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Opinión

24 de Diciembre de 2012

Columnista se pregunta: ¿Nos gusta la paja rusa?

Por Laura Samper para Soho También conocida como española, francesa, turca y collar de perlas, el nombre de paja rusa no tiene un origen etimológico o cultural claro. Algunos lo atribuyen a que era una práctica prohibida y debían nombrarla en clave y otros simplemente bautizan el acto con una nacionalidad foránea para enfatizar su […]

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Por Laura Samper para Soho

También conocida como española, francesa, turca y collar de perlas, el nombre de paja rusa no tiene un origen etimológico o cultural claro. Algunos lo atribuyen a que era una práctica prohibida y debían nombrarla en clave y otros simplemente bautizan el acto con una nacionalidad foránea para enfatizar su naturaleza exótica de poner el pene entre las tetas. En cualquier caso, propongo que su significado sea asociado a la práctica escueta: la paja rusa equivale a una paja premium.

Hay que considerar ciertos aspectos en la anatomía de los involucrados. Para empezar —después de consultarlo con varias mujeres—, existen tres tipos de pene. Los que se caracterizan por ser lánguidos, con testículos flácidos y tristemente flacos. Existen los que Dios se tomó el tiempo de crear porque tienen el largo y el ancho perfectos y por lo general vienen ensamblados a un culo glorioso. Y están los estándar, que son una categoría menor que los hechos en el Paraíso.

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