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Sylvia Plath, la gran poeta suicida para quien morir era un arte, desde su juventud dividió su deseo creativo entre la poesía y la pintura, el dibujo, la tinta o carboncillo, una actividad que le aportó gran felicidad en sus primeros años junto a Ted Hughes, como demuestran sus dibujos recogidos ahora en un libro.

“Dibujos” es el título del bello volumen, que publica Nórdica, gracias a Freda Hughes, la hija de la poeta y autora del prólogo del libro. El poeta Ted Hughes poseía esta colección de dibujos y fue él quien antes de morir, el 28 de octubre de 1998, se los regaló a sus hijos Freda y Nicholas.

Así lo cuenta Freda en el libro. “Aunque mi padre repartió los dibujos entre los dos, mi hermano me pidió que los guardase todos yo y los conservase hasta que, cuando tuviéramos tiempo suficiente, pudiéramos organizar una exposición para exhibirlos. Pero la vida se interpuso y pasaron los años, y luego, trágicamente, el 16 de marzo de 2009, mi hermano también se suicidó”, relata.

Los dibujos se expusieron por primera vez en 2011 y ahora han quedado encerrados en un libro que muestran la avidez creativa de la autora de “El coloso”. Dibujos que hizo la escritora estadounidense, una poeta testimonial, transcendente, intensa y visionaria, en Inglaterra, Francia, España y Estados Unidos.

Obras que arrojan luz sobre los años felices con su gran amor, Ted Hughes, criticado por muchos que le acusaron del suicidio de la poeta, pero quien ha protegido todo su legado.

Y que fueron hechos cuando se conocieron y cuando se casaron secretamente, cuando ella vivía en Cambridge con una beca. Juntos viajaron a París y España, a Benidorm, de luna de miel, mucho tiempo antes de que Plath escribiera su novela “La campana de cristal”.

Paisajes, escenas de la cocina española, con fogones, botellas de aceite, lechera y ollas, vacas, casas; barcos, tiestos, naturalezas muertas, cafés, tejados, o botellas de Chianti o de Beaujolais, o kioscos de prensa parisinos, bocetos y hasta un retrato de Ted Hughes conforman el material de la Sylvia Plath dibujante.

Dibujos que van acompañados de cartas y fragmentos de un diario junto al prólogo de la hija de la gran poeta que se quitó la vida en febrero de 1963 metiendo la cabeza en el horno del gas.

“Nos cansó mucho el viaje, pero en gran medida fue divertido. disfrute la última semana en Benidorm más que ninguna hasta la fecha, como si estuviera despertándome a la ciudad, deambulé con Ted haciendo bocetos detallados con pluma y tinta, mientras él leía, escribía o meditaba sin más, sentado a mi lado”, le dice Plath a su madre en una carta escrita en 1956.

“Espera a ver estos pocos de Benidorm; los mejores que he hecho en toda mi vida, líneas y sombreados muy marcados y refinados; asuntos muy difíciles también…”.

En otra carta a la madre se refiere a Benidorm como “ese encantador pueblecito español en el que pasamos cinco semanas en nuestra luna de miel”.

La fusión de la pintura y la poesía, elementos indisolubles para muchos poetas, fue un elemento importante para Sylvia Plath como recuerda su hija en el libro, porque, además, la calmaba, recuerda.

“En su última recopilación de poemas,’Cartas de cumpleaños’, mi padre menciona los dibujos de mi madre (…).En su poema ‘Dibujar’, describe como el propio acto calmaba a mi madre, y cómo se concentraba y tranquilizaba, y cómo, a medida que las hora ardían, torturaban a los objetos que representaba hasta que éstos ocupaban su posición definitiva…”, escribe Freda Hughes.

Algunas de las primeras obras de arte de la poeta, junto con bocetos y dibujos en cartas y postales, se hallan en el archivo de la poeta en la Mortimer Rare Book Room de Smith College, Massachusetts, y en la Lilly Library, en Blooomington (Indiana).

Todos menos estos bellos dibujos que ahora han quedado recogidos para en este libro.