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Imagino que en una aburrida noche de un domingo de elecciones como esta, para alegrar el lunes y aleonar a sus huestes, el memorable Gato Gamboa, director de el ya mítico El Clarín, habría titulado algo así como: “Se Salvaron Jabonados Momios de M…”. Ese contundente “se salvaron” refleja a cabalidad lo que ha pasado esta noche en los comicios presidenciales.

En el hotel Plaza San Francisco donde se reunieron los allegados a la doctora Bachelet no hubo botellas de champagne para brindar y los rostros evidenciaban descontento, pues pese al contundente respaldo, muy cercano al 47%, la expectativa avalada por casi todas las encuestas no se concretó en victoria. De todas formas, ya eliminada la dispersión de votos ante la pluralidad de candidatos, lo más probable es que la derecha no pase diciembre y el festejo bacheletista sea total.

En el comando de Evelyn, en cambio, los rostros manifestaban una alegría desbordante, como si Chile hubiera vencido a Brasil en el mundial de fútbol, ya que muchos de los allí reunidos suponían que la disputa se acababa esta noche, una segunda contienda le ha dado ánimos triunfalistas, sin pensar que la historia no miente y esta es, sin duda alguna, una de las peores performance de un candidato derechista después de Arturo Alessandri a comienzos de los años 90. Para que esa alegría y sensación de éxito se mantengan el próximo mes, la derecha tiene una ardua y bien difícil tarea, ya que para alzarse con el santo y la limosna tienen que remontar unos 26 puntos.

Quizás lo más importante de estas elecciones con gusto a poco fueron las de senadores que podían abrir o clausurar definitivamente el camino institucional de la modificación de la Constitución pinochetista, promovido por la Nueva Mayoría. Hasta el momento que se escribe esta columna las huestes de Bachelet cuentan con dos doblajes seguros y un tercero en la puerta del horno, que le permitirán una mayor viabilidad a esa estrategia.

En cuanto a la elección de diputados la Nueva Mayoría ha conseguido alrededor de 70, los que podrían ayudar a este mismo esfuerzo. A estas buenas noticias se suma el crecimiento electoral del Partido Comunista que eligió a casi todas sus cartas, y el ingreso a la Cámara de varios de los dirigentes estudiantiles que le hicieron la vida difícil a Bachelet y pusieron en jaque a Piñera.

Como es casi seguro que Bachelet ganará en diciembre convirtiéndose en jefa de Estado, podrá ampararse en la épica de la victoria para concretar los sueños y esperanzas de millones de compatriotas. Esto es tan simple como que por vez primera desde los tiempos de don Salva y del Gato se haga lo que se ha dicho que se va a hacer: modificar la Constitución pinochetista, crear un sistema educativo gratuito y de calidad, además de las reformas tributaria y laboral.

Posiblemente esa esperanza mitigará en algo lo latero de este domingo.

*Historiador CEP