados, aun cuando señala que desde el 2010 no ha vuelto a caer de nuevo”.

*: Nombres, fechas y algunas descripciones han sido modificadas u omitidas para proteger a los denunciantes del hermano Abel.