Estoy en un aeropuerto y tengo que comprar un pasaje a Buenos Aires para ir al cumpleaños número 94 de mi abuela. El pasaje cuesta $1.000.000 y yo no tengo $1.000.000. Me pondría a llorar si es que no llegara una joven alta y sensual a puntearme. Me puntea y le dice a la persona vendedora que ella me va a comprar el pasaje. O primero dice, luego puntea. Quiero darme vuelta para culiármela, pero es como si se me hubiera olvidado la forma en que se gira el cuerpo y entonces estoy haciendo nada en un departamento chico con un gato chico.

Cuando despierto estoy caliente pero sin tiempo pajeador. Todo lo que pienso lo pienso en la ducha. Debe ser cinco de abril. No voy a decir por qué, pero siempre empiezo a soñar cosas cochinas en la misma fecha del mes por cuatro tres seis noches seguidas. Debe ser un abril raro. Nunca se había aparecido una dama hermosa en mis sueños. Tampoco es que se aparezcan sólo hueones horrorosos. Son más bien varones (sólo una vez una mujer) a los que no deseo.
Hay distintos tipos de indeseables.

Indeseable Por Olvido
Profesor de química del colegio, voz de pito. Personaje secundario en mi vida. O menos que secundario. Un extra. Ni siquiera es que lo olvide: siempre estuvo olvidado. Pero una noche, época universitaria, se aparece en una piscina con el pico parado. Está todo oscuro, él y yo en la piscina, siento su pico un poco más abajo del ombligo, me abraza, me despierto antes de que me culee.

Indeseable Identificado
Le dicen Tata y es un hueón de la U que tiene cien años y hace cincuenta que va en segundo de la carrera. Tiene la pera larga -así como Gargamel- y no hace falta decir que es más feo que la chucha. Es universalmente reconocido como ese hueón al que uno nunca le daría ni siquiera un besito sin lengua así que no me sorprende (el inconsciente es bien culiao) aparecer con él en una pieza como de madera, media de playa, mientras me pone boca abajo, me lo mete y estoy tan caliente que me pasa algo que me ha pasado sólo tres veces en la vida: tener un orgasmo mientras sueño.

Indeseable Entre Indeseables
Mi papá.
No diré más.

F. pertenece a una categoría a medio camino entre el Indeseable por Olvido y el Indeseable Identificado. Pienso en él pero poquito y me da asco, pero poquito. En mi sueño está acostado, pico mediano parado, en una cama que no es tan una cama si no un montón de frazadas desordenado. Yo estoy en pelota subiéndome encima, sentándome en su picomedianoparado y moviéndome en circulitos. Lo que me gusta de los sueños es que nunca soy como en la vida: no soy generosa con el otro. No me importa si lo pasa bien o no. No me importa si estoy guatona. Sólo existe mi propio choro duro.

Cuando despierto siento lo que se siente en estos casos. Una mezcla de incomodidad y vergüenza. Una calentura culposa que se transforma en algo parecido a la complicidad cuando lo veo, un par de horas después, siendo feo en su puesto de trabajo. Complicidad unilateral suena a oxímoron pero no se me ocurre otra forma de decirlo: yo sé algo que él no sabe, que lo implica y que tal vez quisiera saber.

Le mando un mail: Soñé contigo.

Me responde mail tímido.

Le contesto no tan tímida: Anda al patio. Tengo que decirte algo.

Del patio al motel un paso. Desordeno la cama porque quiero que sea igual a mi sueño. Mientras desordeno, él habla. Soy la tercera mina con la que va a culiar en su vida. La primera fue su ex esposa. Lo miro como de reojo, pero no voy a dejar que una confesión perna me ponga choro lacio. Le doy un beso y logro que quede acostado. Sigue hablando: la segunda fue una mina que también le escribió un mail. Una periodista. Le decía que quería que se lo metiera por el culo. Fueron a un motel y la mina, 36 años, tenía calzones de Hello Kitty y se puso boca abajo. La segunda vez llegó con otros calzones Hello Kitty y disfrazada de escolar. De nuevo boca abajo. Las dos veces él eyaculó en ocho segundos y medio. Supongo que Hello se sintió todopoderosa, pero no feliz. No volvieron a culiar nunca más.

Le agarro el pico. No lo tiene mediano. Es larguísimo, más o menos flaco y arriba se pone grueso. Creo que no estoy describiendo bien: tiene la cabeza del pico gigante.

Nunca me había quedado tan clara la metáfora de la callampa.

Me subo encima sin darme cuenta de que la historia Hello tenía un propósito pedagógico.

-Quiero hacértelo por el culo.

Yo quiero hacerlo como en el sueño.

-Después por el culo. Primero así.

Me toma y me da vuelta.

-Porfa.

-Chucha, no.

-Porfa.

Por un minuto y medio la única palabra que sabe decir es porfa mientras yo trato de volver a estar encima y ya no sé si tengo ganas de alguna hueá cuando cedo, bueno ya, y él eyacula en ocho segundos y medio para quedarse dormido después. Al menos no ronca, el culiao. Me visto y entiendo a Hello. Yo tampoco me lo voy a volver a culiar.

Entonces pienso:

Esa frase tan tarjeta Village que dice “Sigue tus sueños” la inventó un señor perverso.

Esa frase tan tarjeta Village que dice “Sigue tus sueños” es más mentira que la chucha.

Esa frase tan tarjeta Village en realidad no es tan tarjeta Village. Es más como de esas especies de calendarios que venden en la Feria Santa Lucía y que tienen la foto de un atardecer, de una rosa o de un campo de flores amarillas, y uno nunca -nunca nunca- se los compra.