Edgardo Bruna, actor: “Es brutal que la educación sea el gran negocio de Chile… por eso hay gente re mala haciendo teatro”

POR CATALINA MAY • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES
Es de esos actores que todos ubican pero de quienes se sabe poco. Estudió teatro en California y se codeó con los jipis, ha trabajado en teleseries desde que éstas existen, este año se aburrió de votar por la Concertación y apoyó a MEO. Aquí, Bruna cuenta por qué le costó reconciliarse con su trabajo en la tele -de la que hoy está fuera por recortes presupuestarios en TVN-, qué lo sedujo del díscolo y por qué un gobierno de derecha le parecería “atroz”.
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¿Cómo llegó a ser actor?
-Yo era un gallo bastante retraído, tímido. En el colegio, en la adolescencia, veía a alguien interpretar algo, jugar a algo, y sabía que yo podía hacerlo mejor, pero no me atrevía ni cagando. Hubo un momento, como en segundo medio, en que yo necesitaba desesperadamente un 5 en Castellano y me aprendí una larguísima poesía, que tenía que decir frente a todo el colegio en el aniversario. Me paré frente a todas las bestias, partí con pifias, pero de repente en la mitad me di cuenta de que se iban quedando callados y terminaron en silencio. Cuando salí del colegio, el 63, sin decirle a nadie, me presenté a dar examen en la U. de Chile, con la certeza absoluta de que iba a quedar.

¿Y después?
-Quedé, terminé la escuela y me fui con una beca a la Universidad de California, en Berkeley. Se estudiaba Arte Dramático, que tenía un énfasis mayor en la parte teórica, literaria, crítica. En la parte de actuación yo era la raja comparado con ellos. Los directores, no sólo gringos, sino también ingleses, se sorprendían mucho con mi calidad técnica y me ponían como ejemplo.

¿Y eso de puro talentoso?
-No. Ahí me di cuenta de la calidad de profesores que había tenido: Pato Bunster, Eugenio Guzmán, Agustín Siré, etc. Gente muy talentosa. Bueno, aparte, algo de talento debo haber tenido.

JIPIS

¿Y qué me puede contar sobre EE.UU. en los 70?
-Llegué al ojo del huracán. Plena guerra de Vietnam, el jipismo en la cresta de la ola, todo pasando. Era una época de grandes aspiraciones y luchas libertarias, democráticas. Cuando yo llegué se había ganado una importante lucha a nivel de campus universitarios: que una hora al día los campus eran para los centros de estudiantes, que organizaban conciertos de música, de literatura. La efervescencia iba mucho más allá de la marihuana y la caricatura que se hace del jipismo. La juventud se tomó el protagonismo histórico en ese momento. Ahí hay una semilla importante, sobre todo ahora que se habla tanto del rol de la juventud.

¿Y usted participaba activamente?
-Siempre. Yo vengo de una familia en la que siempre se habló de política. Yo tenía ocho años y escuchaba hablar del tema palestino. Desde ahí en adelante tuve una participación activa políticamente, sobre todo a nivel gremial.

¿Cuándo volvió a Chile?
-Volví el 71 a escribir la tesis de mi doctorado. Me habían ofrecido quedarme haciendo clases en la universidad, pero en ese momento no había nada más importante que la experiencia de la UP en Chile. Por eso me vine, por eso participé y por eso me tuve que ir después. Después volví en la peor época de la dictadura, el 80, y no tuve mejor idea que hacerme parte del sindicato de actores, del que después fui presidente.

¿Y cómo era participar en un sindicato en eso años?
-Muy duro, nuestra lucha no era netamente gremial, sino por recuperar la democracia. En ese momento nos mandaron una nota a las oficinas del sindicato con el nombre de 76 actores que éramos amenazados de muerte. Entonces hicimos el Chile Crea, con la venida de Superman y otra gente. Se produjo entonces una unión que no se da generalmente en nuestro gremio, que es bastante desunido e individualista.

¿A qué se dedicaba un actor en esos años de censuras y amenazas?
-Fue el momento en el que empezaron las teleseries. Los que estábamos vetados en el canal 7 trabajamos en canal 13, porque nuestra iglesia católica, a diferencia de otras iglesias latinoamericanas, fue mucho más sensible y protectora de los perseguidos de la dictadura. Por otra parte, el teatro en esa época se transformó en el portavoz de los sin voz y empezó a hablar de los temas que no se puede hablar. Me acuerdo de “Pedro, Juan y Diego”, “Tres Marías y una Rosa”, “Los payasos de la esperanza”, varias de Radrigán. Yo y mi compañía montamos “Muerte accidental de un anarquista” (risas).

TEATRO, UNIVERSIDADES Y TELESERIES

En Santiago a Mil, para celebrar el Bicentenario, repusieronr algunas obras que usted nombró y otros clásicos. ¿Qué valor tiene reponer una obra 20 años después?
-Esas obras tienen un valor artístico en sí mismas, y además puedes hacer con ellas un ejercicio de memoria, sobre el que puedes reflexionar y rescatar cosas para hoy día.

¿Le entusiasma el teatro actual hecho por gente joven?
-Hay un fenómeno brutal, que es el tema de la educación y las universidades, el gran negocio de Chile. Como no hay nadie que regule, salen y salen profesionales. ¿Qué hace esa gente? En un momento esos cabros van a empezar a patear y quemar puertas, porque alguien tiene que darles una respuesta a lo que fue el sacrificio de sus padres y su propio sacrificio y expectativas, frente a la realidad con la que se están topando. Entonces surgen montones de grupos de teatro que están en todo su derecho de hacer lo que estudiaron.

Debe repercutir esto en la calidad del teatro que se hace también. Obviamente hay escuelas mejores que otras.
-Por supuesto que hay gente buena y gente re mala. Y si tení plata, entrai, no te van a dejar afuera si pagas.

Usted ha trabajado en la tele desde los años 80. ¿Es de los que reniegan y dicen que lo hacen sólo para ganar plata o valora ese trabajo?
-Eso es una paja que uno también lo dijo en su momento. Me costó reconciliarme con la tele, si bien llevaba años trabajando.

¿Por qué?
-Porque efectivamente hay mucha mugre y en general cuesta encontrar teleseries buenas. Pero uno no puede restarle importancia a un fenómeno que ven un millón de personas al día. Los actores hemos sido bastante serios para enfrentar ese trabajo, independiente de la calidad de la teleserie, porque existe una responsabilidad con el público que te ve. Pero también existe una comodidad, una flojera de la parte autoral del área dramática, porque piensan sólo en el rating y caemos en el viejo tema de cuáles son las características que tiene que tener nuestra televisión. Estamos llenos de sangre, piluchas, farándula, escándalos.

Los que toman esas decisiones dicen que eso es lo que le gusta ver a la gente.
-Cuando has inoculado en la gente mal gusto, es difícil darle algo bueno, porque lo acostumbraste a algo que es malito. Si no, por qué esa desesperación de la gente de estar mirando por el ojo de la cerradura el reality, para ver en qué momento se le va a ver el poto a la niña o qué le va a decir el gallo.

¿Y qué propone a cambio?
-El Estado tiene que hacerse cargo. A TVN se le pide algo que no puede hacer. Cómo va a cumplir con su responsabilidad, si además tiene que financiarse. Mientras no se cambie esa ley están sonados. Debería haber aportes del Estado para TVN y no debería ser autofinanciado. En el fondo, es la falta de opciones lo que uno reclama. Si hay gente a la que le gustan estos programas está bien. Pero hay que dar la posibilidad de ver otras opciones, así tengan un punto de rating.

ÉTICA POLÍTICA

Estuvo participando en la campaña de MEO. ¿Por qué dejó de votar por la Concertación?
-Bueno, no es ningún misterio, es lo que le pasó al 20% que apoyó a Marco. Nadie de la Concertación ha reconocido los errores que hay que solucionar. Son de una soberbia enorme, que es lo que los alejó de la gente. Todos luchamos para instalar la Concertación y cada vez se alejaron más de la gente. La Presidenta, y yo hago un distingo entre ella y la Concertación, quería la participación de la gente y han hecho una mueca de eso. La gente se hastió.

¿Fue el elitismo entonces?
-No sólo eso. Los partidos de la Concertación quedaron en manos de gente que lo único que está mirando son sus propios intereses. La democracia dentro de los partidos no existe, las decisiones las toman las cúpulas. ¿Quién decidió que no hubiera primarias? A Frei lo eligieron a dedo, es casi dictatorial. De ahí nace Marco. Hoy hay un problema de ética política.

¿Cuál?
-Ético habría sido que los presidentes de los partidos dijeran: “Señores, después de esta derrota histórica, aquí está mi cargo”. Es ética política básica. Para que la gente que votó por Marco vea que por lo menos hay un cambio. Hay que decidir si pescamos la basura y la botamos al basurero, o si la escondemos debajo de la alfombra para que todo siga igual. Lo que pasa es que la gente no cree, y para que lo haga debe haber ejemplos de una conducta ética, que reconoce ciertos errores para poder superarlos.

Más allá del hastío de la Concertación, ¿qué lo sedujo de MEO?
-Me llamó la atención que no es un gallo que patea la mesa, sino que dejó la teta del Estado y se expuso a toda suerte de ataques y exclusiones. Eso es una valentía que yo no he visto en nadie. Además su propuesta de reforma tributaria es algo que nunca nadie ha hecho. Eso es dar un paso hacia una cierta equidad. Lo importante son los hechos, las propuestas, los contenidos.

Al final no fue elegido ninguno de los parlamentarios que acompañaban a MEO y él no pasó a segunda vuelta. ¿Irá a pasar algo con esa propuesta o fue puro personalismo?
-Esto empieza recién, porque hay un millón y medio de personas que dicen que hay que juntarse para darle forma. Yo creo que se necesitó más tiempo. No existe una maquinaria como la que tiene la derecha o la Concertación. Este gallo partió con un punto y en diez meses llegó a 20. Es histórico. Pero se necesita una estructura organizada que pueda responder.

¿Por quién va a votar en segunda vuelta? (esta entrevista fue publicada antes de la elección en la edicción The Clinic de papel)
-El voto es secreto.

¿En serio no me va a decir?
-No, es que es un momento complicado, cualquier gesto te tira para un lado u otro. Yo hace rato que opté por no votar por el mal menor.

¿Qué puntos del programa de MEO debería adoptar Frei para ganar su voto?
-Todos. Especialmente la reforma tributaria. También el tema del medio ambiente, porque Frei es el que menos se preocupó por eso.

¿Qué piensa de un gobierno de Piñera?
-Creo que es un retroceso, sobre todo por quienes lo acompañan, atroz, aunque no tengo una visión apocalíptica…. El otro día leía una cosa que decía Carlos Larraín que se me pararon los pelos. Él hablaba de la Araucanía y decía: “¡Hay que recuperar el Estado de derecho!”. Para mí eso es la militarización de la Araucanía y capaz que pase eso. Creo que va a proliferar la idea de la flexibilidad laboral y la gente va a trabajar en cuatro o cinco pegas por 30 lucas, van a correr todo el día y les van a decir: “¿Se dan cuenta cómo les damos trabajo?”.

URRUTIA, CRUZ-COKE Y AMPUERO

¿Qué le ha parecido la conducción de Paulina Urrutia del Consejo de la Cultura y las Artes?
-Me molesta un poco como concepto general y lo veo en ella: cuando alguien pertenece a un grupo con inquietudes y aspiraciones y es elegido para un cargo así, lo que uno espera es que éstas sean llevadas por ese vocero y defendidas. Lo que le pasa a la gente cuando se pone en contacto con el poder es que se olvida. Porque sus convicciones no eran tan fuertes o porque el aparato es demasiado potente y te caza. Creo que hay una combinación de ambas.

Ningún candidato propone cosas nuevas en relación al Consejo de la Cultura. Todos se la juegan por la continuidad y dicen que la cosa anda bien. ¿Está de acuerdo?
-No, hay cambios drásticos que hacer. Yo sería partidario de un Ministerio de Cultura. También está el tema de la autonomía de las regiones respecto de sus decisiones y de los fondos. El centralismo es brutal y castrador, si bien en las provincias son bastante flojitos, se quejan harto y hacen poco. Pero hay que darles plata, posibilidades y la responsabilidad de usarlas. No está todo bien y la prueba es que todo el mundo se queja.

Todos se quejan, pero cuando Piñera dijo que iba a dar los Fondart por votación popular salieron todos a defender esos fondos a brazo partido.
-Claro… Ahora, la derecha no tiene gente metida en cultura.

Está Luciano Cruz-Coke y está bien preparado.
-Él es un gallo sumamente correcto. Ha sido siempre una persona de derecha y jamás lo ha ocultado. Tampoco nunca ha sido discriminado por eso y él lo sabe. Yo jamás lo vería a él como un adversario. Le interesa trabajar por el gremio. Es la única persona.

También está Roberto Ampuero.
-Curioso personaje.

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