El empresario Carlos Eugenio Lavín García Huidobro, uno de los hombres más ricos del país con su holding Penta, escribe una extensa carta a El Mercurio para despedazar la reforma tributaria propuesta por el gobierno.

El texto señala que Andrea Repetto dijo claramente que la idea de la reforma es quitarle un 15% de sus ingresos al 10% más rico de Chile.

Según el empresario “donde debemos centrar la mirada es en el dilema entre qué es mejor para la ciudadanía respecto de la utilización de parte importante de sus ahorros. ¿Será mejor que, como sucede en la actualidad, el 15% de las utilidades de las empresas grandes lo administren empresarios? ¿O será mejor que ese 15% de las utilidades lo administre el gobierno de turno?”

Lavín opta por la primera opción argumentando que “si este ahorro, como sucede en la actualidad, se queda en los empresarios, por el mecanismo del FUT, será reinvertido en depósitos que financian ya sea a otras empresas o a personas, vía mercado de capitales; en capital para empresas productivas; en algún porcentaje en empresas que no van a funcionar (hacer negocios tiene riesgos) y un pequeño porcentaje en la tan cacareada elusión (tal vez algún juguete caro innecesario para producir la renta u otras cosas que a nivel de país suman poco)”.

A su juicio, Lavín manifiesta que “La mayor eficiencia en la inversión de estos recursos se traduce en crecimiento de la economía, lo que conlleva mayor y mejor empleo como ha venido sucediendo en los últimos 30 años. Si este ahorro, como lo propone la actual reforma tributaria, lo administra el Estado, puede tener muchos usos alternativos, los cuales se cobijan bajo el amplio manto del llamado gasto social”.

Desde su análisis de la reforma tributaria, el empresario se traslada a la crítica a la reforma educacional, explicando que si “lo que se pretende es desmontar todo lo que existe para construir un utópico sistema centralizado de educación gratuita, es seguro que el país irá marcha atrás por muchos años. Este sistema se llama subsidio a la oferta. Va en contra de la libertad de enseñanza y descarga a los padres de la educación de sus hijos, traspasando esta responsabilidad al Estado, el que sabría mejor que los interesados qué conviene enseñar a cada cual”.

Lavín es tajante en decir “que nos quede claro, lo que se propone es un traspaso de ahorro desde manos privadas a manos del gobierno de turno. Si eso es bueno o malo, va a depender de cómo se use el dinero. Entonces lo que la ciudadanía debiera exigir es que le rindan cuenta de qué se hace con esos ahorros”.

Finalmente, el accionista de Penta asegura que “si esta reforma consigue traspasar estos ahorros desde las empresas privadas al Estado, es de matemáticas simples que va a haber menor inversión en crecimiento económico de corto y mediano plazo. El canje que el Gobierno ofrece para compensar este evidente perjuicio es una mejor educación para nivelar las opciones de sus ciudadanos, que serán, eventualmente, más productivos en el futuro gracias a sus mejores conocimientos, en su propio beneficio y en el de la sociedad”.

El debate que se se viene, según Carlos Eugenio Lavín, es si la ciudadanía quiere “cambiar crecimiento cierto por un probabilístico crecimiento futuro basado en una reforma educacional de resultados que pueden ser quiméricos si estos ahorros son malgastados por el Estado. La ficha vale unos US$ 160.000 millones (US$ 8.000 millones de gasto permanente descontados al 5% anual)”.