Este documental francés se centra en los movimientos juveniles que derrocaron gobiernos en países como Georgia, Ucrania, Serbia, Kirguistán y otros antiguos países socialistas de la Europa del Este, y muestra como, en sitios donde los partidos políticos estaban desprestigiados y los movimientos estudiantiles, financiados por entes estadounidenses como la NED, USAID, Fondo Nacional para la Democracia, el Instituto Republicano Internacional, el Instituto Demócrata Internacional, Freedom House, etc., les dieron apoyo que permitió derrocar a sus gobiernos.

Las entrevistas y opiniones las dan, en muchos casos, los propios injerencistas y quienes trabajan para ellos, y no dudan en reconocer que todo es un proyecto estadounidense. Muestran cómo jóvenes de Serbia iban a otros países, como Ucrania, para explicarles cómo ellos lograron su “revolución” y cómo los ucranianos podrían lograr la suya.

Gene Sharp y su libro “De la dictadura a la democracia” se convierte en pieza central, que explica cómo influir en la policía para evitar la represión. Desde trucos sencillos como enviar niños con comida a los policías o entregarles flores, hasta el comunicarse a los mandos medios para negociar con ellos y pedirles que disuelvan los cinturones de seguridad a cambio de perdonarles en el gobierno posterior: todo forma parte de buscar la forma de debilitar el poder del gobierno establecido para derribarlo.

El millonario George Soros es otro de los financistas de estos movimientos.

El documental entrevista a Bob Helvey, quien pasó 30 años en el gobierno estadounidense y ayudó a formar la oposición en Birmania y Serbia y explica algunas de las técnicas usadas para debilidar a gobiernos inconvenientes para Estados Unidos. Henvey trabajaba en el momento de hacerse el documental, en una fundación del senador John McCain dedicada a “llevar la democracia” a países de Europa oriental.

“Uno de nuestros programas es para incentivar a la gente a ir a votar”, dijeron indicando que usaron conciertos de rock para incentivar a la juventud.

Otras “joyitas” que pueden verse en el documental son las reuniones de opositores de Bielorrusia siendo ayudados por georgianos, y el abierto reconocimiento de que el congreso estadounidense les ha aprobado millones de dólares en ayuda, que están por llegar. “Vamos a ayudarlos, les vamos a dar varias recetas para tomar el poder”, le explican los georgianos a los bielorrusos.

La descarada sujeción de Mikhail Saakashvili, presidente de Georgia, a las autoridades estadounidenses, queda demostrada en el documental. Ante Bruce Jackson, ex oficial de inteligencia del Ministerio de Defensa estadounidense y presidente del Proyecto para las Democracias en Transición e hijo de un fundador de la CIA, el joven Saakashvili le pregunta nerviosamente cosas como “¿qué, dije algo malo?” y no deja de reunirse con él tras las sombras.

Franelas en las paredes de una oficina del IIR del senador McCain con la lista de revoluciones de colores exitosas (en Georgia, Ucrania, Kirguistán y Moldovia) y las que, según ellos, “están por venir” (en Bielorrusia, Rusia, Azerbayán y Uzbekistán) se muestran abiertamente.

A la oficina de Jackson en Bielorrusia incluso llegan jóvenes de la oposición rusa a Vladimir Putin a recibir “ayuda” de su oficina injerencista. Las jóvenes explican a la documentalista cómo progresan sus planes contra el presidente ruso, hoy primer ministro.

En el foro, los comentaristas explican cual era el interés de Estados Unidos en el derrocamiento de estos gobiernos de Europa oriental, y las similitudes de la injerencia estadounidense en esos países, y en el nuestro.



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