THE CLINIC
Durante los últimos días, a las decenas de discusiones en blogs y cartas a los diarios generadas por el proyecto del Papasaurio, se ha venido a sumar una sabrosa mocha entre arquitectos. Todo empezó el viernes 23, en El Mercurio, con una carta firmada por Cristina Felsenhardt, profesora de las escuela de Arquitectura de la UC y la Finis Terrae, quien felicitaba al Colegio de Arquitectos por la declaración en la que rechazaban el proyecto del Wojtyla gigante. Al otro día, Cristián Boza, arquitecto director del proyecto, le contestó asegurando que “el proyecto fue presentado al Colegio de Arquitectos y a sus Premios Nacionales, en los que se concluyó que el real problema era el método operativo para encargar dicho tipo de proyecto”.

Dos días después, el lunes 26, Cristián de Groote, uno de los premios nacionales que, según Boza, casi aplaudieron al Papasaurio, salió a explicar que efectivamente el Colegio de Arquitectos se reunió con Boza, pero que de ninguna forma redujeron el desastre del Papa gigante a “problemas en el método operativo”. Y agregó: “Al final de su exposición, el señor Boza esquivó el debate y se marchó, por lo que no participó en el ulterior intercambio de opiniones donde se criticó ampliamente la sola idea de la plaza”, aseguró De Groote en su carta. Y además contó que después de esa reunión, expresó de forma oral y escrita su “temor” de que esa reunión pudiera ser usada por Boza para respaldar al Papasaurio. Y dicho y hecho.