No voy a hablar de cifras: lo que preocupa no es si al quitarle el IVA a un libro vaya a costar una luca más o una luca menos. Porque aquí lo que está en juego no es el impacto económico, ni tampoco es una idea de élite lectora que buscaría beneficiarse de manera miserable. Una campaña que pretende movilizar a la ciudadanía lo hace porque sabe que en Chile los valores simbólicos no están puestos donde a la mayoría le parecería lógico, correcto, ideal. Nos movilizamos el año pasado y éste en busca del derecho a una educación pública y de calidad. Nos movilizamos ahora -porque movilizarse no es sólo salir a la calle- porque sabemos que la aplicación del impuesto al libro en 1976, durante la dictadura militar, responde no a razones de recaudación, sino ideológicas.

Porque entendemos que el libro es un vehículo de transmisión de conocimientos, ideas y contenidos. Porque, en una república democrática, la cultura es un bien esencial y trascendente que debiera estar al alcance de todos. Porque creemos que eliminar la primera y más simple barrera al acceso a la lectura en el país le entregará una prioridad mayor dentro de las políticas públicas de cultura. Y que ese perjuicio de recaudación será marginal respecto a la inversión en la construcción ideológica de una sociedad más libre. Porque sabemos que la eliminación del IVA a los libros es la primera victoria en las muchas batallas más por el acceso a la cultura, por eso, yo quiero Libros sin IVA.