Caída de Teodoro Ribera desata crisis política en la derecha y tensiona clima rumbo a primarias



La ausencia de Carlos Larraín en el comité político de todos los lunes, no fue una señal potente para que el Gobierno frenara la salida del ex ministro de Justicia, Teodoro Ribera, con una renuncia que a todas luces se sintió forzada desde La Moneda.

Hasta el domingo, el ex ministro había dicho una y otra vez que no había pensado en abandonar su cargo por la polémica en que se vio envuelto tras conocerse su relación con Luis Eugenio Díaz, el ex presidente de la Comisión Nacional de Acreditación que se encuentra en prisión preventiva acusado de recibir sobornos a cambio de acreditar universidades.

Y aunque el ministro del Interior, Andrés Chadwick, dio una señal de la que sería la solución de La Moneda al conflicto al admitir que Ribera había sido imprudente al contratar a Díaz para prestar una asesoría a la Escuela de Gendarmería cuando en paralelo el instituto Incacea -donde el ex ministro tiene un 7,5% de participación- tramitaba su acreditación.

“Creo que no ha sido lo más prudente el hecho de haber contratado al señor Díaz posteriormente en Gendarmería, pero son situaciones que se mueven en el ámbito de lo prudente, de lo conveniente, lo que tenemos que tener claro y lo tenemos en el gobierno, es que hay un dique muy claro de diferenciación con hechos ilícitos, irregulares o delictivos”, dijo Chadwick, abriendo la puerta a una salida que de un mero trámite se convertiría en uno más de los conflictos entre el Gobierno y los dos partidos de la derecha.

Por eso, la ausencia de Larraín en la reunión de los lunes no logró frenar una decisión que La Moneda ya tenía tomada: cortando la cabeza de Ribera se pondría fin a un conflicto en escalada y que amenazaba con reavivar los conflictos de interés de otros ministros del gabinete, como Cristián Larroulet y Joaquín Lavín por sus nexos con la Universidad del Desarrollo.

Pero en el Gobierno no imaginaban que las eternas amenazas del senador designado podrían llegar a concretarse y que la salida de Ribera, un militante histórico de Renovación Nacional, sería la mecha que encendería el polvorín en el partido del presidente, donde no tardaron en “deplorar” la forzada renuncia del ex rector de la Universidad Autónoma en una dura declaración pública.

El documento, leído por Baldo Prokurica acompañado por el pleno de la mesa directiva de RN, afirmaba que el partido “no vislumbra en el caso falta administrativa ni delito alguno. Por el contrario, ha servido su cargo de manera íntegra y diligente”.

Pero, más grave aún, cuestionaba la falta de “una coordinación entre el Gobierno, el partido y nuestros militantes, sean ellos dirigentes o no, que muchas veces se han sentido justificadamente frustrados”, dando luces de lo que vendría más tarde.

Amenaza que no se cumple no es amenaza
Tras la declaración, la mesa de RN se reunió con el ministro del Interior, Andrés Chadwick, en La Moneda para poner paños fríos a la tensión entre el gobierno y el partido. Tras su salida del encuentro, Carlos Larraín afirmó que no se trata de que haya una “cuestión de molestia” por lo sucedido, “es cuestión de oxígeno para Renovación Nacional”, puntualizó.

“Si no es una cuestión de enojo, esto no es del orden sentimental o glandular. Esto es una cosa racional”, acotó.

A esto, añadió que “los partidos necesitan ser tratados con consideración”. E hizo ver que en RN “dimos todo el respaldo del mundo” al ex secretario de Estado, mientras que en el Gobierno, “pienso que habrán tenido alguna razón que nosotros ignoramos”, precisó.

Sin embargo, el senador designado estimó que el chicle se había estirado demasiado y que gestos como el de ausentarse de reuniones no habían logrado presionar al gobierno en el pasado y probablemente no lo harían en el futuro, por lo que sorprendió a La Moneda y mientras el presidente Piñera tomaba juramento a Patricia Pérez como nueva ministra de Justicia, la renuncia de Larraín se filtró a La Tercera, dejando en un segundo plano el acto de desagravio que el gobierno hacía despidiendo a Ribera con buenas palabras.

La noticia fue una bomba en el oficialismo y aunque en La Moneda optaron por el silencio hasta que no fuera algo oficial, en RN lo confirmaban sin problemas.

Incluso, en el partido señalaron que sólo el proceso de primarias para elegir a un candidato presidencial de la derecha frenaron la renuncia en bloque de toda la mesa directiva.

Y aunque este hecho no se concretó, la molestia de RN por la falta de coordinación entre La Moneda y los partidos existe y marcará el comienzo de la batalla por definir los cupos de las candidaturas parlamentarias en la derecha, donde el gobierno parece perder cada vez más poder de maniobra.

Hasta el cierre de esta edición, miembros de la mesa de RN aseguraban que si bien la renuncia de Larraín estaba sobre la mesa, esta había sido rechazada y se encontraban negociando con el ex concejal de Las Condes para que permaneciera a la cabeza del partido y no agrandara el problema político al interior de una coalición con serios problemas para relacionarse.

Comentarios
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