De la indignación a la recuperación de la política para la sociedad

Es el momento de dar un paso más en la construcción de una nueva política, que se proponga cambiar el carácter elitista del actual sistema político y ejercer los derechos y aspiraciones de las mayorías. Para ello no queda más que transformar la indignación en organización, acción y propuesta, en fuerza política de los más.

Marcha usach

Los escandalosos casos Penta, Caval y Soquimich han calado hondo en la sociedad chilena. Han puesto al desnudo el carácter del sistema político chileno. Las familias que se enriquecieron con las privatizaciones en la dictadura y la Concertación, son las mismas que hoy son privilegiadas por del sistema neoliberal y manejan los hilos de una democracia a su medida, sin más dios que el dinero ni ley que la de su propia conveniencia.

El Estado como una de las herramienta del sistema político ha estado, desde la dictadura, al servicio de los sectores de la elite, que lo utilizan para beneficio de quienes gozan de los privilegios del neoliberalismo impuesto y logran hacerse así de los bienes públicos (agua, tierra, energía, etc.), conculcar los derechos sociales (educación, salud, previsión, etc.) y capturar tras reglas antidemocráticas los derechos de los ciudadanos a ejercer su soberanía y a participar de la vida política de acuerdo a sus propios intereses. Así se reproduce la sociedad de la desigualdad, el abuso y la desprotección que perjudica a las mayorías.

Las movilizaciones de los años 2006, 2011 y posteriores lo advirtieron. Millones de familias animadas por los estudiantes y otros fuerzas sociales, sacaron la voz para exigir cambios que nos permitieran superar el pesado lastre de la herencia dictatorial y fundar una sociedad de derechos universales y auténtica democracia. Pero contenida la movilización social, volvió a desembarcar la vieja política. Prometieron haber escuchado a “la calle”, juraron entender que “Chile cambió”, pero de estas consignas refundacionales sólo quedó mezquindad, hoy patente en la subordinación a las presiones empresariales que impiden verdaderas reformas a la educación, al orden laboral, a los tributos, a la democracia y a la Constitución.

Con todo, quienes apostamos por cambios sustantivos nos enfrentamos a una posibilidad histórica, la de transformar la indignación en construcción de una política distinta. Una vez más el matrimonio entre neoliberalismo y democracia se ha demostrado insostenible. El último bastión de legitimidad de su coraza política, la presidenta Bachelet, cae también en el descrédito. La mandataria insiste en eludir la convocatoria a un nuevo pacto social, participativo y democrático, optando nuevamente por comisiones asesoras de igual sello tecnocrático que las de antaño, pero de menor eficacia política. Esta decisión, sumada a la desesperada utilización del SII y el Tribunal Constitucional para obstruir el avance de la justicia, dan cuenta de un estilo autoritario que nada nuevo tiene que ofrecerle al país.

Qué duda cabe, la sola indignación ciudadana, aunque real y justificada, no cambiará las cosas. La movilización social es fundamental, pero insuficiente. La crisis en la que las elites políticas y económicas han sumido a la democracia nos interpela por la construcción de una nueva política, fundada no sólo en nuevas prácticas, más abiertas y transparentes, sino sobre todo en la representación de las amplias aspiraciones hoy excluidas del teatro de toma de decisiones.

Debemos avanzar en un proceso constituyente que permita a los intereses de las grandes mayorías expresarse en una nueva Constitución, democratización que no puede reducirse a una mera consigna. Ese desafío, en lo inmediato, significa propiciar una salida democrática al desprestigio de la política, que avance en el establecimiento de la verdad y en la toma participativa de decisiones sobre las reformas en curso, evitando un cierre autoritario de la crisis. Hoy más que nunca de lo que se trata es de ejercer la democracia, no simplemente prometerla.

Quienes nos hemos identificado hasta hoy con lo que hemos llamado la corriente autonomista nos posicionamos de cara a la decadencia de la vieja política con la decisión de superarla. Desde diversas luchas sociales, hemos persistido en el intento por sumar voluntades a la construcción de una política distinta. Hoy continuamos ese esfuerzo comprometidos en la construcción de una nueva propuesta de transformación, que abra nuevos horizontes de realización y desarrollo a partir de la articulación de una amplia alianza social y política.

Es el momento de dar un paso más en la construcción de una nueva política, que se proponga cambiar el carácter elitista del actual sistema político y ejercer los derechos y aspiraciones de las mayorías. Para ello no queda más que transformar la indignación en organización, acción y propuesta, en fuerza política de los más.

Mesa de Convergencia Movimiento Izquierda Autónoma
Marzo de 2015

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