Opinión
23 de Mayo de 2025
Misión Imposible Sentencia Final: Saber cuándo retirarse
Por Cristián Briones
El columnista Cristián Briones analiza críticamente la nueva película de la saga Misión Imposible, protagonizada por Tom Cruise. "No podría decirse de Misión Imposible: Sentencia Final, que sea una buena película. Pero sí se puede sostener que es un buen espectáculo", escribe. Y agrega: "En la pretensión de hacer una despedida, un tanto forzada por el agotamiento que demostró la instalación previa, llena de pompa y circunstancia, Cruise y McQuarrie cometieron un pecado que creo no esperábamos: cayeron en la fórmula".
Compartir
Es un poco inevitable poner en la conversación sobre cine de esta semana, a la última entrega de la saga de Misión Imposible. Es uno de los estrenos internacionales de la fecha, y trae atención mediática desde Cannes. Es tanto una despedida como un intento de celebración. Y no deja de ser un tema interesante, incluso más que por el lugar en el firmamento de las estrellas hollywoodenses que se ha granjeado Tom Cruise, porque los méritos y falencias de la película son una radiografía de una industria que recién después de más de una década en desinspirado declive, se da cuenta de que uno de los mayores peligros para sí misma, resultó ser un éxito avasallador en la taquilla.
Cosa la cual, quizás haya que aclarar, nunca fue la intención en la clave creativa de Misión Imposible. Más allá de haber sido siempre lo suficientemente exitosa, ha recaudado más de 4.000 millones de dólares para Paramount, lo cierto es que es una franquicia que nunca rompió récords, aunque siempre estuvo al alza.
Pero no era eso lo que más concitó la atención de público y crítica. Era la capacidad del cuádruple nominado al Oscar para reavivar una llama exigua: la del cine como un auténtico espectáculo masivo. Uno hecho por artistas que respetaban no solo a la industria, sino también a su audiencia. Las aventuras de Ethan Hunt estaban cargadas de acción y acrobacias tan imposibles como la asignación, pero todo aquello era parte de un ejercicio narrativo y puramente cinematográfico. Una película era un gran, gran espectáculo.
Al menos por seis entregas. Porque en esto habrá que ser revisionista y decirlo abiertamente: esa aspiración no falló en Sentencia Final. Falló ya en Sentencia Mortal Parte 1. Y así, casi con la misma intensidad que sus secuencias de apertura, todo lo armado por Brian De Palma en la primera de las películas, esa que sacó a Jim Phelps del rol protagonista e instaló a Ethan Hunt como tal, esa que definió el tono de la construcción, y que a la posteridad obligó a Cruise a buscar autores para seguir expandiendo esa misma estructura y mantenerla vigente. John Woo, J. J. Abrams, Brad Bird y, finalmente, Christopher McQuarrie se sumaron a un esfuerzo de que cada película fuera cada vez más impactante, y que la forma de hacerlo, no traicionara el espíritu de cine puro que cada vez más se volvía la firma de la serie. Hasta que tocó techo con Misión: Imposible: Repercusión.
(Misión Imposible: Fallout, 2018). Todo lo construido desde la tercera entrega, cerró de una forma demasiado precisa, tanto en la trama como en el desarrollo de los personajes. Una muy buena película, y un gran espectáculo.
No podría decirse de Misión Imposible: Sentencia Final, que sea una buena película. Pero sí se puede sostener que es un buen espectáculo. De la trama no hay que preocuparse mucho. El villano es una inteligencia artificial que quiere traer el fin del mundo y está siendo ayudado por un culto apocalíptico que se ha infiltrado en todos los estamentos de inteligencia, mientras los superpoderes luchan por impedir que llegue el armagedón nuclear. No se preocupe, si se pierde en algún punto, el director y guionista se encargará de poner en palabras una y otra vez una explicación para que usted lo sepa todo. Todo.
Lejos quedó esa época en que los espectadores no teníamos toda la información, pero estábamos comprometidos a la construcción de una escena llena de tensión. Lo que no sabíamos contribuía a lo mismo. Cada pieza de tecnología que fallaba en el peor momento, ya fuera colgando del edificio más alto del planeta o pasando en secreto por el Kremlin, cada máscara que se sacaba en el último minuto. La misión era imposible, el plan debía ser infalible. Porque aunque todo fallase en el camino, sabíamos que Ethan Hunt y su equipo improvisarían de la forma más ingeniosa posible para cumplir el objetivo de salvar el mundo.
Cruise había logrado con su personaje, convertir en algo fresco una historia contada cientos de veces, en base a emparejarse con directores que pusieran por encima de todo, el pulso narrativo necesario, una inventiva y una habilidad para comprometer a su audiencia en secuencias de acción y espionaje llenas de angustia. J.J. Abrams y su “pata de conejo” como el macguffin encarnado, McQuarrie homenajeando / robando a Hitchcock con una Rebecca Ferguson en plan “El Hombre Que Sabía Demasiado” pero con un rifle de alto calibre y un vestido de infarto.
Cruise y su equipo no estaban inventando la rueda, pero cada una de las nuevas entregas, tenía un impulso para echarla a andar a más velocidad. Ese era su mérito, que cada nuevo empuje se recargaba de creatividad en el estilo cinematográfico con una sola misión cada vez más cercano a lo imposible: crear algo que la gente quisiera ver en una pantalla gigante. Y aquí quizás está aquello que se quebró: todos esos intentos, eran construcción narrativa. Sí, vamos a ahogar a Tom Cruise, deberá resistir bajo el agua más que atletas profesionales, lo lanzaremos de la estratósfera, y un extenso etc que nos dice mucho sobre la estrella y productor, pero aún así, todos eran engranajes en una maquinaria más grande, contar bien una historia. Hacer una película.
Y en la pretensión de hacer una despedida de Misión Imposible, un tanto forzada por el agotamiento que demostró la instalación previa, llena de pompa y circunstancia, Cruise y McQuarrie cometieron un pecado que creo no esperábamos: cayeron en la fórmula. Y quizás, tampoco podemos culparlos. ¿Es necesario hoy día construir tensión en una escena con un guión muy bien escrito, puliendo el uso del montaje y con interpretaciones memorables? Parece que ya no. No vivimos en la era en que Código Negro (Black Bag, 2025) sea un éxito. Y no, no me refiero a que sean especialmente taquilleras. Una película como Minecraft sabe exactamente qué es un producto, no pretende ser otra cosa. Estamos en los tiempos en que todo es una fórmula que crece en sus ingredientes para llevar gente al cine, pero no en su propio arte. Nadie condimenta, nadie mezcla los ingredientes de otra forma. Es copiar y pegar, quizás con más explosiones. Jurassic World, Rápidos y Furiosos, Marvel, los remakes ‘live action’ de Disney. Y las últimas dos Misión: Imposible. Una fórmula en dónde lo que más se promocionaba era la acrobacia, y no si funcionaba bien en la construcción de una escena. Esa pureza de aspiraciones hitchcockianas fue traicionada y dejó paso a la repetición, la sobre-explicación, la coincidencia como aglutinante. Quizás pensando en que no era necesario ya hacer cine para crear un espectáculo.
Porque sí, Hollywood sigue necesitando ese espectáculo, y las fórmulas aparentemente han dejado de dárselo. Hay un agotamiento, y está notándose. La repetición ya no es sinónimo de cortar entradas, el último gran fenómeno al respecto, fue el ‘Barbenheimer’, y ambas películas estaban muy lejos de encajar en esas definiciones. La fórmula puede incluso cumplir en taquilla, pero se han vuelto lo suficientemente desechables, para que las audiencias se lo piensen dos veces antes de ir a una butaca y deciden esperar al mismo streaming que se las promete en breve. Es un riesgo.
Y esta es quizás la parte más frustrante, porque Misión Imposible: Sentencia Final, sigue siendo la mejor alternativa de los estrenos internacionales de la semana, la otra es uno de esos remakes “Live Action” de los que poco o nada bueno se puede decir, y no son más que el reflejo de una bancarrota creativa que comienza a no rendir frutos. Y sí, es innegable que la saga del IMF entró en el terreno de la fórmula y ello le significó un inmediato traspié, pero también podemos ver cómo Ethan Hunt ha estado en esa misión por casi 30 años. Y quizás debió saber cuándo hacer una reverencia, dar un paso atrás en el escenario y dejar que las cortinas cubrieran su salida. El momento de no aceptar la siguiente misión, debió haber sido hace dos películas. Llegamos al terreno en que “es un final y basta”. Hay cierta amargura en ello.



