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Opinión

17 de Julio de 2025

Jorge González, la adversidad como estímulo

Foto autor Felipe Rodríguez Por Felipe Rodríguez

El ex líder de Los Prisioneros estrena sus primeras ocho canciones en siete años. Tan contemplativos como opresivos, los temas -algunos junto a Colombina Parra- poseen el encanto electrónico de Kraftwerk de fines de los 70 junto al ambient expansivo de Brian Eno, aunque mayoritariamente carecen de imaginación en su alianza con la hija de Nicanor Parra. Sin embargo, es un acto de coraje de un artista tan alérgico a la comodidad como al estancamiento creativo.

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Hubo una época, hace menos de veinte años, en que una canción como “Si vas a pensar en mí”, la primera que aparece de las recién estrenadas por Jorge González, hubiese provocado un nocaut emocional para Claudio Narea.

“Si vas a pensar en mí/piénsalo otra vez/tal vez puedas conseguir/que me olvide de ti”, dice la mínima letra. En esos días, una frase así provocaba un desequilibrio paranoico en el ex guitarrista de Los Prisioneros. Con González viviendo en el extranjero, Narea aseguraba verlo sentado junto a un poste frente a su casa o afirmaba que recibía enigmáticos correos electrónicos que, supuesta y misteriosamente, eran enviados por el líder de los sanmiguelinos.

Dos décadas después, la mejor teleserie del rock nacional tiene a sus protagonistas en distintos momentos. Miguel Tapia, el pegamento silencioso de la banda, está volviendo a los grandes escenarios y con una relación totalmente fracturada con Narea. Este, en cambio, parece vivir un buen presente. Gira por Chile y el exterior interpretando las canciones de su ex banda y, tras largos años, no tiene miedo de exponer su exiguo caudal vocal, alejado de sus ex compañeros.

González, como en toda su vida, sigue mirando hacia adelante. En ese sentido, tiene similitudes con Robert Plant, el líder de Led Zeppelin, al que no le interesa su celebrado pasado, sino que avanzar, seguir probando, experimentando nuevos sonidos con otros artistas para llegar a un lenguaje artístico inédito.

Los nuevos temas de Jorge González -desde el 16 de julio en su cuenta de bandcamp- en solitario y junto a Colombina Parra son una síntesis de su existencia y, también, de sus gustos musicales. Su relación frente al mundo después de su accidente cerebro vascular de 2015 es otra.

Mayoritariamente recluido en su departamento en San Miguel, su hostilidad con la prensa es prácticamente nula. Desde todos los sectores le envían cariños y deseos de recuperación. Tanto, que Miguel Tapia en una entrevista reciente con el diario La Tercera, dijo que ahora para los medios de comunicación, “es un Dios”. No lo creo. Particularmente, estimo que el carácter irreverente y directo de González -algo poco usual en el chileno promedio-, sobre todo en la década de los 80, tuvo otros componentes para acrecentar la animadversión. Salvo casos aislados, en esos años la prensa musical no existía -recién comenzó a profesionalizarse en el decenio siguiente- y era mucho más tentador para el periodismo cubrir sus polémicas que entrevistarlo para hablar de música.

Desde su juventud, la adversidad parece haber impulsado a Jorge González. Basta un recuerdo: el 5 de mayo de 1984 se presentaron en el anfiteatro de San Miguel junto a grupos como Arena Movediza, Tumulto, Banda Metro y Sol y Medianoche. Los Prisioneros fueron insultados porque “no sabían tocar” y el cantante no se amilanó. Tomó el micrófono y, antes de despedirse, los trató de “marihuaneros de mierda”. Los contratiempos siempre fueron su estímulo. La energía que necesitaba para alcanzar más creatividad, calidad y masividad.

Para cualquiera, un problema de salud como el que tuvo González, puede ser una lápida. Una manera de echarse a morir. Para el sanmiguelino fue una motivación. Pese a las dificultades, continuó haciendo música y sus ocho nuevas canciones lo muestran imaginativo, contemplativo y, por cierto, opresivo. Desde la mencionada “Si vas a pensar en mí”, González utiliza una secuencia crepuscular y vulnerable, con una voz lastimera que apenas participa como una exhalación. “Hoy hay sol” asimila el encanto de Kraftwerk de la época de “Trans Europe Express” (1977), con un sintetizador repetitivo y coloquial, en el tema más optimista y brillante del lote. “Ligetio” posee la opresión del final anunciado, con una música sintética oscura y que linkea con Kae Tempest de “Let Them Eat Caos” (2016), pero desde una máscara sonora madura, casi hastiada. La voz monstruosa final diciendo “será el final de todo” imprime un detalle apocalíptico. Como si fuera el despertar de una pesadilla.

“Ya no tengo sueños sexuales” es el Jorge González más tradicional. Bajo una melodía dulce y ascendente, brinda un relato de su vida actual. “Ya no tengo sueños sexuales/tengo sueños románticos/sueño que tomo tu mano/sueño que casi te beso/sueño mirarte muy cerca/sueño que toco tu espalda”, recita. En algo recuerda a la música de Vangelis para “Blade Runner” (1982).

Si la primera parte de sus nuevas canciones se muestra en plena forma, inquieto y observador de sí mismo, su alianza con Colombina Parra -quien ha alcanzado una curiosa y llamativa reivindicación a partir de un documental sobre su vida- se encuentran en otro apartado. Los temas van perdiendo imaginación y enlanzándose con el ambient de Brian Eno de la última década.

“El gato se sube al piano” tiene unos teclados que se superponen a un sonido plano, amorfo y sin el surco emocional de sus primeros temas. “El patio es mi selva” es lo mejor de la dupla. Una música grandilocuente, que parece hecha para una banda sonora y en que el oyente puede imaginar una escena visualmente.

“Mascullando por lo bajo” es lo más deficiente de la lista. Más de trece minutos de una música ambient plana, que busca ser sensitiva, pero que resulta otro calco del Brian Eno más reciente -que no es precisamente el más brillante-. “Secuestrado” es el sucesor sosegado del anterior, con una atmósfera general de tristeza y vulnerabilidad. Una expresión de sentirse emo cuando tienes más de 55 años.

Hay en la nueva música de Jorge González una expresión artística sombría e introspectiva, también reflexiva de su presente y con ganas de superación, de seguir haciendo lo que más lo motiva, de expresar lo que le genera intensidad y aumenta su tenacidad, pese a su batalla con su propia salud.

Ese es el mayor acto de coraje de estas nuevas canciones: continuar como un artista alérgico a la comodidad. Mientras esos gestos prosigan, su (nueva) música seguirá viva.

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