• Lo último que se supo del hijo del encarcelado director de la DINA antes de su amenazadora carta pública al general Oscar Izurieta.

“Les apunta con un arma de fuego, los hace tirarse al suelo, les pega patadas en la cara, les pide sus cédulas de identidad y se las bota. A uno de ellos le hace tira un celular y los hace correr, porque de lo contrario, según dicen las víctimas, les dijo que les iba a disparar. Incluso refieren que una vez que arrancan sienten un disparo”.
Fiscal Claudia Cancino


Las Rocas de Santo Domingo, el bello balneario donde descansa gente linda por dentro y por fuera. Un par de adolescentes osó perturbar este paraíso orinando por ahí.

POR THE CLINIC PRESS
Como la brutal acción de un pistolero que detesta a los jóvenes que no tienen un baño o pelela a mano. Así relataba los hechos la fiscalía durante la audiencia de formalización en julio recién pasado ante el Juzgado de Garantía de San Antonio.

El imputado, conservando su habitual estado de ánimo, se encontraba molesto y afirmaba que todo se debía a una interminable persecución política: “Carabineros me notificó de manera muy agresiva… Hay una persecución. Me siento un perseguido por ser hijo de mi padre”, declaró a El Líder de San Antonio en esa oportunidad. “No los conozco” agregaba respecto de F.G.S. y S.C.W., los dos adolescentes que constataron lesiones graves y presentaron la denuncia, supuestas víctimas de un problema de control de la ira que ya han llevado a Mamito a los juzgados del crimen varias veces en las últimas décadas. En esta oportunidad fue formalizado, pero se le permitió seguir en libertad durante el transcurso del proceso.

Los hechos habrían ocurrido en el vecino balneario de Las Rocas de Santo Domingo, el mismo que se ha hecho famoso por sus prohibitivas tarifas de estacionamiento y por impedir la llegada de microbuses con descamisados que no cuentan con su propio automóvil. Se trata de una imitación de un elitista proyecto inmobiliario de California, Palos Verdes, contemporáneo del palacio de San Simeon de William Randolph Hearts. Esta copia chilena fue edificada por el arquitecto Smith Solar en los años 40.

En este pintoresco pueblito artificial los Contreras, al igual que ha sucedido con otras famosas familias de nuestro país (Angelini, Ibáñez del Campo y Frei Ruiz-Tagle) tienen una casa familiar y pasan su “tiempo de calidad”. Dicen que el lugar es agradable. Tanto que, de acuerdo a La Nación, Sebastián Piñera decidió esconderse en esta villa apartheid para eludir por 24 días a la justicia en 1982.

Solía veranear ahí -hasta que comenzó a acumular condenas por más de 300 años de cárcel- el general Manuel Contreras, director de la Dirección Nacional de Inteligencia durante los primeros años de la dictadura de Augusto Pinochet. De acuerdo a la reciente carta publicada por su hijo, a esta casa playera llegaba hasta hace poco la flor y nata de la oficialidad militar, incluyendo al actual comandante en jefe Oscar Izurieta Ferrer. Entonces estos jefes contemporizaban con su padre en la terraza y no perdían ocasión de brindar en su honor. Mamito, pese a agregar en su misiva que vive prácticamente en la miseria, sigue frecuentando el lugar.

Los Contreras Valdebenito están conectados desde hace décadas con esos parajes. A pocos kilómetros del balneario se ubica Tejas Verdes, escuela de inteligencia del ejército que regentaba el entonces coronel Contreras en 1973. Tras el golpe se convirtió en un campo de concentración para presos políticos bajo el mando de propio Contreras. Allí también operó siendo oficial subalterno Cristián Labbe Labbe, actual alcalde de Providencia.

“En Tejas Verdes escuché las torturas de otras personas, gritos de hombres… Quien comandaba el campo de prisioneros era el general Manuel Contreras… recuerdo algunas caras de los soldados y torturadores… Fueron tres meses terribles. Las torturas, las primeras semanas, eran prácticamente todos los días. Después se fue espaciando, pero no dejaron de ser… No hubo momento en que no me torturaran. En el casino había pequeñas celdas… allí dejaban a los prisioneros. De vuelta del campo de tortura, me llevaban una frazada. La tomaban cuatro militares por las puntas. Nos llevaban en calidad de ovillos, en el medio de las frazadas… uno no era capaz de caminar… Luego me dejaban en una celda de cemento…”
Testimonio de detenida política, Informe Valech