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Opinión

22 de Mayo de 2014

Conversaciones en la City: “M´hijitos ricos” en las calles

La amistad de Luis y Gustavo ha sobrevivido a cincuenta años de historia política y social: la revolución cubana, la guerrilla, Frei y Allende, Pinochet, la Concertación y la Nueva Mayoría. Hoy, a pesar que es día hábil, se aprestan a celebrar un asado en la casa de Luis ubicada en el límite de Providencia […]

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La amistad de Luis y Gustavo ha sobrevivido a cincuenta años de historia política y social: la revolución cubana, la guerrilla, Frei y Allende, Pinochet, la Concertación y la Nueva Mayoría. Hoy, a pesar que es día hábil, se aprestan a celebrar un asado en la casa de Luis ubicada en el límite de Providencia con Ñuñoa. La razón es que ha sido convocada una gran marcha estudiantil y Luis -que es profesor en el Instituto Nacional- y Gustavo que tiene oficina en la sede central de la Universidad de Chile, no podrán acudir a sus lugares de trabajo, razón por la cual han decidido, con este asado, acortar el día.

Son las tres de la tarde, el carbón está encendido, han probado claritos de vodka y acaban de tirar a la parrilla unas longanizas de Chillán mientras terminan de adobar un lomo liso. En ese momento, llega el hijo de Luis con tres amigos, que vienen de la marcha que acaba de terminar.

-¿No fueron a la marcha?- dice el hijo, alumno de primer año en la Universidad, mientras saluda a Luis, su padre- Parece que se nos anduvieron aburguesando en la parrilla ¿ah?

-Es que me empezó a cabrear prestarme para algo que se va transformando en hueveo- contesta Gustavo, mientras prepara un choripán, entre amostazado y divertido.

-¡Así que Ud. cree que es una huevada que nosotros hayamos impuesto desde la calle una reforma de la educación!- dice el Estudiante 2, francamente molesto.

-No he dicho eso, sino que esto se va transformando en huevada. En las marchas se les infiltran desalmados que destruyen la propiedad pública y asaltan pequeños negocios- explica Gustavo.

-Pero esos grupos son ajenos al movimiento estudiantil- alega el Estudiante 1.

-Lo sabemos, lo que te quiero decir es que el activismo en la calle tiene más reglas. Si se desmadra, entonces termina sirviendo a sus enemigos. Ese desorden y violencia callejera favorece a la derecha, a los autoritarios que anhelan el orden por el orden. Hay miles de páginas que desde la izquierda, no desde la derecha, denuncian el carácter contrarrevolucionario de la agitación callejera cuando se sale de control- dice Luis.

-Entonces, deduzco: ¡No hay que hacer nada! Ustedes con tantas lecturas ¿cómo lo hacían? ¿o no lo hacían? – dice sarcástico el Estudiante 3.

-No simplifiques. La calle no es fácil. Si no la puedes controlar no te metas en ella porque vas a terminar sirviendo al enemigo. Cuando íbamos a la calle, te ruego no se ofenda tu alma pura y bella, íbamos también con brigadas de choque. ¡Sí, como suena! Brigadas que ponían orden. Es cierto que crean problemas graves, especialmente en otros planos, pero nada tan grave como convocar a algo que no se controla- afirma Gustavo con el peso de la experiencia. -A ver, a ver, tío, explíqueme –suelta el Estudiante 1 con franco sarcasmo y desagrado.

Luis responde con amabilidad, pero imponiendo su tonelaje de experimentado político y profesor del Instituto Nacional:
-En las grandes marchas de los 70… bueno, más cerca en la lucha contra la dictadura, tuvimos de las dos cosas. En los años 85, 86, nuestras marchas, que eran multitudinarias, terminaban mal. Las masas se iban y entraban los espontáneos a destruir las casetas telefónicas, los activistas de pacotilla que creen que quemar buses es un acto revolucionario, apedrear y saquear locales comerciales. Y toda esa violencia era el tema central de los noticiarios de la televisión. La toma preferida eran unas motos a toda velocidad donde el ocupante del asiento trasero iba desde un bidón desparramando una estela de bencina a la que luego tiraban un fósforo. ¡Era el mejor material de la campaña de Pinochet! “Yo soy el orden; ellos el caos”. Estoy seguro que un tercio de esos violentos eran anarquistas, otro tercio lumpen y otro tercio agentes de la policía.
-¿Y que hicieron?- pregunta el Estudiante 2.

Gustavo responde sin dudar:
-Suspendimos las marchas hasta que pudimos lograr un acuerdo para organizar una fuerza nuestra que pusiera orden. Y fue un acuerdo de todas las juventudes políticas: la DC, socialistas, comunistas. Había que ser suicida para meterse en nuestras marchas a destruir locales comerciales o apedrear ventanales. Nos encargábamos de las dos cosas, de llamar a la calle y de asegurar el orden, con nuestros propios grupos de choque, armados de cadenas de bicicletas, palos, linchacos. No hubo más violencia ni al inicio, ni al medio, ni al término de las marchas… -Aquí Luis interrumpe a su amigo:

-La verdad es que no me gusta eso de hacer la convocatoria, encabezar la marcha sonriendo a la tele y los fotógrafos, y luego me retiro dejando la calle entregada a grupos que condeno, pero que no controlo, y al orden que puedan imponer “los Pacos”… o que quieran no imponer, porque con las policías uno nunca sabe…. Esa no es la lucha callejera que respeto; esa es la de los m´hijitos ricos. No resulta y termina destruyendo su propio objeto- termina enfático Luis.

El Estudiante 1 sigue irónico y molesto:
-Pero antes de pasar al asado, ¿dígame cómo va a terminar este apocalipsis que usted nos está anunciando?.
Sin hacer caso de la ironía del joven, Gustavo, antes de comenzar a deleitar su segundo choripán con longaniza de Chillán, vaticina :

-Si no hay grupos internos que se ensucien las manos para controlarlas, el saldo de las marchas va a ser cada vez más violento y más aprovechado por los conservadores. Esos actos vandálicos tienen aseguradas las portadas de los diarios y los espacios centrales de los noticiarios. La sociedad va a abandonar las marchas y luego las va a condenar. La derecha, como siempre, va a repudiar de boquilla la violencia callejera, pero en su corazón va a aplaudirla pues ella da carne a una de las pocas banderas en que tiene ventaja: la defensa del orden. Y los más violentos grupos anarquistas ya lo están haciendo, harán que el mayor objeto de su agresión no sean “los Pacos” sino los partidos, incluidos los comunistas. Esa es una lección de la historia.

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