David Miscavige, el líder de la cienciología tras Tom Cruise


Vía El País

Los neófitos en el opaco universo que conforma la Iglesia de la Cienciología probablemente coincidirán en destacar a su fundador, el escritor Ron L. Hubbard, y a Tom Cruise como sus rostros más reconocibles. Hubbard falleció en 1986, el mismo año en que el actor ingresó en la confesión, pero, más allá del simbolismo que subyace tras la coincidencia, es la volátil figura del actual líder del movimiento, David Miscavige, la responsable de haber promovido a la estrella como su principal adalid mediático.

Poco se conoce de Miscavige, mano derecha de Hubbard y encargado de sucederle en la dirección. El último libro sobre esta religión, Going clear, de Lawrence Wright, periodista de The New Yorker y premio Pulitzer, aborda, entre otros temas, la ascensión hasta la cúpula y la controvertida personalidad del actual responsable, ilustrada, en buena medida, a través de su relación con Cruise.

Miscavige es presentado casi como un Rasputín de la cienciología, despótico, obcecado por el control —una premisa que ha negado categóricamente a EL PAÍS la portavoz internacional de la confesión, Karin Pouw: “El contenido de Going clear es ridículo, propio del peor de los tabloides de venta en supermercados”, indicó vía e-mail—. Asimismo, alguien que también se empeñó en expandir la influencia de esa religión y su cuota de famosos, una obsesión que heredó de su mentor. Hubbard logró enrolar entre sus filas a Gloria Swanson. Cuando Miscavige se convirtió en el líder, reparó en un joven Cruise que, con las películas Rebeldes y Risky business, se proyectaba como futuro rey de la meca del cine.

Lo que debía ser una aproximación a Cruise movida por el interés de Miscavige en servirse de la fama del actor para divulgar el mensaje cienciológico, se convirtió en un flechazo que ha derivado, según Wright, en una especie de simbiosis perfecta. El intérprete se inspiró en Miscavige para su personaje en Algunos hombres buenos, y muchos coinciden en que el carácter de Cruise se ha contagiado de la personalidad intransigente del líder de la Iglesia.

Tras conocer a Cruise, Miscavige decidió poner fin a la austeridad de su día a día. Las comidas que ofrece a sus invitados, según Going clear, pueden alcanzar los 20.000 dólares; ha sustituido a su sastre por el mismo que viste al actor, y cuando no se desplaza en el jet privado de la estrella, alquila un Boeing a 50.000 dólares el trayecto. Un tren de vida que ha despertado los recelos de algunos de sus exfeligreses. Esta semana se ha sabido que Luis García y su mujer, Rocío, han interpuesto una demanda contra Miscavige en la que le acusan de haberse quedado con los más de 420.000 dólares que ellos destinaron a obras benéficas de la cienciología. “Bajo su liderazgo”, opinan, “la Iglesia se ha desviado de sus principios para convertirse en una empresa cuyo principal objetivo es quedarse el dinero de la gente”.

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