Columna: Buenos para la pelota

Buenos para la pelota son pocos. Pocos si no se incurre en el error de tener por uno de ellos a cualquiera de esos jugadores talentosos, pero que dan solo para pichangueros. Siempre me gustó Carlitos Caszely, dentro y fuera de la cancha. Inteligente, valiente, burlón, pero más cerca de pichanguero que de bueno para la pelota. Gran pichanguero. Sublime pichanguero, pero no sé si realmente bueno para la pelota.

maradona
Grito más los goles de Santiago Wanderers de Valparaíso que los de nuestra Selección Nacional. Lo cual quiere decir que grito pocas veces. Todos recuerdan que el equipo verde estuvo a minutos de ser campeón en 2014 y todos saben también que remató penúltimo en el más reciente campeonato. Durante el segundo semestre del año pasado pensé que ganábamos partido tras partido para ser campeones, pero la verdad era que los estábamos ganando para no descender este 2015, dado el sistema de tabla acumulada para determinar qué equipos se van a Primera B.

Debe ser mi nacionalismo bastante atenuado el que me hace gritar más los goles verdes que los rojos, salvo que alguno de los segundos lo marque David Pizarro, el jugador chileno más parecido a Maradona que ha producido nuestro fútbol, se entiende que dentro de la cancha, porque la conducta de uno y otro fuera de ella no es para nada comparable. Pizarro, que partió en Wanderers (todo parte en Valparaíso, todo parte en Wanderers, y luego nada), es lo que los hinchas del fútbol llamamos “bueno para la pelota”. Bueno. Buenísimo. Recibe, controla, elude y entrega como nadie, y el sueño de todos los porteños es que termine jugando en el club que lo vio nacer.

¿Otros buenos para la pelota en nuestra actual Selección? Valdivia, desde luego, Alexis, sin duda, y Bravo, que aunque ataja con las manos, una de sus gracias es que juega muy bien con los pies. Me gusta también su serenidad, porque pocas cosas pueden ser peores de sufrir en una cancha que esos arqueros gritones que con el pretexto de ordenar la defensa dan rienda suelta a una histeria verbal que los hace parecer auténticos locos de patio. Ejemplos hay, pero voy a omitirlos.

Buenos para la pelota son pocos. Pocos si no se incurre en el error de tener por uno de ellos a cualquiera de esos jugadores talentosos, pero que dan solo para pichangueros. Siempre me gustó Carlitos Caszely, dentro y fuera de la cancha. Inteligente, valiente, burlón, pero más cerca de pichanguero que de bueno para la pelota. Gran pichanguero. Sublime pichanguero, pero no sé si realmente bueno para la pelota. Igual el Chino se ganó un lugar de privilegio en el corazón de los hinchas, y no únicamente albos, porque dribleaba como nadie, pasando entre los defensas con sus medias abajo igual que hace un jugador de barrio que levanta el corazón de la barra con sus endiabladas jugadas.

No vamos a descubrirlo ahora, pero Messi es también bueno para la pelota. Buenísimo. Lo que pasa es que no parece disfrutarlo. O no lo suficiente. Deporte transformado en industria y hasta en botín de algunos sinvergüenzas, el fútbol es ante todo juego, y los juegos existen para divertirse. Para divertirse los que juegan y también los que lo ven.

Al final de la Copa América, además de la lista de los mejores, habría que hacer la de los buenos para la pelota. Dos listas separadas, que bien podrían coincidir en uno u otro nombre. Pelé, por ejemplo, fue siempre el mejor, pero ¿tan bueno para la pelota como Maradona?

Comentarios
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