OVEJAS NEGRAS

Josué Barredo, hijo del director de Granma:
“Cuando le conté a mi padre que me iba a Miami se sintió traicionado’

Su padre es Lázaro Barredo, el director del “Granma”, un diario tan castrista como pinochetista es El Mercurio. Josúe, en cambio, es poeta y a los 22 años decidió irse a Miami. No soportaba la censura y el encierro mental de la isla. Hoy tiene 30 años y desde su partida de la isla, casi ni se habla con su padre.

¿Cómo son los medios en Cuba?
Yo empecé trabajando gratis, con 16 años, en el periódico ‘Juventud Rebelde’. Era fotógrafo. Después me fui a ‘Somos Jóvenes’ y terminé en la revista cultural ‘El Caimán Barbudo’. Allá todos los periódicos tienen una sección de cultura, otra de política, una de humor, de deportes, pero todas publican lo mismo con diferente estilo. En Cuba, las revistas responden a una sola organización que es el ‘Comité Central del Partido’. Y, bueno, la noticia es dirigida: ellos dicen lo que hay que publicar y lo que hay que escribir. Te puedes salir de esos parámetros y puede que no te publiquen. Y ser perio-dista marcado en Cuba es ser nada.

Cuéntame acerca de la censura.
Cada periódico tiene un departamento de censura que es dirigido por personas a las que se les llaman ‘cuadros’. La ma-yoría de ellos no son intelectuales sino que están preparados por el gobierno para censurar el trabajo de los periodistas y los fotógrafos. Ellos se reúnen antes que salga el número y con antelación te dicen ‘este es el trabajo que te toca y andando’. Nadie propone nada.

¿Te censuraron directamente?
Una vez hicimos un trabajo en ‘El Caimán Barbudo’ sobre los negros en Cuba durante los años 50. Se nos ocurrió utilizar una fotografía vieja, de archivo, donde aparecían unos negros parados en una favela al lado de una cloaca, de un caño donde ellos tiraban el agua sucia. Entonces, el señor director decidió no poner ese artículo porque decía que estábamos comparando a los negros con una cloaca. Eso le pasa a todo el mundo y era gráfico, a la hora de escribir es peor.

Me imagino.
A un amigo que colaboraba en una revista argentina se le colaron a la casa preguntándole: ‘que porqué tenía un fax, teléfono, computadora’ y eso que estaba escribiendo para una revista de izquierda. Otro amigo, por ejemplo, fue sacado de la universidad antes de terminar su carrera de periodismo por una necesidad que había en el periódico ‘Juventud Rebelde’. Este muchacho trabajó muchísimo ahí y cuando dejó de serle útil a ellos le dijeron que no había terminado su último examen en la escuela y lo botaron del periódico.

¿Hay una doble moral en Cuba?
Allá hay dos partes: el mundo y el submundo. El mundo es el que tienes que afrontar diariamente donde no hay libertad de ningún tipo: ni de expresión, ni de prensa, ni de nada. Entonces, en ese mundo hay que hacer lo que ellos digan. Y en el submundo puedes hablar lo que piensas en realidad, con tus seres cercanos y en un tono bajito.

¿Cómo te diste cuenta que existía la libertad de expresión?
Porque era joven, rebelde y había muchas cosas que me chocaban. Una día visité a ‘Topes de Collantes’, que es un lugar de rehabilitación para los militares donde hay dietas especiales, para quien quiera bajar de peso, donde curan ciertas enfermedades con baños de fango. Antes de llegar me tocó parar en una escuela donde vi niños de 9 y 10 años recogiendo latas de café en una siembra. Ahí pensé que lo que estaban haciendo era una mierda.

¿Qué otras cosas te molestaban?
Mis padres se divorciaron cuando tenía siete años, pero mi madre lleva 36 trabajando como diseñadora del periódico ‘Juventud Rebelde’, donde mi padre fue periodista en sus comienzos y sub director después. Y mi abuelo, Guillermo Lagarde, era escritor y fundador de ese periódico. Mi familia está toda metida en los medios. Entonces, mis logros eran vistos por mis apellidos, ¿me entiendes? No por mi nombre. No era yo.

¿Cómo reaccionó tu padre cuando le dijiste que te ibas a Estados Unidos?
Para decirle esperé a tener todos los papeles en norma: tener el pasaje, la visa. Una, para no darle un disgusto sin tener una base. Otra, para evitar que él pudiera hacer algo.

¿Algo como qué?
Como ponerme algún obstáculo en un trámite o algo así. Al final, cuando le conté que me iba, se sintió traicionado. Me dejó de hablar hasta el día antes de irme. Recién ahí fue a verme para despedirse y me dijo ‘lo único que quiero es que no te metas en drogas ni en política’.

¿Le cumpliste?
En política me ha tocado chocar obli-gatoriamente porque la gente tiene una imagen de Cuba muy diferente. Aquí en Miami hay muchas Cubas, a cada cual le tocó vivir su parte. Algunas personas, incluso, me han dicho que yo vivía como rey en Cuba; entonces, muchas se preguntan por qué estoy aquí y me achacan titulitos de espía, cosas así. A cada rato me toca comparecer en un programa y dejar claro ciertas cosas.

¿Hablas con tu padre sobre tu vida de poeta en Miami?
Te voy a decir una cosa: el político no me habla, pero en alguna profundidad de lo humano con mi padre tenemos la mejor de las relaciones. Cuando me fui hablamos por email y a veces lo llamaba. Pero después que aparecí en varias entrevistas él no quiso hablar conmigo. Es una situación delicada para mi padre y lo respeto. Aunque no comparta sus ideas, él es mi padre.

¿Qué conversaban sobre Fidel?
Mi papá está con Fidel desde que tiene 9 años. En mi casa de Cuba hay fotos de mi padre en la Sierra cuando hacía de mensajerito, él era un chasqui de los rebeldes. Por lo tanto, siempre me habló bien de él. Recuerdo que una vez cuando yo era chico, estaba con mi padre en su oficina y entró Fidel. La segunda vez que lo vi estaba un poquitico mayor y trabajaba en la prensa.

¿Y cómo fue?
Fidel llegó y estuvo al lado mío. Yo no le dije ninguna palabra, pero sentí su olor, su respiración y me puso el brazo en el hombro. Es increíble verlo porque tú piensas lo más negativo, lo más malo, pero cuando Fidel se te para adelante es un hombre alto que tiene una vibración… Es energía que te quita la fuerza. ¡Coño, llegas a admirarlo!… Además, es una personalidad mundial. En estos 45 años Fidel ha creado su imagen y más que un presidente o un dictador es una especie de icono, de Buda. En el ’94, hubo una manifestación en el Malecón de La Habana donde la gente estaba rompiendo los cristales. Fue terrible y yo dije ‘aquí se acabó todo’. Pero llegó Fidel en el medio de la gente, se bajó de un jeep y todos los que estaban gritando como fieras, empezaron a abrazarlo. Fidel cambió el curso de las cosas en cuestiones de segundos. Con él nunca se sabe.

Juanita, hermana de Fidel Castro: “Raúl debe ceder el poder a los cubanos y hacer un país libre”

Juanita Castro (73) vive en Miami desde 1964, fecha en la cual decidió autoexiliarse y desligarse de su familia. Durante años ha criticado el gobierno de su hermano y en más de una ocasión le ha pedido que se retire y termine con el terror. En varias declaraciones lo ha tratado de traidor y tirano. The Clinic conversó brevemente con ella.

¿Cómo fue su salida de Cuba?
Salí de Cuba en 1964. Salí con la intención de no regresar mientras no hubiera un cambio democrático en mi país. Salí con la idea de hacer algo por mi Cuba, de luchar en contra del régimen que se había instaurado. Lamentablemente era el régimen de mi hermano. En los gobiernos comunistas tú no puedes pensar diferente. Tú tienes que aceptar todo lo que ellos digan y hagan y yo no estaba dispuesta a aceptar lo que ellos habían implantado. Yo luché en contra de la dictadura de Batista para que se instaurara otra cosa en mi país, sin embargo termina siendo en lo que se ha convertido.

¿Recuerda buenos momentos familiares con su hermano?
Claro. Al principio habían buenos recuerdos familia-res. Cuando éramos niños, cuando jóvenes, cuando éramos estudian-tes, todo era una vida normal, sana y buena. Éramos una familia bien llevada. Nosotros compartimos muchos momentos agradables. En las vacaciones íbamos a la playa y Fidel me enseñaba a nadar a mí y a mis dos hermanos. Vivíamos muy agradablemente sin dificultades de ninguna clase. Recuerdos buenos me sobran. Los malos recuerdos empezaron después del triunfo de la revolución. Ahora, los recuerdos malos también me sobran.

¿Cuáles pesan más?
Siempre cuando uno se pone a reme-morar toda esa época me doy cuenta que he disfrutado los buenos momentos con mi familia, a pesar del rompimiento que hubo por cuestiones políticas. Uno los recuerda y los añora, luego piensa, ca-ramba, por qué la vida nos puso en esta situación. ¿Por qué nos ha tenido que pasar a nosotros? ¿Por qué a mi familia? Son cosas muy difíciles y duras.

¿Cómo fueron tus primeros años en Miami?
No fueron buenos. Me acusaban de que yo era infiltrada, que era comunista y me habían mandado a una misión. Sin embargo, eso se le fue pasando a la gente cuando vieron mi actitud y la posición que he mantenido siempre, que es una línea recta, limpia y honesta y nadie me puede echar en cara nada. Traté de hacer las cosas lo mejor que pude.

¿Cómo ve a los cubanos en Miami?
Los cubanos están desesperados por tener a su patria libre. Hay algunos exaltados que exageran un poquito y festejan esta tragedia que está viviendo mi familia, pero ellos tienen su derecho como ciudadanos libres para expresar sus ideas como ellos estimen conveniente, de la misma forma que yo tengo derecho a decir lo que pienso y siento en momentos difíciles. La familia es la familia, la sangre es la sangre y esos sentimientos hay que respetarlos, de la misma forma como yo respeto a quienes hacen festejos.

¿Cómo ve a su hermano Raúl?
Raúl tiene en sus manos una papa caliente. Todo depende de su capacidad para poder encauzar al país por otros senderos. Ceder ya el poder a otros cubanos y hacer de Cuba un país libre. Ojalá podamos alcanzar nuestra li-bertad sin derramamiento de sangre y que seamos nosotros los cubanos los que resolvamos nuestros problemas y podamos decidir nuestro destino en el futuro.

¿Cuál de sus dos hermanos representa una mayor amenaza para Cuba?
Son personalidades diferentes. Un cambio es un cambio. En este problema no hay una amenaza. Creo que primero las cosas se tienen que solucionar para que Cuba se vaya por otros caminos.

¿Volvería a Cuba?
No sé, no sé.