Mauricio Ruiz Movilh 1
“Un cola en las Fuerzas Armadas y un cola que renuncia a RN en una sola semana. Que resucite Hija de Perra mejor”, escribió Joven y Alocada en su cuenta de Twitter. Eso mismo pensé en las ceremonias fúnebres de nuestra irreverente e inmunda Hija de Perra. Ahí, mientras las colas sin clóset celebrábamos a la performancista y activista por la desviación política de la sexualidad, Rolando Jiménez, bigote retocado mediante, anunciaba la “salida del clóset de un marino gay”. ¿Popeye travestido de Olivia? ¿La tataranieta colita de Arturo Prat? No. Se trataba de la salida del armario -a través de una curiosa conferencia de prensa- del marino Mauricio Ruiz. Ni el popular Rumpy con su grado uno, dos o tres imaginó tamaña e impensada “conferencia”.

Nadie podría decir que Mauricio Ruiz no tenga derecho a asumir públicamente su sexualidad en una sociedad machista que castiga al diferente, particularmente si rema en una de las instituciones más conservadoras del país. La crítica política está en el carácter histórico –e histérico- que el Movilh imprimió a la publicitada acción proselitista. Justo en estas fechas –pienso- el cuerpo homosexual se hace visible sin preguntar por el paradero de los cuerpos de los detenidos – desaparecidos. En la cuestionada conferencia gaystar se habló de amor, respeto, valentía y avances en derechos, pero no se llamó a sacar del clóset toda la información que archivan las Fuerzas Armadas sobre los crímenes perpetrados por la dictadura cívico -militar instaurada a sangre y fuego un 11 de septiembre de 1973. Es valioso que las Fuerzas Armadas reconozcan la diversidad pero más valioso será el día en que revelen el paradero de los detenidos. La información existe pero cohabita con espacios de silencio que -inquietantemente- se vinculan a cierta voz homosexual. ¿O es que acaso la incorporación de dicha voz a las Fuerzas Armadas –validando su actuar- no complicita con el silencio represivo del aparataje militar?

En este político devenir se posa en mi memoria el clóset cuico de Fundación Iguales instalado en el Centro Cultural Gabriela Mistral y la Plaza de la Constitución. La idea –básica e infantil para la disidencia sexual- era que personalidades políticas, sociales y culturales ingresaran al clóset, escucharan una historia de siniestra discriminación para que -encerrados en una fantasiosa puesta en escena- comprendieran las implicancias de la discriminación. El acto final consistía en salir del clóset para posar frente a las cámaras sellando así el compromiso transversal de la “clase política” con la lucha en contra de la discriminación. Era contraproducente e irrisorio ver “salir del clóset” a políticos y autoridades de derecha, centro e izquierda deslumbrados por el efecto foto – progresista en evidente contraste con el dolor que implica el armario del disidente sexual.

Fundación Iguales se molestó porque expresé una crítica pública a su decorado e higiénico actuar, descartando un debate político sobre las luchas por la visibilidad cultural en Chile y los (contra) sentidos de la diferencia e igualdad en el país más desigual de América Latina. Sería interesante aquel debate. Un necesario intercambio de locas pasiones e ideas que –sospecho- tensionarían las políticas de integración e igualdad que se busca promover a través de estas mediáticas campañas. Todo indica que Movilh e Iguales pretenden uniformar e institucionalizar nuestros cuerpos para así capitalizar sus lógicas sistémicas y asalariadas sin entrecruzar -políticamente- las luchas de clase, género e identidades sexuales.

En estos días de un septiembre siempre contradictorio, los desaparecidos y desaparecidas reclaman verdad y justicia golpeando con fuerza histórica los clóset de nuestra memoria política, social, cultural, sexual e identitaria. En estos días, tardes y noches de septiembre, pregunto y vuelvo a mil veces preguntar: ¿Y los cuerpos dónde están?

* El autor es periodista, apóstata y activista, conocido como El Che de los Gays