POR PATRICIO FERNÁNDEZ Y VERÓNICA TORRES • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES
Es uno de los liderazgos más potentes de la Concertación; un conglomerado que hoy busca renovarse a pesar de las disputas internas. No está en un momento fácil y lo admite. Sin embargo, está segura que haber abandonado la carrera por la presidencia del PPD mientras su marido, Fulvio Rossi, aspiraba a ser el timonel del PS fue lo correcto. Tohá sabía que aquél “conflicto de interés” le iba a caer encima tarde o temprano. Y prefirió que fuera ahora, de golpe. Acá, a días del mal rato, de las declaraciones de Rossi, del cónclave y del mastique colectivo de la derrota de Frei, habla por primera vez. Y no omite detalles, más bien analiza lo que vendrá en el futuro. Y anuncia que regresará a la competencia por la presidencia del PPD.

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Decías que en la política se aprende de los golpes, bueno ahora estás pasando por uno más o menos.
¿En qué sentido, ah?

¿Cómo te has sentido en esta pasada?
Lo he vivido como un momento súper triste, duro y difícil. Especialmente, porque se mezcló un plano personal con definiciones políticas, y eso significa que tu vida entera queda metida en un torbellino. Ha sido y sigue siendo muy difícil para mí, y me consta que también para Fulvio.

¿Cuál ha sido el episodio más desagradable o incómodo?
Esta mezcla, la mezcla de lo personal con lo político. Y sentir que eso es una licencia para que muchos puedan opinar, informarse, preguntar sobre cosas personales. Eso creo que ha sido lo más difícil.

¿Quién te parece que provocó esto? Porque algunos de la Concertación han hablado de “un espectáculo”. Pepe Auth, incluso, dijo que habían perdido el pudor. ¿Ellos han contribuido a levantar esto?
Cuando tomé la decisión de que no iba a ser candidata del PPD, lo hice porque intuí que esa situación iba a traducirse en todo esto, que esta mezcla de roles iba a provocar esto como pan de cada día. Y el que haya explotado, por más complejo que haya sido, antes de que se dé esa situación, es lo que nos permite hoy impedir que siga aquello. Si hubiéramos terminado ambos de candidatos, o ambos de presidentes, esto hubiera sido una dinámica que nos hubiera acompañado por largo tiempo. Y, precisamente por esto, no era bueno que se diera esa situación. Por eso dije que no era posible que ambos siguiéramos de candidatos. Y yo preferí no continuar.

¿No hubo presiones dentro del partido?
No, no. Esta decisión es totalmente mía, personal, y fue siempre mi visión sobre este asunto: que no era bueno llegar a este escenario, que había que evitarlo.

¿Y por qué renuncias tú primero y no Fulvio?
Porque Fulvio y mucha otra gente creían que esto no era tan incompatible. Creían que eran procesos independientes, que no había que mezclarlos, que éramos dos políticos cada uno con su trayectoria. Yo pensaba que no, que se iba a mezclar y que se iban a producir situaciones inadecuadas: negociaciones, acuerdos, entendimientos, y, personalmente, si buscamos que el PPD y el PS se reencuentren, ¿cómo iba a ser yo el portavoz de esa política, si el otro partido tenía a la cabeza a una persona que estaba casada conmigo? Desde ahí para adelante podrían pasar veinte cosas inadecuadas.

¿No sientes que te atolondraste?
No, estoy absolutamente convencida de lo que hice. Y todo el mundo sabía que ésa era mi opinión, que para mí esta situación no podía seguir. Lo que lamento es que no hayamos podido impedirla antes. Ahí es donde debimos habernos llegado a un criterio común, pero no pudimos.

Algunos leyeron esto como una actitud machista de parte de Fulvio. ¿Te parece que sea así o lo limitas a lo político? Le gritaban machista en el cónclave.
Sí, mucha gente lo leyó así, pero aquí lo que hubo es una diferencia de criterios al evaluar la situación.
Él creía que se podía, que podíamos seguir los dos y yo pensaba que no.

Otros vieron algo de debilidad de tu parte.
Sinceramente, quiero decir que las presiones que yo tenía eran más bien para decir “sigamos no más, veremos cómo lo manejamos”. Mi decisión fue producto de una convicción personal. Fue la reafirmación de un principio en el que yo creía.

Derechamente, lo que muchos comentaban es que en esta pareja eras tú la que tenía el capital político, la carta para el 2014, y él deslizó en algunos comentarios que tampoco se quería restar en esta oportunidad, porque ya lo había hecho durante la campaña de Frei, donde eras la vocera. ¿Te hace sentido esa lectura?
Es que eso entra ya en evaluaciones que no son el centro del asunto. Fulvio es una persona que tiene sus méritos, ha hecho su trayectoria, ha hecho muchos aportes, va a seguir haciéndolo y tiene todo el derecho a aspirar a la presidencia del PS. El problema no era lo legítimo de su aspiración, el problema es que esa aspiración era incompatible con el proyecto en el que yo estaba. Creo que es bien importante aclarar que esto no tiene nada que ver con que él tenga o no derecho a aspirar a la presidencia de su partido, simplemente no era adecuado que ambos lo hiciéramos al mismo tiempo.

Fulvio ha dicho que espera una palabra tuya. ¿A qué se refiere con esa palabra que espera?
Esto ha sido súper difícil y, sinceramente, las cosas entre nosotros dos son cosas que tenemos que procesar en el ámbito privado. Y así yo lo voy a hacer.

LIDERAZGO FEMENINO

Bitar dice que todos estos problemas se producen porque entró la mujer en política
Está chacoteando… Esto no tiene que ver con eso, tiene que ver más bien con las dificultades que tiene la vida en pareja hoy día, en que ambos tienen roles muy parecidos en lo público, y siguen teniendo roles muy distinto en lo privado. Eso da lugar a muchos conflictos, porque si ambos trabajan y hay que llevar a los niños al fonoaudiólogo, es un lío. Antes no era un lío, era obvio. Ahora es un tema que hay que conversar, y en el que no siempre hay acuerdo. Bueno, todo esto es parte de lo que nos tocó vivir. Si alguien pensó que este cambio tan grande en el rol de la mujer, en la manera que se organiza la familia, iba a suceder hasta por decreto, ya tenemos visto que no es así. Es un cambio cultural muy hondo y cuesta.

Michelle Bachelet dijo que había sufrido de machismo dentro de la Concertación. Tuvo que demostrarle a mucha gente que era capaz. En el caso tuyo, que te perfilas como una líder importante, ¿te ha tocado vivir esos episodios?
Vivimos una ambivalencia, un discurso público en el que todo el mundo valida la entrada de las mujeres, pero en la convivencia y el roce cotidiano se sigue expresando de muchas formas una larga tradición de ausencia, y eso es pan de cada día. Se siente permanentemente en muchos gestos, muchas inquietudes, algunas evidentes, como las que vivió la Presidenta, que se tradujeron en pronunciamientos públicos, pero aquello también tiene expresiones cotidianas. Es lo mismo que hoy sucede cuando en las encuestas todos dicen que “está muy bien que las mujeres vayan a trabajar”, pero de ahí a que eso sea fácil en la pareja, en la familia, en el trabajo… Está muy bien que las mujeres trabajen, pero cada vez que las mujeres manifiestan las dificultades propias de ser mujer, nadie tiene gran tolerancia y comprensión con eso.

¿Y cómo podría ayudar esta nueva Concertación a solucionar el tema del género?
Yendo más a fondo. Hemos sido grandes impulsores de este tema. Y hemos triunfado, en la sociedad chilena hoy. Cosas que hace años se decían y eran muy rupturistas, como, por ejemplo, que el tema de la violencia doméstica tenía que ser de la agenda pública, o que la entrada de las mujeres al trabajo tenía que ser un propósito del país. Eso hoy está totalmente instalado: triunfo, ticket. Pero eso conlleva una serie de dificultades de nuevas generaciones, que ya tienen que ver con la calidad del trabajo de las mujeres, con el que se distribuyan las tareas domésticas. Si me preguntan cuál es la agenda del futuro, diría que cómo se distribuyen las tareas domésticas y hacer que la gente pueda armonizar lo privado y su vida pública, porque eso hoy está en el peor de los mundos. Hoy, para las mujeres es prácticamente una labor circense sacar adelante todos los días su cotidianidad. Y eso no es sustentable en el tiempo, eso tiene muy tensionada a las mujeres, a las parejas, a la familia y también el mundo laboral.

¿Qué te dice la gente en la calle?
Muchas cosas bonitas, en general. Ahora, y todo el último tiempo, ha sido un período en el que he sentido que realmente a la gente le importa que hagamos un esfuerzo por darle a la política el sentido que tiene realmente, y empuja mucho para que lo hagamos, para que no nos sintamos derrotados.

¿Y cuál es el sentido que tiene realmente la política?
Hacer de ella un espacio donde compiten y se debaten las ideas, donde se ocupan las dificultades para persistir y no para echarse a morir. Me tocó hace poco vivir una derrota electoral, y hoy, con todo este episodio, la gente se me acerca para decirme “mire, a pesar de estas dificultades, hay que seguir buscando el camino, no hay que abandonar”. Eso es, en general, lo que yo escucho.

NUEVAS GENERACIONES

¿Cómo ves a esta nueva generación política que se supone que irrumpe en estos momentos y a la que perteneces?
Primero que todo, tiene que irrumpir. Y ese proceso, como se ha visto, fácil no va a hacer. Estos cambios no suceden por obra de los ángeles; suceden con tensiones entremedio, con dificultades, con avances y retrocesos. Mucho de lo que hemos vivido en este último tiempo es síntoma de que estamos entrando en una etapa de cambio. Quien se escandalice porque esto sea complejo, tenga tensiones, o no sea totalmente fluido, es que no tiene muchos recuerdos de cómo fueron los cambios en otras etapas de la historia.

¿Y cómo fueron?
Basta pensar lo que tuvo que ocurrir para que la Concertación existiera, lo que tuvimos que pasar, las rupturas que tuvo que haber, los cambios, y las divisiones para volver a encontrarnos. Espero que esta vez no sea tan traumático. Pero no va a ser llegar y llevar.

¿Has conocido en este tiempo nombres nuevos de verdad, que se estén aproximando a la política o interesados en participar?
Creo que lo que hay es tremendamente interesante y tiene que ver con jóvenes, pero también con no jóvenes, que participan en muchos movimientos ciudadanos que tienen un gran contenido político y que quieren vincularse a la política.

¿Por ejemplo?
La gente que está peleando por sus barrios patrimoniales, por un acceso a Internet que sea equitativo, los que buscan una ciudad más amable, por el uso de medios de transportes no contaminantes, por la bicicleta, por ejemplo, los movimientos que se han armado hoy día en los lugares terremoteados. Esa es gente que se quiere vincular con la política de un modo distinto, desde su autonomía, no quiere adscribir a un partido, pero sí relacionarse con ellos, luchar juntos por causas comunes. Es un movimiento ciudadano mucho más flexible y libre. El mundo ciudadano de hoy está dispuesto a entenderse con un partido para una campaña y pasado mañana con otro para un proyecto de ley, ahí donde encuentre entendimiento y acuerdo.

¿Qué saben los viejos que los que todavía vienen llegando no han aprendido bien?
Yo creo que los viejos, especialmente, tuvieron muchos porrazos, que los más jóvenes no han tenido la oportunidad de tener, por la etapa y la historia tan distinta que nos ha tocado vivir. Hay una generación, la mía, que alcanzó a hacer política en dictadura, pero hay otra que viene un poquito después que no alcanzó, y que se estrenó en política estando en el gobierno, y que, por lo tanto, nunca le ha tocado realmente bailar con la fea. Y en política se aprende mucho de los momentos difíciles, como en la vida no más. No es tan distinto.

Ricardo Solari criticaba que en el fondo a estas nuevas generaciones les faltaba lealtad, y que la lealtad en los tiempos de él era un asunto de sobrevivencia.
A ver, creo que hay maneras buenas y malas de entender la lealtad. En la política la lealtad es un valor, pero tiene que ir al lado de otros como la honestidad, abrir y transparentar la competencia, etc. Incluso la generación de Ricardo Solari tuvo sus momentos de desencuentro. Él fue parte de una generación que vivió una división del PS tremenda, en plena dictadura, y esa división pareció una cosa horrenda, pero de ella se aprendió harto, y después volvieron a encontrarse. Creo que ver la lealtad como una cosa lineal, que nos hace estar siempre juntos y todos de acuerdo, realmente, no creo que sea así como opere. A veces, incluso en el pleno ejercicio de la lealtad uno se desencuentra.

EL PPD

¿Tiene sentido para tí que existan el PS y el PPD?
Tiene un sentido histórico, pero sinceramente siento que son partidos que representan cosas muy similares en la sociedad, y que uno debiera pensar con el tiempo, cada vez más, aparecer ante la población como algo común.

¿Y por qué sigue existiendo está división tan clara, y que cada tanto se nota que no es del todo armónica?
Primero, porque hay historias detrás de esto, hay liderazgos, tradiciones y formas de hacer las cosas distintas. Segundo, porque hay una cosa que está en la naturaleza humana, que es la necesidad de afirmar tu identidad, y entonces, hasta que tú no construyes una identidad mayor, tiendes a afirmarte en la que tienes, en la que te da seguridad, en la que reconoces. Y eso es normal. El problema no es que sigan existiendo estos dos partidos. El problema es que con el tiempo hemos ido retrocediendo en lo que habíamos logrado, en cuanto que eran un bloque común que representaba algo, y que ante la ciudadanía se planteaba de una forma coherente. Últimamente, no ha sido así.

¿Cómo te lo explicas? ¿Tiene que ver con las quejas de un grupo al interior del mismo PPD que quiere cambiar las cosas?
Creo que tiene que ver con una pérdida de perspectiva que hemos tenido en la política de la Concertación. Han tomado protagonismo diferencias pequeñas por sobre convicciones profundas y compartidas. Fundamentalmente, es eso. Estos dos partidos han tenido desencuentro en su estrategias electorales, en su competencia por disputarse los mismos temas, comparten un espacio temático muy grande y compiten por quién lo ocupa y quién tiene más protagonismo. Y en estas diferencias, que son parte de la normalidad, nos han hecho olvidar que ante los ciudadanos somos casi una misma cosa.

¿Cuál es tu queja a la dirección del PPD en la actualidad? ¿Qué punto te parece central para una nueva directiva que cambie el rumbo?
Creo que ponerlo así alimenta los fantasmas con que hemos lidiado en este proceso. Más que una queja, creo que tenemos que sacar lecciones de lo que ha pasado, porque hubo cosas que claramente no dieron los resultados que se esperaban. Muchas de esas decisiones que se tomaron, no las compartí.

¿Cuáles?
Por ejemplo, que tuviéramos dos listas en la elección municipal. La forma en que eso se dió no fue buena. Pero mi tema no es plantear una queja, sino decir qué es lo que tenemos que hacer hacia adelante.¿Qué es eso? Poner en el partido al centro de las definiciones el debate de ideas. No puede seguir siendo un juego de grupos, de ver quién le pone el pie encima a quién. Esa es una mirada que no aporta, y que para los chilenos no significa nada. Toda esta caricatura de que hay un laguismo que viene aquí a sepultar al girardismo, yo, sinceramente, creo que no tiene nada que ver con lo que tenemos que hacer. Tenemos que discutir cómo queremos hacer futuro, pensar en este espacio de la centro izquierda cómo nos imaginamos la nueva Concertación, cuáles tienen que ser los problemas de agenda que le propongamos al país, nuestra mirada sobre los temas tributarios, que hoy son centrales, qué solución tenemos para el terremoto. Si queremos poner por delante, no sólo la reconstrucción de lo que se cayó, sino que una mirada de futuro, ¿por qué no discutimos qué hacemos con Talcahuano?
¿Cómo, en vez de suspenderlos, realizamos ahí los Juegos Odesur? A lo mejor podemos hacer una jugada como la del Mundial del 62. Bueno, discutamos de esas cosas. A lo mejor, las diferencias no son tantas y podemos debatir en torno a ellas. Y no así, el lote de Juanito le pone el pie encima al de Pedrito.

¿Has pensado en posibilidad de volver a ser candidata del PPD para llevar adelante todo esto?
Sí.

¿Tu decisión ya está tomada?
Está tomada y quiero decir que ha sido una decisión bien difícil. Este proyecto es importante, que hay que jugarse por nuestros partidos, que es importante en general para la democracia y para nosotros en la Concertación es especialmente importante. Y cuando tomé la decisión de no seguir compitiendo, incluso, en ese momento pensaba seguir trabajando en este proyecto. Ahora, esa decisión la tomé porque había una incompatibilidad. Creo que los hechos me han dado la razón: era una situación no adecuada. Y ha pasado tanto, han sido situaciones tan difíciles, tan complejas, tan tristes, que la verdad por momentos he pensado no seguir en esto en lo más mínimo….

¿No seguir en?
No seguir, irme a la casa un rato. Pero he llegado a la conclusión, que a partir de lo triste y de lo doloroso que ha sido todo, no es bueno que eso se cristalice en que uno deje de lado las cosas que uno cree que tiene que hacer, las tareas que cree que tiene que cumplir. Espero de esta situación, difícil y dolorosa, aprender y sacar energía para hacer las cosas que creo que tenemos que hacer y que creo indispensables, y que las iba a hacer igual sin una candidatura a presidenta, desde alguna posición, desde alguna parte.

Jaime Quintana dijo que se iba a hacer a un lado si volvías a postular. ¿Es necesario?
Jaime tuvo un gesto super bonito y muy de él. Él es una persona super auténtica y muy decente en política. Siempre lo ha sido, le tengo mucha estima y mucho cariño. Hubo una situación en que podíamos competir, y no considero que eso deba ser una situación horrorosa en un partido, para nada: la sana competencia debe ser normal. Lo importante es que sea siempre en torno a ideas.
Esta decisión de volver, ¿fue conversada? Porque, según dices, la decisión de bajarte la tomaste sola.
Sí, he estado en eso todo este tiempo, conversando con gente más cercana y menos cercana. Gente que lo ve de cerca y de lejos. Y sobre todo digiriéndolo personalmente. Porque estas decisiones uno tiene que estar muy convencida para tomarlas. Porque son decisiones que implican tu vida entera y que van a requerir mucha energía para sacarlas adelante. Pero me importa la opinión de mucha gente en torno a esto. Mira, mucha gente en la política y mucha gente fuera de la política, tiene la sensación de que este momento difícil que hemos vivido, es también una oportunidad y que estos momentos no duran para siempre. Cuando uno está en un momento complicado, es cuando tiene más posibilidades de cambiar, aprender, corregir y tiene más capacidad de autocrítica. Y espero que saquemos algo en blanco de todo lo que hemos pasado y de lo que además me ha tocado pasar a mí.

¿Cón quienes están armando este proyecto del PPD, quiénes formarían parte de este proyecto?
Lo que tenemos que hacer es un debate sincero, y ver cómo nos podemos encontrar en él. Si no es así, debemos tener una forma decente de resolverlo, y si no existe un acuerdo amplio y hay competencia, que sea en torno a esa diferencia de ideas, y no a paranoias de grupos que quieren liquidar a otros o gente que se siente amenazada porque la van a liquidar.

¿Están dispuestos a poner por delante esas ideas, antes que los acuerdos posibles para facilitar la tranquilidad?
Si hay acuerdos, tienen que ser en torno a las ideas, y si hay desacuerdos, también. Lo que no puede ser es que uno busque entendimiento sobre la base de repartirse la torta y se pelee porque no le tocó el pedazo que quería. Esa es la expresión más baja de la política, y siempre hay de eso en la política, pero no puede opacar al resto. La política tiene dos caras: el debate por las ideas y el debate por el poder. Cuando el primero se vuelve subterráneo, emerge sólo el segundo, y ahí estamos mal.

LA DERROTA

¿Por qué se supone que perdió la Concertación?
Hay distintas opiniones. Hay gente que piensa que perdió porque le faltaron ideas progresistas claras que poner en la agenda; hay quienes piensan que perdió porque no tuvo suficiente convicción para defender lo hecho. Probablemente de ambas cosas hay. Pero hay una tercera razón que creo que es la decisiva, y es que permitimos que la política se desacreditara ante la gente, que perdiera legitimidad. Y eso, una mirada progresista no puede permitírselo. Creo que esa es la razón central porque perdimos.

¿Te parece injusto que se acuse al gobierno de Michelle Bachelet de no haber colaborado lo suficiente?
Me parece que esa explicación es no entender la dimensión de lo que pasó. Este es un proceso político que lleva mucho tiempo y en el que la Concertación ha bajado su votación, en que ha habido un distanciamiento de los ciudadanos, se ha perdido el espíritu, el animus societatis, que se llama.

¿Concuerdas con Bachelet cuando dice que los partidos no supieron interpretar lo que su candidatura había representado?
Obviamente. Cuando ella fue candidata, representó un fenómeno ciudadano que quería más cercanía en la política, una forma de hacer las cosas más horizontal, una capacidad de incluir actores no tradicionales, como hizo especialmente en su primer gabinete, un esfuerzo de renovación producto de una lectura de lo que la sociedad nos estaba pidiendo. Y de eso no se sacaron conclusiones claras ni una lectura a fondo de cómo asumirlo políticamente en nuestras instituciones permanentes, que son los partidos, porque los candidatos y los presidentes pasan, pero los partidos y las fuerzas políticas tienen que ir sacando algo en claro de cada experiencia.

¿Qué banderas enarbolarías para la Concertación del futuro?
Primero, que creemos de verdad que la construcción del país se hace con las reglas de la democracia, entre todos, discutiendo, escuchando. Y si alguien tenía dudas de si la derecha era lo mismo que la Concertación, en estas pocas semanas hemos visto que no era así. La diferencia se ha visto en la manera de enfrentar el terremoto, donde uno realmente no ve que se reconozca a los muchos actores que tienen algo que decir, y particularmente los de las zonas afectadas, que en lo más mínimo han sido parte ni del debate ni de la evaluación.

Pero acabamos de ver un grupo de representantes de la Concertación frente a la estatua de Allende haciendo un mea culpa por no haber alzado los impuestos como sí hizo la derecha. ¿Qué te pareció?
Creo que esa imagen es confusa. Es valioso que en el paquete del terremoto se hayan incorporado algunas ideas en las que creemos, pero eso no tiene nada que ver con la tarea mucho más profunda que es proponerle un nuevo sistema tributario a Chile, permanente, y que se haga cargo de ese y muchos temas más. Basta mirar lo que fueron las propuestas tributarias de nuestro sector, e incluso de otros que fueron por fuera: tienen otra magnitud y otro alcance. Es valioso lo que hizo Piñera, pero eso no es lo único que tenemos que hacer.

PROGRESISMO REAL

¿Cuáles son, según tú, las nuevas banderas que debe enarbolar la Concertación?
Debiera tener una propuesta muy radical por la equidad educativa, que no sólo tiene que ver con mayores oportunidades para la gente de menos ingresos; también tenemos que hacernos cargo de las enormes barreras que hay entre los sectores medios y los sectores más altos. La desigualdad no es sólo una cosa de los pobres respecto a los demás, sino que muy crecientemente en Chile compete a los sectores medios respecto de la elite y de los más ricos de la sociedad. Cuando uno ve la distribución del ingreso en Chile, ahí es donde está la fractura. No son tantas las diferencias que hay entre la clase media y los más pobres. Los enormes saltos, los abismos, se producen entre los sectores medios y los de grandes recursos. Ahí está la inequidad en Chile.

¿Qué piensas de la cosa energética?, ¿Te gusta Hidroaysén?
Creo que no podemos seguir pronunciándonos ante proyectos que nos traen empresas y que el sistema tiene que decir si los acepta o los rechaza. Mientras sigamos en esa lógica estamos siempre sometidos a un chantaje muy complicado, porque si decimos que no a los proyectos que hay, quedamos con un déficit, hipotecamos el desarrollo del país. Lo que corresponde es buscar las herramientas por las cuales Chile pueda hacer ciertas apuestas en su estrategia de energía, promover cierto tipo de energía que creemos son las mejores y tener herramientas para tratar que hayan proyectos que sean sustentables. El sistema hoy nos pone siempre en esa encrucijada, porque al final ser ambientalista significa siempre decir que no a los proyectos clave.

¿Y cuáles son las ideas propias del progresismo que no necesariamente generan acuerdo en la Concertación?
Muchas de estas fronteras son transversales; no son entre partidos, a veces son al interior de ellos.
¿Qué cosas nos han complicado y no hemos resuelto bien? Nuestra mirada respecto a la descentralización del país, cuánto costará eso, hasta dónde, cómo. Ese es un debate.

¿Y sobre los matrimonios homosexuales? En Argentina se discute en el Parlamento y acá acaba de pronunciarse la Comisión de Derechos Humanos sobre el caso de la jueza Atala.
Pero fíjate el abismo que es eso. Uno es el debate sobre el matrimonio homosexual, pero la jueza Atala fue una cosa mucho más rudimentaria. La jueza Atala es una mujer, que por el hecho de ser lesbiana le quitaron a sus hijos, por el bien de los hijos. Esa fue la reflexión que hicieron los jueces. En el fondo, validaron que producto que podía haber discriminación en la sociedad era mejor que los niños no estuvieran con la madre. Es como si uno validara el día de mañana que producto que una persona tiene una discapacidad, entonces, mejor quitémosle a los hijos “no vaya a ser que los compañeros se burlen”. Eso es validar socialmente una discriminación social. Siempre consideré que ese era un criterio, incluso, con la actual ley chilena, inaceptable. El matrimonio homosexual puede ser una reinvindicación para cambiar la ley.

ELITE CONCERTACIONISTA

Hablas de una sociedad menos elitista, pero una de las quejas que ha esgrimido Fulvio acá es una elite concertacionista que se ha inmiscuido en tus problemas familiares. ¿Lo sientes real?
Nadie influyó en mi decisión. Al contrario, muchos quedaron muy sorprendidos o molestos porque no fueron consultados. Y respecto a esta elite de la Concertación creo que ahí tenemos un problema, pero que no es un problema de un grupo de personas que tienen un control que no quieren soltar. Es más complejo que eso. No se ha dado el paso de proponer una manera de entendernos, políticamente, que no pase sólo por el acuerdo de unos pocos que tienen una larga tradición de entendimiento cívico. Hay que tener una forma de resolver las diferencias en política, de llegar a acuerdos en una coalición, de incorporar actores distintos que tiene que ser diferente a la luz de la nueva realidad que tenemos.

¿Por qué se repiten los apellidos?
Ah, porque es una elite muy pequeña. En Chile tenemos que lograr que esa elite sea más permeable y que tenga más control público, porque tiene que haber la conciencia o la seguridad que las personas que llegan a ocupar ciertas posiciones es porque tienen méritos y no solamente porque tenían contactos. Esto pasa en la política y en los buenos empleos; y pasa en las empresas y en los medios de comunicación y en la cultura y en todos lados. Es una realidad de la sociedad chilena.

¿Y de qué depende ese cambio en el caso político?
Por ejemplo, que las definiciones de los candidaturas se hagan en primarias; a través que el sistema de financiamiento político sea mucho más transparente y menos influenciable por el dinero. Los que tenemos una mirada progresista de centroizquierda debiéramos tener una postura radical. No hay ninguna razón por la cual los grandes poderes económicos tengan que ser decisivos para ver quién tiene financiamiento y quién no en la política. No hay ningún criterio democrático que pueda avalar que eso es bueno.

“ENA ME CAE BIEN”

¿Por qué fuiste donde la Ena?
Porque me invitó. Me dijo que quería hablar con todos los ex ministros, que lo había suspendido por el terremoto, pero que quería hablar del ministerio.

¿Te cae bien?
Sí, me cae bien.

¿Sientes complicidades por algún ámbito?
Bueno, hay una complicidad obvia que es por la posición que ella tiene hoy, y el dolor de guata que le toca pasar todos los días, que yo misma pasé en ese ministerio. Yo le di mi opinión. Para mí es importante decirle lo que pienso y me imagino que para ella será útil también conocer lo que vivieron otros ministros.

Ella ha sido criticada en su vocería. Pero también surge la lectura que de repente no ha tenido la oportunidad de hacer la vocería.
Lo que pasa es que cuando eres vocero, eres vocero de un gobierno. Y es muy difícil serlo en un gobierno que está partiendo, en el que se están todavía acomodando los roles. Siempre se cometen muchos errores en la primera etapa y este gobierno ha cometido varios y ella, claro, es la vocera y muchas veces hay cosas que no están resueltas, que le toca explicar. Pero uno no puede hacer una evaluación a partir de eso y menos en el primer mes y medio, y tampoco me corresponde hacerla. Ella es una persona valiosa, que tiene la gracia que en un gobierno de derecha en donde casi no hay políticos, ha hecho una opción por la política y eso es súper destacable.

¿Y le sugeriste algo?
Algunas cositas, jajaja. Las que puedo.