auto-troll

Le pongo culiá conchetumare a la Javiera. Creo que es febrero del dos mil cinco. Estoy aburriéndome en Osorno y consagro mi día a tener calor y a espiar fotologs. Siempre parto por el de ella (/jajajavita). En su última foto hay una fiesta, dos amigas, /jajajavita al medio con una polera que no es una polera si no un pañuelo. Un pañuelo tapándole las tetas (hermosas) y apenitas la guata (hermosa).

No sé qué es lo que me hace detenerme así en sus fotos. Sus tetas (no sólo hermosas: son enormes), su clavícula (perfecta como la de Vale Roth antes de la compulsión vigoréxica) o la sensación de que todo en la vida de /jajajavita es perfecto. De que estar dentro de su piel se debe sentir tanto mejor. Le mando el link con la foto a una amiga. Le digo cacha la culiá se viste con un pañuelo. Mi amiga sabe la mentira que quiero escuchar así que me dice: se ve como la callampa. Y agrega: postéale. Postéale erís terrible de maraca. Evalúo la posibilidad, me decido, no me decido, me decido, no.

No es una época en la que piense en temas de género, pero intuyo que postearle maraca a una mujer no es justo. Mucho más justo es poner culiá conchetumadre. Es el primer y último troleo de mi vida. Troleo precario: desde que comento hasta que borro el posteo, vivo treinta y no sé cuántos minutos de intensa culpa cristiana. Dos meses después, descubro –acepto- que estoy enamorada de ella, pero eso no es lo que quiero decir.

Lo que quiero: nunca más comento en nada. Ni en noticias, ni en blogs. Ni siquiera en youtube. A veces tengo el impulso, pero cualquier contratiempo técnico (“Debes iniciar sesión en Facebook para comentar”) me hace detenerme. Me falta energía para querer hablarle a un destinatario inasible. Como troll ¿a quién le escribo? Si la noticia habla de Camila Vallejo: ¿le estoy escribiendo a Camila Vallejo que, por supuesto, no leerá lo que pongo? ¿O le escribo a los otros trolls con la intención de enunciar “Yo soy esto”?

Me está pasando lo de siempre. Cuatro párrafos y todavía no digo lo que debo. Me apuro: nunca comento, pero siento hermandad espiritual con los trolls. Igual que un troll, siempre estoy furiosa. Igual que un troll, leo todos los comentarios de los demás. Igual que un troll, destino el ochenta y siete por ciento de mi vida a la virtualidad. Igual que un troll, la irritación es mi energía. Soy tan feliz enojándome que he llegado a hacer una clasificación cuidadosa de qué comentarios me enfurecen más según qué tipo de noticia. Seré breve:

a) En noticias gais
Ejemplo: rayan la sede del Movilh con frases del tipo fletos culiaos. Movilh denuncia el hecho. Comentario común a la noticia: “¿Por qué no tenemos derecho a no tolerar a los maricones?” muy al estilo Claudio Orrego/Fernando Villegas: “Me siento discriminado por no poder discriminar”. Acá me dan ganas de comentar: váyanse a la conchetumadre.

b) En videos de Youtube.
La gente que pierde el tiempo en internet se divide entre las que leen los comentarios de youtube y las que no. Es como un test de blancura del ocio. Yo paso la prueba: apenas veo los videos. Sólo leo los comentarios. Por ejemplo, de algún video de Spinetta. Me gusta Spinetta (aunque prefiero a Charly y he tenido discusiones tensas con gente que piensa que Spinetta es superior: que se vayan a la chucha), pero no entiendo por qué es necesario poner: “Esto sí que es música. No como esa mierda de reguetón”. Enloquezco de furia. ¿Por qué siempre hay que denostar al hermoso y pobrecito reguetón?

Spinetta otra vez. En su video –y en todos los de música pre años noventa- encuentro lo siguiente: “Tengo trece años y me encanta esta música”. Por la chucha. ¿Y a mí qué? ¿Qué quiere ese pendejo? ¿Qué lo felicitemos por escuchar Spinetta? Ya llegará el día en que Justin Bieber sea kitsch y el pendejo se arrepienta de sus elecciones musicales. Estoy siendo amargada: lo sé. ¿Pero no se trata de eso?

c) En noticias mundialeras.
El troll/comentarista que dice cosas como “Chile quedó eliminado y las isapres siguen existiendo”/”Ojalá celebraran así en Plaza Italia cuando cambien la constitución”/etc etc. Está bien: convengamos en que las isapres y la Constitución son una mierda, pero ¿entonces qué? ¿dejo de ver fútbol hasta que las isapres dejen de existir? ¿nunca más grito un gol hasta que cambie la Constitución? ¿Y qué pasa con otras experiencias que hacen que uno esté suspendido del agobio del mundo? Ejemplo: ir a conciertos, leer libros, pasear en un día de sol. ¿Debo dejar de hacer esas hueás porque hacerlas sería una frivolidad hasta que el universo no cambie? Me dan ganas de comentar: chúpenla, feos culiaos, pero soy una dama.