Fuente: Lamula.pe y sinembargo.mx

En el aniversario número 108 de su natalicio, recordamos a Henry Miller como un autor que hubiera merecido -de existir la nomenclatura- el título de “novelista maldito”. La expresión no rebasa al campo de los poetas, y sin embargo Miller encontró un goce hedonístico en el caos emocional tanto o más que Arthur Raimbaud, Paul Verlaine oCharles Baudelaire.

Como si la breve cita de este rasgo de sus obras no fuera indicio suficiente, cabe mencionar que se trata de un escritor para el que una época verdaderamente estuvo a la misma altura del suelo en la balanza el comer o escribir. Resultó un absoluto desadaptado, ejerció una somera cantidad de oficios ajenos al propiamente dicho literario a regañadientes y burló a la represión sexual castrense de la sociedad americana de la primera mitad del siglo XX.

De su producción siempre se destacan sus dos trópicos: ‘Trópico de Cáncer‘ y ‘Trópico de Capricornio‘. El primero habla de sus años en París intentando convertirse en escritor, mientras que el segundo habla de su vida en los locos años veinte de América. En ambos casos, consolidaciones de un estilo pleno en densidad lingüística al servicio la crítica más ácida de la sociedad de su tiempo y la intensidad de sentimiento.

Su ensayo ‘El tiempo de los asesinos‘, en el que hace una analogía velada de su vida con la de Rimbaud, ayuda a comprender muchas de las aspiraciones y motivaciones de Miller en su transformación en escritor, y todo el universo que corona a Miller con el título con que se diera inicio a este artículo.

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