Crisis: los Piñera dejaron de comprar Coca-Cola

Hace algunos años en The Clinic teníamos una sección llamada Grandes Entrevistas Corneteras, destinada a resaltar joyas del periodismo caracterizadas por su genuflexión infinita. La sección desapareció no por falta de material, sino por la disminución progresiva de nuestra capacidad de asombro frente a las continuas mamadas de esforzados colegas. Ayer en El Mercurio apareció una entrevista de José Antonio Muñoz a Cecilia Morel, esposa de Sebastián Piñera, que se postula al cuadro de honor de la fenecida sección. De la mano de un cuestionario que parece redactado por los lacayos del comando, la candidata a Primera Dama se presenta como una mujer austera, laboriosa, dedicada y sensible. Habla de un Sebastián humano, un poco distraído, caseramente desconectado de la cruenta lucha por el poder. Pero la joya viene al final, cuando le preguntan cómo anda la crisis por casa. Léalo usted mismo:

Periodista: Nadie puede creer que en la casa de Cecilia Morel y de Sebastián Piñera la crisis se nota. Con la mano en el corazón, ¿en qué se nota la crisis en su casa?

Cecilia Morel: Se dejó de comprar Coca Cola. Y hablo en serio. Pero es obvio que yo no sufro por la crisis. ¿En qué se ha notado? En muchas situaciones familiares delicadas, en los amigos. Le podría decir que entre la familia mía y la de Sebastián hay tres hombres -sin contar al Negro- en edad activa, inteligentes y capaces, sin trabajo. Varias de mis amigas viven muy al justo, al punto de que si chocaste el auto se te desbarata el presupuesto del mes. Me dicen que aunque les preste la casa de Caburgua no podrían ir a veranear, por lo que eso implica en viaje, gastos de comida, juegos para los niños… Tengo hermanos que me han dicho simplemente “no puedo ir”. Es una angustia que me parte el corazón y el alma.

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