Cuenta un lugareño que hace algún tiempo, una Machi fue a la cárcel a visitar a Presos Políticos Comuneros Mapuches (PPCM). A través de un instrumento con rayos equis, la guardia de Gendarmería detectó que dentro del Kultrún de la Machi había, entre otras cosas, unas vainillas de escopeta. Sumado al trato vejatorio que ejerce el Estado hacia los reclusos y sus familiares, sin reflexionar, seguramente, aplicaron un protocolo y procedieron a requisar el Kultrún.

Me pregunto si un sacerdote católico ingresara al penal con una virgen entre su indumentaria, si los guardias se la requisarían, ya que la imagen al centro tiene un fierro que podría transformase en estoque.

Amigos y familiares de los PPCM se enfurecieron e imagino que con cara de pocos amigos se enfrentaron a los celadores. Gendarmería se comunicó con uno de los fiscales, quien “astutamente” quiso abrir el Kultrún para comparar las vainillas en cuestión con otras encontradas en sitios de enfrentamiento entre las fuerzas policiales y mapuches (desconozco si existe algún sitio de enfrentamiento en que los mapuches hayan estado armados, sólo recuerdo a tres comuneros mapuches que, estando desarmados, fueron asesinados por las fuerzas del Estado chileno).

El Kultrún es un tambor mapuche que se toca en ceremonias y ritos ancestrales, es confeccionado por el Kultrufe y en su interior tiene piedras mágicas entregadas por la Machi, semillas, yerbas, tierra, entre otras cosas, y elementos que tienen significado negativo para la cultura mapuche, como podrían ser las casquillas de escopeta, cuyo significado puede simbolizar: retraso, opresión, censura, discriminación. Además del aliento de la Machi, que le da pertenencia sobre el instrumento ancestral.

La cultura ancestral violentada, vejada, incomprendida, ignorada y sometida, expresaba un nuevo acto de resistencia a la cultura dominante, que naturaliza la agresión a lo distinto, que se impone por la fuerza de la brutalidad, por lo homogéneo del sentido común; que hostiga al pobre, al indígena, al obrero, al funcionario, al profesional; y se sirve del profesional, del funcionario, del obrero, del indígena, del pobre, para despreciar al otro, que siempre mantiene algo de mí, ese yo huérfano no se desprende por decreto de sus ancestros, aunque pueda traicionarse y traicionarlo todo, no a su espejo natural.

Juan Patricio Queipul Mallinao es sobrino del Lonko Víctor Queipul, es vecino del latifundista René Urban, es habitante de la comunidad Temucuicui; es obligado a ser desertor escolar, trabajador infantil y perseguido por la justicia militar.

Patricio tiene 17 años. A los 11 fue baleado, a los 13 secuestrado, a los 15 torturado y encarcelado, a los 17, procesado por la Justicia militar, que bajo el alero de la Ley Antiterrorista, lo mantiene con arresto domiciliario.

El Estado chileno, a través de una jueza huinca, determina que es un peligro para la sociedad y que no merece relatar ante parlamentarios los atropellos sufridos, desde que su Estado determinó que su condición étnica presuponía un castigo monetario y cultural en el siglo del bicentenario.

Lo que omitió la jueza es que el Estado y la sociedad chilena son un peligro para la seguridad de niños y jóvenes capaces de asumir con orgullo y emprendimiento su condición de mapuche, a quienes se vulnera sus derechos esenciales: el amor y protección de su familia y de su pueblo, se les niega la posibilidad de educación, salud y vivienda, obligándoseles a la soledad, la vagancia y la incertidumbre.

Antes de cumplir los once años todavía a Patricio no se le acusó de nada, luego se le baleó, torturó, secuestró; a los 17, a Patricio se le acusó de intento de asesinato, hurto y toda la cantinela que permite la Ley Antiterrorista, se le obligó a soportar el duro régimen de la clandestinidad: un año y medio viviendo en el cerro cercano a su comunidad. Se le torturó y se le quiere confinar en la prisión.

Las autoridades usan la ironía cuando llaman al diálogo y la aceptación de la institucionalidad; el cinismo, cuando procesan por una ley que permite testigos sin rostro, y condenan por la ley civil; el asesinato, cuando militarizan una zona para humillar a un pueblo cuya sangre da orgullo llevar, aunque sea una mínima parte.

Después de algunas horas, la cordura se impuso y no se abrió el Kultrún, parcialmente se aceptó el carácter ancestral y cultural del instrumento…