La detención y acusación esta semana de dos grupos de responsables políticos del estado y la ciudad de Nueva York ha vuelto a poner de manifiesto el elevado nivel de la corrupción en la política estatal y local.

Estas once detenciones suponen un nuevo capítulo en la larga lista de políticos neoyorquinos implicados en casos de corrupción, que ha despertado nuevas voces que piden leyes más estrictas y cambiar los sistemas de financiación de las campañas electorales.

En los últimos siete años, un total de 31 cargos electos se han visto involucrados en escándalos de corrupción o mal comportamiento ético, desde acusaciones formales y detenciones hasta condenas y dimisiones, según datos de la New York Public Interest Research Grou (NYPIRG), una organización que intenta reformar la política estatal.

En esa lista figuran cargos electos de todas las razas y grupos étnicos, hombres y mujeres, jóvenes y maduros, lo que apunta a que el problema está muy extendido.

“La política de Nueva York siempre ha estado marcada por el dinero”, señala a Efe Bill Mahoney, un analista de NYPIRG, quien lamenta que “hay demasiados intereses especiales” implicados en la política estatal, sobre todo de la ciudad de los rascacielos.

En el estado de Nueva York las leyes sobre financiación de las campañas electorales “son increíblemente débiles”, deplora en declaraciones a Efe Lawrence Nordan, subdirector del Centro Brennan para el Progreso de la Democracia, de New York University.

Nordan considera que en Albany, la capital del estado y sede de las instituciones, “hay un problema de mentalidad”, ya que la influencia de los intereses de los poderosos a la hora de financiar campañas es mucho mayor que en los puestos nacionales, lo que pone a los cargos electos en manos de empresarios con intereses concretos.

Este profesor universitario confió en que estos nuevos escándalos generen un movimiento para reformar el comportamiento de las cámaras estatales, o de lo contrario se corre el riesgo de que los ciudadanos pierdan interés en la política porque “piensen que no se puede hacer nada”.

El pasado martes, el expresidente del Senado estatal Malcolm Smith; un concejal del barrio neoyorquino de Queens, Dan Halloran, y varios responsables del Partido Republicano en la Gran Manzana fueron detenidos y acusados por las autoridades federales.

Según el auto de acusación, Smith, un promotor inmobiliario y constructor del Partido Demócrata, habría sobornado a Halloran y a responsables republicanos en Queens y Bronx para que le ayudaran a ser candidato republicano a alcalde de la Gran Manzana en las elecciones de noviembre próximo.

El jueves fue el turno del asambleísta estatal Eric Stevenson, del Bronx, detenido y acusados junto a varios empresarios quienes supuestamente le habrían pagado más de 22.000 dólares por presentar una medida legislativa en favor de sus negocios.

Esas detenciones provocaron la dimisión de otro legislador local, el dominicano Nelson Castro, quien había colaborado con la investigación federal a cambio de que se abandonaran otros casos judiciales en su contra y bajo el compromiso de dejar el cargo.

El gobernador del estado, Andrew Cuomo, señaló tras conocerse todas estos casos que las nueva acusaciones “son horrorosas” y pidió mano dura para que los responsables respondan ante la justicia.

“Cada vez es más difícil evitar la triste conclusión de que la corrupción política en Nueva York es rampante y de que la cultura del dinero fácil en Albany está viva y coleando”, señaló en tono sombrío el fiscal federal Preet Bharara, al anunciar los cargos.

Bill Mahoney explica que, además del poder corruptor del dinero, los distritos municipales y estatales están configurados de forma que son “seguros” para que los gane un candidato, con ventaja para los que aspiran a la reelección, de forma que algunos cargos acaban sintiéndose inmunes y creen que pueden hacer lo que quieren.

Como dijo el todavía senador estatal Smith en una de las conversaciones grabadas por testigos y varios de cuyos fragmentos han sido divulgados en el sumario, “si la mitad de la gente en Albany fuera sorprendida con lo que hacen, acabarían probablemente” en la cárcel.