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Este es otro dato más que confirma lo desigual que es Chile. Santiago es la tercera ciudad en toda América Latina con más números de billonarios (fortunas de mil de millones de dólares).

La cifra se desprende del informe de la consultora Wealth-X y el banco UBS, que ubica a la capital chilena detrás de las megaciudades de Sao Paulo y el DF mexicano.

De acuerdo a los datos del estudio, en Santiago hay 18 billonarios, que en conjunto tienen una fortuna de 45.000 millones de dólares, lo que equivale a casi 6 veces lo que se pretende recaudar con la reforma tributaria en régimen.

Los billonarios de Santiago son la mitad de los que hay en Sao Paulo, que en todo caso tiene una población (más de 11 millones de habitantes) de casi el doble de lo que hay en la capital chilena, y más que todo Chile si se considera toda el área metropolitana de la ciudad que es el centro financiero de Brasil.

Esta ciudad tiene 36 billones con una fortuna conjunta de 91.000 millones de dólares, según la agencia EFe.

En segundo lugar aparece el DF mexicano con 21 billones que amasan conjuntamente 151.000 millones de dólares.

A nivel Mundial las ciudades con más billonarios son Nueva York, Moscú, Hong Kong, Londres y Beijing.

Otro dato que grafica la profunda desigualdad de Chile es que en Madrid, que es la sexta en el ranking europeo y que se encuentra en el puesto 19 de la lista mundial hay 21 billones, pero con una fortuna de 29.000 millones de dólares (23.000 millones de euros), un poco menos de la mitad que hay en Santiago.

En total, hay 2.325 billones en el mundo, un 7,11 por ciento más que en 2013, con una fortuna conjunta valorada en 3,7 billones de dólares, lo que representa una subida del 12 por ciento.

Wealth-X indica que los billonarios, de los que el 90 por ciento tiene entre 1.000 y 10.000 millones de dólares, deciden su lugar de residencia más en función de ciudades y capitales y no tanto por países.

“Los billonarios también tienden a tener mucho dinero en efectivo. La aparente seguridad del efectivo, reforzada por la dolorosa experiencia psicológica de la crisis global en 2008-2009 y los problemas posteriores en la Unión Monetaria Europea probablemente favorece esta estrategia de cautela”, indica el informe.