La misión es simple: el jefe de la mafia local manda a sus matones a destrozar el Holywood Casino. Caminando, con Ak-47 y uzis en las manos, se abren paso por el local, disparando y botando los tragamonedas. No importa la gente que a esa hora se encontraba apostando, como tampoco importan las familias que jugaban bowling cuando rocían la pista de gasolina y le prenden fuego. Con el mismo paso con que llegaron, se van. Misión cumplida. Pero no es una etapa de algún GTA. Es una muestra de lo que pasa en Napoles, ciudad que alberga al futuro club de Edu Vargas.

Actualmente el Napoli FC marcha en el 6° lugar del calcio. Su buena perfomance lo mantiene vivo en la tabla de posiciones y aunque lejos de poder pelear el scudetto, sus jugadores destacan a tal punto que su máxima estrella, el uruguayo Edison Cavani, ha sonado para reforzar el Barcelona. Pero el buen momento del club es apenas una pequeña alegría para los habitantes de Nápoles. La ciudad es controlada por la mafia y eso se respira en las calles. Y a veces ese olor es el de la basura agolpada e incendidada.

En junio del 2011, un gallito entre la alcaldía y la camorra, la mafia local, dejó a la ciudad por semanas tapizada en basura. La camorra, que controlaba las empresas de recolección de desperdicios, para mostrarle al recientemente electo alcalde quién mandaba, no recogió los desperdicios y las bolsas se amontonaron en las calles. No está claro si fueron los vecinos tratando de controlar los olores o la misma mafia empeorando la situación, pero la basura comenzó a ser incendiada. La noche de Nápoles se iluminaba con pañales ardiendo. Como la Roma de Nerón, pero sin ningún emperador de espectador.

Camorra Fútbol Club

Aunque el Napoli FC sea la alegría local, el club no es inmune a las rabietas de la camorra. Apenas en diciembre del pasado año, varios jugadores sufrieron robos y escarmientos. Edison Cavani sufrió el robo de su casa, asaltaron a la novia del argentino Ezequiel Lavezzi y a la esposa del eslovaco Marek Hamsik le robaron su auto.

A Salvatore Arónica, defensa del equipo, lo asaltaron a punta de pistola y obligaron a entregar su vehículo. Pero quizás la peor historia se la lleve el apoderado de Cavani, Claudio Anellucci. Su auto fue interceptado por una scooter con dos hombres abordo, uno de los cuales rompió el vidrio del copiloto con la culata de su revólver y encañonó el vientre de su esposa embarazada.

La ola de ataques al Napoli FC se debería a que su presidente, Aurelio De Laurentiis, le cagó el negocio a la camorra en la reventa de entradas al vender estas por internet.

El vínculo entre el club napolitano y la mafia local podría ser más fuerte. El delantero argentino Ezequiel Lavezzi ha reconocido que se relacionaba con Antonio Lo Russo, hijo del jefe Salvatore, mandamás del clan del mismo nombre, pero que no sabía que era mafioso. “Yo lo conocía como uno de los capos de los barrabrava del Napoli, vino incluso algunas veces a mi casa, no me pareció nada extraño porque también en Argentina resulta habitual que los jugadores traten con estos personajes”, declaró Lavezzi.

“Antonio se activó para impedir que el Nápoli me vendiese, ya que habían comenzado a circular noticias sobre mi inminente transferencia”, recordó el delantero argentino cuando fue interrogado por la fiscalía napolitana.

Asesinatos en la calle

La policía napolitana, desesperada por no encontrar pistas, hace público el video. Un hombre llega a un local, se da unas vueltas, y ejecuta con un disparo en la nuca a un hombre que fumaba afuera. Lo remata de un tiro en el suelo. El cadáver queda ahí en la vereda, pero la gente le hace el quite.

No fue un caso aislado. Petru Birlandeanedu paseaba por el centro de la ciudad con su esposa cuando se vio en medio de un tiroteo entre bandas rivales. Herido, buscó ayuda en el metro. La gente huyó. Finalmente su esposa se queda sola, llorando sobre su cuerpo, pidiendo ayuda.

Las calles de Nápoles parecen sacadas de un Grand Theft Auto. La camorra se alza como una institución más fuerte que el Estado. Y Eduardo Vargas confía en el Napoli FC para forjar su futuro en el fútbol. En el mejor de los casos, sólo cosechará goles.