“Esto no es perreo, es ovejeo”

Circula por todo el país cantando sus versos al Señor y es aclamado como el reggaetólico. Su público, enardecido por los ritmos pegajosos del reggaetón católico, tuvo que aprender que en las tocatas que perrear aquí no corresponde. Desde el escenario, Pablo Cifuentes les dice siempre “no quiero que salgamos más de los que entramos”.

Cómo llegó a cantar reggaetón católico es una historia chistosa, dice Pablo Cifuentes.

-Tú cachái que Dios está loco. De partida ya está loco. O sea, ¿quién manda a su hijo a morir por nosotros? Nadie, po.

Un bendito día, dice Cifuentes -el “reggaetólico”-, estaba sentado frente al computador experimentando con el secuenciador de música Fruity Loops. De pronto, en la radio empezó a sonar el hit “La gasolina”, de Daddy Yankee.

-A mí no me gustaba. Pero la escuché y dije, ¿tan fácil es? Pesqué la guitarra, y eran dos notas: Mi menor y Fa. Me senté en el Fruity Loops y saqué la pista en dos minutos- cuenta.

Pablo Cifuentes, que empezó a componer música a los veinte años con su guitarra y que antes de estudiar música en el Conservatorio de Temuco cantaba desafinadísimo, siempre ha escrito música para la Iglesia. Dice que no puede crear nada que se escape a su relación con Dios. Ni siquiera las mujeres.

-He tenido pololas que me piden que les escriba una canción y no puedo. No hay manera, no cacho cómo hacerlo. Siempre mi música y letras son de Iglesia. Todas.

Te sale más fácil
-Sí, lo otro me cuesta caleta. Voy en las primeras líneas y ya no sé cómo seguir. Las de Iglesia salen solas.

¿Qué pasó después de que sacaste la melodía de La Gasolina?
-Empecé a meterme más en este rollo y aprendí a hacer más música, a tocar más instrumentos, a tocar bajo, percusiones, y empece a ir puliendo más. Solo, porque no estudié secuenciador de música ni mucho menos, me las batí solo. Fui ampliando el repertorio.

¿Cómo te hiciste conocido como el reggaeetólico?
-Fue muy chistoso. Había un amigo en Santiago que empezó a poner mis canciones. Y el público empezó a escucharlas. Eran muy malas, así pero muy malas, paupérrimas, asquerosas. Entonces mi amigo me dijo que si era reggaetón, y era católico, le pusiera reggaetólico. No me la creí, le dije, está bueno el nombre, pero no me la creí. Y no fue hasta la Fiesta de Resurrección de este año cuando vine a cantar, que el Padre Galo me presentó como el reggaetólico, y ahí quedé bautizado.

¿Y te gusta el nombre?
-Sí, es chistoso, divertido. No soy para nada complicado. Yo no me visto como reggaetonero, si tengo que ser lo contrario. Yo no canto con “bling bling”, canto con crucecita de madera. No voy a tener un Hammer en el escenario, cómo se te ocurre.

¿Qué te parece el otro reggaetón? ¿El del bling bling?
-Es totalmente respetable por un tema de trayectoria. Quizás ellos pasaron cosas feas y cantan de las cosas que vivieron. Hasta por ahí lo paso. Pero cuando empiezan a tratar a las mujeres como un objeto, no comparto mucho. Tito el Bambino en sus canciones habla de que la gloria es de Dios y todo, pero también habla de la cintura pa’ bajo y la cintura pa’ rriba. Si vas a hacer algo, hazlo completo. Pero me merecen respeto. Los escucho para tener una idea de lo que está sonando. Igual escucho música cristiana, para saber qué sonidos están llevándose ahora. Pero no pagaría por ir a un concierto de Daddy Yankee.

LAS MUJERES NO SON PERRAS
El reggaetólico vive en Temuco, pero se la pasa de gira. Hace poco estuvo tocando en Concepción, vino a Santiago a presentarse para la marcha “El orgullo de ser católicos” y también cantó frente a sesenta mil personas en la peregrinación al santuario de Teresa de Los Andes. Y, dice, el público arde con cada tocata.
-Queda la escoba. Al principio costó un poco, porque todos empezaron a bailar como bailaban en las disco. Ellos no sabían, y al no saber, no pecan -cuenta.

Empezaron a perrear…
-Claro. Yo, cada vez que iba a un concierto les explicaba: “esto no es perreo, es ovejeo, por favor”, “aquí no quiero que salgamos más de los que entramos”. Esto es otra cosa. Si usted quiere perrear, vaya a otro lado. Y fueron entendiendo, y entendiendo las letras, explícitamente cristianas. Lo fueron asumiendo y ahora tú viste los videos en youtube: bailan, saltan, se abrazan. Es entretenido.

¿Cómo es eso de ovejeo en vez de perreo?
-Sí, po, es que el perreo es denigrar a las personas, si no somos perros. Las mujeres no son perras, tampoco. Empezar a hablar de perreo es denigrar a la dignidad humana. El ovejeo habla de pastorear, guiar. Lo aprendí del Freddy Richard, el curita reguetonero que viene de Panamá. Él dijo eso, que es ovejeo. Uno va entendiendo eso. Puede ser chistoso, la palabra puede sonar un poco loca pero es cierto. Es enseñar, darse cuenta de que lo que está afuera puede ser bueno, pero acá adentro es mejor.

¿Cómo carretean los católicos?
-Pero si somos normales, mijita, jajaja. Somos normales, no tenemos alitas. Salimos. Yo salgo a bailar, me encanta, voy a karaokes, cachai. Somos normales, insisto, no hay nada extraordinario. Ahora, marcando la diferencia, claro. No vamos a andar haciendo escándalos ni mucho menos, pero de una manera normal, compuesta, a mí me gusta cantar y bailar, salgo con mis amigos, vamos al cine.

¿Por qué no tienes un disco todavía?
-Me ha costado caleta sacar un disco, caleta. He pensado que no tengo que sacar disco, que tengo que hacer lo mío por internet. No me urge tampoco, porque mi meta no es sacar un disco. Yo no soy artista. tengo el privilegio de cantar, nada más, y si es que eso. La música es el lenguaje que todos entienden, es llevar el mensaje. Yo tengo que ser como el burro que llevó a Jesús a Jerusalén el Domingo de Ramos. Jesús iba arriba de un burro, y el burro no hacía más que mirar el piso, porque el que tenía que brillar era Jesús. Es, con la cabeza gacha, hacer tu pega, llevar a Jesús, y eso a veces cuesta. El tema de la gente, que te llamen, que te escriben. Pero hay que tener los pies bien puestos en la tierra, la mirada puesta en otro.

¿Por qué no te vistes como reggaetonero para cantar?
-Yo con cruz de palo soy feliz. Lo mío no es algo que pase por un alter ego o que me vean bien, trato de vestirme bien porque soy representante de algo importante, pero más que eso no es. Soy súper piola. Ni tan wachiturro ni tan reggaetonero.

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