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Opinión

18 de Diciembre de 2011

Las mentiras de la reconstrucción

Lorenna Arce Orellana Coordinadora Nacional del MNRJ (Movimiento Nacional por una Reconstrucción Justa) Mucho se ha dicho sobre el proceso de reconstrucción y sobre los grandes avances realizados por el SERVIU y el MINVU en materia de políticas habitacionales y asignación de subsidios, pero poco se ha comentado sobre el verdadero drama que viven los […]

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Lorenna Arce Orellana
Coordinadora Nacional del MNRJ (Movimiento Nacional por una Reconstrucción Justa)

Mucho se ha dicho sobre el proceso de reconstrucción y sobre los grandes avances realizados por el SERVIU y el MINVU en materia de políticas habitacionales y asignación de subsidios, pero poco se ha comentado sobre el verdadero drama que viven los damnificados que, según información del propio gobierno, deberán pasar al menos dos inviernos más en sus mediaguas. Nos referimos a más de un millón de personas que fueron afectadas por el terremoto y que requieren más de 500 mil viviendas, cuya asignación de subsidio no alcanza el 10% de la cobertura total.

En rigor, no existe una orgánica para enfrentar el problema. Los dilemas en la zona de la catástrofe son recurrentes: las expropiaciones indebidas en el borde costero, la situación de allegados unifamiliares, la asignación de subsidios en sitio residente y la ficha de protección social como mecanismo para determinar a las familias en riesgo social. Tampoco podemos obviar las condiciones de hacinamiento de las personas que sobreviven en una media agua de 18 m2, compartida en promedio con 5 personas más, sin espacio para la intimidad.

En Dichato y otras localidades, producto del aumento de la temperatura y la población canina, existe una plaga de pulgas y garrapatas. La salud mental de hombres, mujeres y niños, sometidos a un cambio dramático de sus condiciones de vida desde el borde costero a los cerros, es algo que no se recuperará nunca más.

Cien familias de Villa Futuro, en la comuna Chiguayante, después de una huelga de hambre que duró mas de 40 días, serán trasladadas a terrenos de bajo valor económico en la periferia. Las familias restantes se han tenido que conformar con un cheque de 10 millones de pesos y llevan meses sin poder comprar una vivienda. El proyecto de la costanera, sin embargo, continúa aumentando la plusvalía de sus terrenos.

En Coronel, en la población Camilo Olavarría, hasta el día de hoy los pobladores no están de acuerdo con el monto indigno de las expropiaciones: 4 millones 800 mil pesos. En Tomé están expropiando viviendas costeras que no sufrieron daño por el terremoto por parte del SERVIU a precios miserables, en terrenos que tienen alta plusvalía, mientras al lado, se construyen edificios de departamentos por parte de la inmobiliaria Santa Beatriz.

En Dichato se necesitan 1.000 subsidios pero, hasta la fecha, sólo se han adjudicado 210 a los habitantes del campamento El Molino y aún las casas no se construyen. Lo que sí se está construyendo es un gran muro en el borde costero y un paseo peatonal de 3 mil 600 millones de pesos, sin respetar la idiosincrasia de su población y despojándolos del borde costero -lugar dónde se realiza históricamente la venta de sus productos- y hacinándolos en el sector de Litril. El pescador que por derecho propio dormía mirando el mar, hoy tiene como horizonte otra mediagua en un cerro. El negocio de las expropiaciones en Dichato ha sido una sinverguenzura.

El ex director del SERVIU, Sebastián Salas Cox, compró un terreno a su tía en dos millones de dólares -habiendo otros terrenos más baratos para ser comprado que no se consideraron- para la reconstrucción de viviendas sociales en un sitio inundable, al lado de los terrenos que están expropiando en contra de la voluntad de sus históricos habitantes.

Más al norte, en Constitución, las expropiaciones también han sido problemáticas debido al interés de empresas forestales (Celco) en el borde costero. En Llico, hasta el día de hoy, no se ha construido una vivienda. Las autoridades de gobierno en la zona no han recibido a dirigentes del Movimiento Nacional por una Reconstrucción Justa. Al contrario, nos eluden. Por eso estaremos muy atentos cuando se realice la cuenta pública sobre la reconstrucción debido a que el año pasado los datos entregados resultaron ser una burla.

Los grandes ganadores hasta ahora han sido las empresas constructoras porque, al igual que la educación, la vivienda social hoy se transformó en un negocio para las EGIS y privados. Es por ello que si nos preguntan a los afectados del terremoto si hay reconstrucción, claramente diremos: !NO, NO HAY RECONSTRUCCIÓN!

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