¿Qué es lo que siente al ver que nos escandalizamos con algo que usted hace siete años denunció?
– Ya el año pasado el libro del negocio de las universidades saltó solo al primer plano, un poco al compás del movimiento estudiantil, porque sí entre los estudiantes y dirigentes son libros leídos. Ahora, a raíz del escándalo de la U. del Mar y del informe de la comisión investigadora de la Cámara, surge este interés bastante más fuerte pero a pesar de eso, estos libros han tenido miles de lectores. Son de los libros más comentados en el mundo universitario.

¿Y qué piensa de todo este alboroto?
– Me va quedando más claro y trato de ir respondiendo esa pregunta de por qué no se hizo algo antes para atajar esto. Hubo muchos factores, pero uno muy fuerte es la falta de voluntad política. Cuando escribí y publiqué el 2007 no hubo mayor interés en profundizar sobre lo que señalaba, que por cierto no tiene una sola línea de desmentido. Puede que hayan cambiado algunos nombres de directores, de dueños, pero en lo básico, el modus operandi de lo que fue pasando y en cómo se las arreglan no ha cambiado. La lógica con la que fueron creadas las universidades privadas, a partir de 1981, es la lógica del lucro.

¿Y qué pasa con las universidades privadas que no están nombradas en el informe?
– Bueno, esas tienen un afán ideológico. Ahí está el caso de la Universidad de los Andes. También hay algunas que parece que lucran y a la vez tienen sentido ideológico, como podría ser la Universidad del Desarrollo. También donde hay aranceles tan altos como por ejemplo en la Adolfo Ibañez, que no sale mencionada en el informe pero ahí hay un tema con el modelo en forma muy significativa, al punto que en su junta directiva aparecen personas muertas que resultan ser las figuras más emblemáticas del modelo neoliberal como Milton Friedman o Friedrick Hayek. Pero la mayoría de las privadas nuevas lucra, esa cuestión es bastante indiscutible. Lo reconoció el anterior ministro de Educación, Felipe Bulnes, como lo consigna el informe. Incluso hay un implícito en el proyecto de la Superintendencia que presentó el ministerio. Lo que tratan de hacer ahí es ponerle límites.

¿Y legitimar el lucro?

Claro. El proyecto no es bueno si lo que quieren es fiscalizar.

El ministro dice que el proyecto de Superintendencia los va a ayudar, sobre todo con más transparencia.
– Es que ponen varios puntos bastante discutibles. Hablan de cosas como el valor de mercado para las universidades, para las transacciones y arriendos. Algo así mencionó el rector de la UDD, Federico Valdéz Lafontaine, para tratar de decir que ellos no lucran. ¿Y cuál es el valor de mercado para una operación como el arriendo de una universidad, si la universidades no se arriendan todos los días? Esto no es un departamento, no es una casa. Aquí, lo que está pasando ahora, por fin, es que alguien, alguna entidad pública asume que esta situación no da para más. Yo creo que el tema va más allá incluso de lo que los estudiantes decían de “no al lucro”.

¿Hasta dónde?
– Esto hay que pararlo completo. Con medidas parciales no va a cambiar. A lo mejor van a atenuar las críticas pero el problema es que el modelo fue concebido para lucrar o para influir. Para perpetuar un tipo de sociedad incluso y que claro, se les ha arrancado de las manos.

Para seguir segmentando, como han postulado algunos.
– Es que como todo esto está basado en la deuda de los estudiantes y de las familias, en algún momento tenía que reventar. Tratan de bajarle la tasa de el interés al CAE, pero las deudas siguen siendo deudas. Aparte, la mala calidad de gran parte de la educación que se imparte en estas universidades sigue. Entonces, esto que ha pasado estos días de un cierto ninguneo al informe de la comisión es bien pobre. Yo no sé si lo han leído siquiera.

¿Le parece bien el trabajo que hizo la comisión?
– A mi me dio muy buena impresión el espíritu de la comisión. Lo que he sabido es que han hecho un trabajo bien dedicado. Creo que están corroborando algo que era un secreto a voces y que no querían ver. ¿Y por qué no se quería ver? Por intereses económicos y políticos.

Lucro e influencia

¿Cuáles son esos intereses políticos?
– En el libro “El Negocio de las Universidades en Chile” llegué a la conclusión de que hay dos tipos de negocios. No sólo hablo de la plata, de las lucas, porque por estas empresas llamadas universidades ha pasado mucha plata. Pero a la vez hay algunas universidades que si bien no lucran o lucran menos, lo que les importa es influir. Y generalmente son universidades poco pluralistas, con una dimensión ideológica en términos religiosos o políticos.

¿Las universidades cota mil?
– Es el caso de la Universidad de los Andes, la universidad del Opus Dei. Cobra muy caro, pero no lucra… creo yo. En ese caso, la universidad recibe dinero de las donaciones de miembros o simpatizantes del Opus Dei. Ellos cobran caro, pero están construyendo un proyecto educacional con edificios que cuando yo investigaba para el libro del Opus Dei en Chile me decían que están hechos para perdurar por 300, 400 años. Y con sus donaciones recogen plata y con parte de sus aranceles también, y van construyendo ahora el hospital clínico, el edificio de la escuela de Altos estudios económicos. Esa es su lógica. Todo a la manera del Opus Dei. Con límites a la participación de estudiantes, de los académicos, que en muchas cosas va a ser más jerárquica e incluso algunos dicen más colegial. Ellos pretenden formar elite.

Hay universidades reservadas sólo para algunos.
– Por el otro lado, tenemos estas universidades industrias como la de las Américas, la Andrés Bello, la Santo Tomás, la Del Mar, que en número son muchísimo más que estas ideológicas que Felipe Berríos llamó de “la cota mil”. Algunas han crecido mucho en su matrícula y esa es la pista para investigar cómo lucran.

¿Cuál de esos dos tipos es peor? ¿Las ideológicas o las que se concentran en sumar más estudiantes? La fiscalía lo que va a investigar es un posible fraude al fisco.
– Ojalá no solo vaya por eso y haya una investigación mayor. Yo creo que hay un fraude, si se puede decir así, una estafa a los estudiantes en que la calidad de lo que ofrecen no es acorde con lo que se entrega. Acá también hay un tema de fe pública, de frescura. Este país es muy legalista y se puede constatar el delito, pero que pase como con Karadima que al final se dijo “Ah no, está prescrito”. Eso me da un poquito de preocupación.