Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Opinión

1 de Agosto de 2026
Sandro Baeza

Columna de Rita Cox / Los Cobres de Vitacura: Arquitectura moderna, nostalgia, pop y resistencia

Foto autor Rita Cox F. Por Rita Cox F.

Los Cobres de Vitacura sigue reinventándose entre la nostalgia, la arquitectura moderna y una comunidad de propietarios que resiste la lógica de los malls. La columnista Rita Cox recorre la historia del que muchos consideran el primer centro comercial de Chile que tiene casi cincuenta años: " Igual de vanguardista —o rara también— fue y es considerada su arquitectura, a cargo de Jaime Bendersky (1922-1997), que después haría el Parque Arauco".

Sigue a The Clinic en Google News
Compartir

Mediodía nublado de julio y en Los Cobres de Vitacura no hay mucha gente, pero es la que suele verse por estos lados a esta hora: personas mayores, entre la tercera y la cuarta edad, recorriendo con calma las farmacias, las peluquerías, las ópticas, la cordonería.

A las tres el flujo no cambia demasiado, pero los visitantes son más jóvenes: grupos de colegiales del sector llegan a las barber shops, la oferta más nueva del lugar, en busca del corte de moda, y en las tiendas de arriendo de vestidos de fiesta se ven adolescentes en grupo o con sus mamás.

Por edad, camino a paso rápido hacia los que pasean en la mañana. Por recuerdos, estoy cerca de esas quinceañeras. A mediados de los 80 mi papá nos dejaba a mi hermano y a mí días completos de vacaciones allí. Un barrio seguro en un contexto completamente distinto para los niños: sin celular, con callejeo, con la posibilidad de llegar y hacer conocidos. Una suerte de vida propia. Patinábamos y tomábamos granizados de colores fluor y con la plata que sobraba comprábamos golosinas en el Omni, la fuente de soda casi al frente de lo que sigue siendo la pajarera. En su terraza estaban los novedosos juegos electrónicos que el dueño del local, Jorge Lama, había importado desde Estados Unidos. Es probable que me haya vendido un helado o fichas hace cuarenta años.

Hoy converso con él en su oficina, en el piso menos uno, en el otro extremo del centro comercial: llegó como propietario cuando aún Los Cobres de Vitacura no se terminaba de construir, fue presidente de la Junta de Vigilancia —hoy Comité de Administración— y desde 1988 es el administrador.

Los Cobres —que en 2028 cumple 50 años— es sindicado como el primer centro comercial del país. No solo eso: fue el primero de recorridos abiertos, harto antes que el Portal La Dehesa, Casa Costanera y el MUT. Igual de vanguardista —o rara también— fue y es considerada su arquitectura, a cargo de Jaime Bendersky (1922-1997), que después haría el Parque Arauco.

Y es que no deja de causar extrañeza esa composición de seis pabellones octogonales en torno a una plaza hundida, locales anchos al frente y angostos hacia el fondo, como una torta. Esos techos curvos, apodados “los hongos cobrizos”, le valieron un lugar en los Clásicos de Arquitectura de ArchDaily, en 2012, aunque el nombre viene de algo más simple: al crearse eran de cobre, con láminas tan delgadas que se corrugaban y volaban con los temporales. Desde los 90, cerca del 90% se ha ido reemplazando por zinc, imitando el mismo diseño.

Para entender esa peculiaridad, converso con Hugo Mondragón, doctor en arquitectura y especialista en arquitectura moderna, quien describe a Bendersky como “una mezcla entre artista y empresario” y sitúa el proyecto en el boom económico que trajo la avenida Kennedy, justo cuando el eje comercial de Santiago se desplazaba desde Providencia hacia el oriente. Ese desplazamiento fue literal: cuando Providencia se volvió incómoda por la construcción a tajo abierto de la Línea 1 del Metro, la gente empezó a ir a Los Cobres de Vitacura, que hasta 1981 perteneció a la comuna de Las Condes. Ahí estaban las marcas de moda: Wrangler, Calpany y los tres locales Escapini, tiendas de ropa que atendía su dueño famoso: el actor Emilio Gaete. Había también varios bancos y las dos salas de cine —la Verde y la Amarilla— donde hoy está el Centro Cultural Amanda.

Y la cancha de patinaje. Desde que se abrió en 1979 fue un hit: había que hacer fila para arrendar un patín, funcionaba hasta las once o doce de la noche, y los locales vecinos se quedaban abiertos recibiendo al público. No era solo entretención: era moda y furor. A fines de los 70, y durante los 80, el cine, la música disco, la televisión y la moda instalaron los patines sobre ruedas como parte de una nueva forma de diversión juvenil: películas como “Roller Boogie” (1979) y “Xanadu” (1980) popularizaron, con sus coreografías, la estética del roller. Ese pop convirtió a la cancha de patinaje de Los Cobres en un lugar para mirar y ser visto.

El porrazo llegó cuando el entonces alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, captó el fenómeno e inauguró canchas gratuitas en las plazas de la comuna: competencia letal. Después llegó la proliferación de otros centros comerciales —Apumanque, Parque Arauco, Alto Las Condes— y buena parte de las marcas se fueron a estos nuevos destinos.

Desde entonces, Los Cobres de Vitacura mutó a ser un espacio de servicios: peluquerías, barberías, costureras, zapateros, cerrajería, cordonerías, artículos religiosos, juguetes, imprenta. Todo a pasos de otros servicios como un Líder (antes Ekono), bancos, isapres, centros de toma de muestras, comida de animales y veterinarias, tiendas de enmarcaciones y de cuanto hay en Vitacura 6780, y las calles Embajador Doussinague y Buenaventura.

Oferta infinita, estilismo cero. Si hay algo de lo que carece el sector, y otros de la comuna, es la intención de una cierta belleza. Pero eso es para otra columna.

Cae el sol y Los Cobres cambia de público. No de vocación: desde sus inicios ha tenido noche. El Lucas Bar (20 años allí), Amanda y el Jardín Mallinkrodt (desde 2021) sostienen hoy una tradición con nombres previos: Beatlemanía, primero shows fijos de fin de semana en la cancha de patinaje y luego local propio; El Romeo, de Miguelo y Checho Hirane; y El Gato Viudo, el íconico restaurante de Blanca Casali junto a la pista, bar entre semana y discoteca los sábados.

Los Cobres no pertenece a un grupo de inversionistas: es una comunidad de unos 110 propietarios, dueños de los 178 locales originales, organizada como un edificio de departamentos, muchos de segunda o tercera generación que no han vendido. El metro cuadrado ronda las 70 UF, “una mina de oro”, dice Lama, difícil de vender en bloque porque acordar entre cien familias es casi imposible. Para financiar las áreas comunes, la administración construyó cinco locales nuevos que arriendan, además de arrendar el recinto para filmaciones: fue locación de algunas escenas de “Los 80” y, más recientemente, de la segunda temporada de “Baby Bandito” y de “Limpia”.

Camino a los 50 años, Los Cobres de Vitacura no tiene planes de cerrar la cortina. Acaban de contratar, por primera vez, a una paisajista y a una agencia de marketing, y prontamente estrenarán un nuevo alumbrado. No hay patines, granizado ni Wrangler, pero Jorge Lama no afloja: hay nostalgia, arquitectura moderna, cruce generacional y un espacio que no estaría mal incluir en los recorridos del Día del Patrimonio.

Notas relacionadas