La prueba de fuego del cura favorito de la elite

Cercano a grupos empresariales tan importantes como los Matte y Luksic, el cura irlandés-chileno enfrenta una denuncia por abusos reiterados contra una menor de seis años después de haber defendido a rajatabla a Marcial Maciel. El llamado recaudador de los Legionarios de Cristo, favorito de la elite y muy cercano a políticos UDI, vive hoy el escenario más complejo de sus 27 años en Chile, justo un año después de explicar públicamente los cambios en ese establecimiento para evitar situaciones como las que se le imputan.

Cuando en 1991 el colegio Cumbres se trasladó desde Avenida Manquehue hasta San Carlos de Apoquindo, Eliodoro Matte Larraín -líder del segundo clan más adinerado de Chile- cambió a sus hijos Eliodoro y Jorge desde el Colegio Apoquindo hasta el establecimiento “modelo” de Los Legionarios de Cristo.

La escena relatada en el libro “Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder” de los periodistas y académicos de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales Andrea Insunza y Javier Ortega, revela la influencia en el clan dueño de la CMPC, el banco BICE y Colbún, de John O’Reilly Daly, uno de los curas más cercanos a los grandes empresarios chilenos y que fue separado de sus funciones la tarde de este martes tras una denuncia por supuesto abuso sexual reiterado a una alumna de seis años del colegio antes mencionado.

Un sacerdote irlandés-chileno -nacionalizado por gracia en 2008- que mantiene estrechos vínculos personales con las familias de las mayores fortunas del país y que ahora enfrenta uno de los episodios más complejos de su vida en Chile, seis años después de defender a rajatabla a Marcial Maciel, líder de su congregación, y a uno de explicar públicamente las medidas que ese establecimiento tomó para evitar estas situaciones después del caso Karadima.

El cura de la elite

Cuando este miércoles se hizo pública la decisión del colegio Cumbres Femenino de suspender de sus actividades como capellán y asesor espiritual al padre O’Reilly, la noticia acaparó la totalidad de los medios de comunicación.

La denuncia -que implicaría según el abogado de la familia de la menor, Mario Schilling- que los abusos de O’Reilly habrían sido cometidos entre 2010 y el 2012, años que esa congregación tiene marcados a fuego: el 26 de marzo de 2010 la prensa internacional informaba del “perdón” que pedían los legionarios por los abusos sexuales de su fundador Marcial Maciel en contra de seminaristas. Y también por los hijos que había tenido con dos mujeres.

A eso se suma el reconocimiento de su director, el mexicano Álvaro Corcuera, el 22 de mayo de 2012, que por siete años encubrió la paternidad de uno de sus sacerdotes, el norteamericano Thomas Williams.

O’Relly, estrecho asesor espiritual de las familias más pudientes del país, es el sacerdote más reconocido de la Legión de Cristo en Chile y es sindicado como el más importante articulador de la red de contactos y financistas -o bienhechores, como les llaman ellos- que han apoyado a la congregación desde su llegada a Chile en 1985.

Ya sea viajando a las casas de veraneo en Zapallar con los Matte Capdevila o a la isla privada de Agustín Edwards en el lago Ranco, el sacerdote nacido en una familia de agricultores en 1946 en Navan, una localidad cercana a Dublín, es sindicado como el recaudador y principal artífice de la expansión de los Legionarios en Chile, según detalla la investigación de Insunza y Ortega.

“Es imposible que la Legión de Cristo se convirtiera tan rápido y tan explosivamente en una de las congregaciones favorita de la elite chilena sin O’Reilly. El padre John es un imprescindible porque él es el que tiene el puente con los grandes contribuyentes de la Legión”, comenta Ortega.

A juicio del investigador, que entrevistó en múltiples ocasiones al sacerdote para ese libro, O’Reilly es la figura clave de la instalación de la Legión en la elite gracias a los vínculos personales que comenzó a construir en el The Grange, el colegio Apoquindo -el mismo que también es investigado por abusos- y el Villa María Academy.

Allí, con el acercamiento al alcalde de Vitacura, Raúl Torrealba, el cura “gringo”, dicharachero y simpaticón, fue ingresando a la exclusiva red de empresarios y políticos de la elite chilena que permitieron expandir la presencia de los legionarios en el país. Nexos que son parte del sello de los legionarios y que a juicio de Ortega, el cura O’Reilly hizo de manera magistral.

Reconocido cercano de las esposas de los líderes de clanes como los Matte, Edwards y Luksic, es también un cura muy criticado por la corriente jesuita, por entregarse de lleno a la evangelización de los sectores más acomodados en desmedro de los más necesitados.

Todo esto, parte de un perfil que le ha dado un estatus privilegiado y que le permitió blindar a la congregación cuando defendió a rajatabla a Maciel, al que asistió en labores domésticas durante 10 años, luego de las denuncias de abuso sexual en su contra desde 2006 en adelante.

Cura querido

Con una figura mucho menos protagónica que en los años anteriores, después de algunas diferencias con sus superiores y de dejar la vocería de la Legión, la noticia que se reveló ayer tomó por sorpresa a los apoderados del colegio. Al menos así lo mencionaron los apoderados que se refirieron al tema en los distintos medios.

Todo esto, a pesar de que con el correr del día se supiera que la dirección del Cumbres tenía conocimiento de denuncias desde el año 2010. O’Reilly es un cura muy querido por la comunidad

Cuando el 29 agosto de 2008 un bus que transportaba alumnas de ese colegio se accidentó en Putre, dejando a nueve niñas muertas, el padre asumió un rol preponderante. Como capellán del colegio, estuvo al frente de las vigilias y misas fúnebres, e incluso estuvo presente en el Grupo 10 de la Fach cuando recibieron los cuerpos de las estudiantes fallecidas.

“Hay dolor y sufrimiento. todos llegamos a una meta y ellas estaban preparadas para partir”, dijo en esa ocasión. El accidente caló hondo en la comunidad y en el propio O’Reilly que meses antes tuvo que afrontar la muerte de Maciel y en febrero de 2009 la confirmación de hijos del fundador de la Legión, quienes también lo acusaron de abuso sexual en su contra.

El tema es algo que ha tenido que afrontar y que el año pasado alcanzó especial connotación con el caso del cura Fernando Karadima. El propio O’Reilly detalló en mayo pasado a la revista Paula el cambio de planes en el colegio después del impacto del caso Karadima y señaló que el tema era “un llamado a extremar el cuidado en el trato con los alumnos”.

Ahí también detalló que en ese establecimiento “los sacerdotes que atienden espiritualmente y profesores hacen clases en lugares que tienen vidrio. No hay rincones escondidos. Y ahora estamos reforzando para que no haya ningún lugar en nuestro colegio donde pudieran estar sacerdotes o educadores solos con los jóvenes y los niños”.

La noticia, sin embargo, tiene una connotación especial dado el contexto de las últimas semanas con más de 49 denuncias de abusos en distintos colegios, principalmente ubicados en sectores más acomodado de la capital.

De todas formas, fue el mismo cura -a través del destacado penalista Luis Hermosilla- quien presentó los antecedentes a la fiscalía casi al mismo tiempo que lo hizo el abogado del colegio, abogado Rafael Errázuriz.

En la institución, sindicado como el proyecto modelo de esa congregación, varios de sus políticos cercanos son apoderados, la mayoría de ellos pertenecientes a la UDI. Entre ellos el vocero de Gobierno, Andrés Chadwick; el alcalde de Las Condes, Francisco de la Maza; el ex presidente de ese partido, Juan Antonio Coloma. El ministro de Economía, Pablo Longueira, también dentro de ese grupo, ayer ni siquiera quiso referirse al tema en una actividad.

Otro de sus nexos más estrechos en política es el alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett, quien lo conoce desde su arribo a Chile y quien lo ha apoyado públicamente en varias ocasiones, y que ayer también declinó referirse al tema.

Por su parte, el vocero de la Episcopado, Jaime Coiro, llamó a preocuparse de la presunta víctima y su familia antes de la figura “mediática” del padre John y no apuntarlo con el dedo o sindicarlo como culpable por haber defendido a Marcial Maciel hace unos años.

“Muchas personas presumieron inocencia a Fernando Karadima, a Marcial Maciel y ahora tienen una visión distinta después de la investigación de la iglesia. Entiendo que ese también es el proceso que ha vivido John O’Reilly”, dice Coiro.

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