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El Palacio de La Moneda será el escenario de una ceremonia que encabezará la presidenta, Michelle Bachelet, y a la que el Gobierno ha invitado a cerca de 500 personas, donde se espera la presencia de los expresidentes Eduardo Frei (1994-2000), Ricardo Lagos (2000-2006) y Sebastián Piñera (2010-2014), mientras que Patricio Aylwin, el primer gobernante después de la recuperación de la democracia en 1990, está aquejado de un resfrío y es posible que no acuda al acto.

Bachelet será la única oradora de la ceremonia y su discurso se centrará en la figura de Salvador Allende, que el 11 de septiembre de 1973 se quitó la vida en la sede del Gobierno en medio del bombardeo de los militares golpistas, liderados por el general Augusto Pinochet.

La conmemoración del derrocamiento del gobierno de Allende se ha convertido desde hace años en el pretexto para que encapuchados de grupos antisistema levanten barricadas y se enfrenten a la Policía en barrios populares de Santiago.

A estos habituales episodios de violencia se añade este año la preocupación de las autoridades por el atentado explosivo del lunes pasado en un local de comida aledaño a la estación del metro de Escuela Militar, en el barrio capitalino de Las Condes, que dejó 14 personas heridas.

La Policía y la fiscalía investigan el suceso, calificado por el Gobierno como un “acto terrorista”, y sospechan que detrás del ataque están los grupos anarquistas que han colocado decenas de artefactos explosivos durante los últimos años en Santiago.

En ese contexto, el Gobierno chileno anunció un plan especial de seguridad e identificó 97 posibles focos de disturbios y 38 puntos críticos en 13 barrios de la capital.

El intendente (gobernador) de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, explicó que en esas zonas se reforzará la presencia policial y que los municipios ayudarán en la prevención de actos vandálicos con la limpieza de las calles y el retiro de neumáticos de las vías.

Además este jueves se adelantará a las 17.00 hora local (20.00 GMT) la hora punta del metro y de la red de autobuses públicos de la capital para que los usuarios puedan regresar a casa sin problemas.

“Se han tomado todas las medidas para que ese día sea tranquilo, un día de reflexión y que la gente pueda volver a sus casas sin inconvenientes”, dijo Orrego en declaraciones que recogen los medios locales.

En el plano político, el 11 de septiembre es una fecha controvertida debido al apoyo que amplios sectores de la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN), los partidos en la oposición, dieron al régimen militar.

El senador de la UDI Iván Moreira, un férreo defensor de Pinochet, aseguró hoy que la fecha del golpe de Estado, que él denominó “movimiento militar”, debe dejar de ser una “fecha de división” y abogó por un “pacto social” para encarar el futuro.

Moreira criticó que la derecha chilena, en especial las nuevas generaciones, se deje “arrinconar” por sectores de izquierda como el Partido Comunista, que trata de inhabilitarla “con una autoridad moral que no tiene”.

Diversas asociaciones de militares retirados de las Fuerzas Armadas y Carabineros publicaron hoy una inserción pagada en el diario La Tercera en la que reivindican la asonada militar de 1973 y critican los procesos judiciales y condenas a exuniformados por violaciones a los derechos humanos.