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El exparlamentario del Partido Socialista Carlos Ominami hace una dura crítica al “mal ambiente” que vive nuestro país y realiza un repaso sobre los últimos acontecimientos y “abusos” como la colusión o la evasión del Transantiago.

En una misiva enviada a La Tercera, el político salpicado por el “Caso SQM”, profundizó en su texto titulado “Mala Onda” en el ambiente de desconfianza que atraviesa el país.

“Prima en Chile lo que Alberto Fuguet llamó la Mala Onda. Ella involucra a moros y cristianos, a ricos y pobres, a débiles y poderosos”, escribió Ominami al inicio de su carta.

“Cuando se lee la prensa, se escucha la radio o se ve la televisión, queda la imagen de Chile como un país gobernado por una asociación ilícita, entre traficantes de influencia, corruptos, pillos y truhanes. Este no es el Chile real”, reflexiona el ex senador de la V Región.

“Es cierto, hay poderosos que abusan. La colusión de las farmacias o la del papel tissue son graves. Están probadas por las propias autodenuncias de quienes las protagonizaron. Hay otras denuncias como la de la colusión de los supermercados que tiene que ser investigada a fondo porque, aunque no sea popular decirlo, no está probada”, argumentó.

“Hay también abusos que cometen los débiles. Uno muy extendido es la evasión en el Transantiago, que en la actualidad alcanza a cerca del 27%, con un costo enorme para todos los chilenos. Es un fraude muy pequeño, pero digamos las cosas como son, es un robo al sistema”, agregó Ominami.

“Los abusos pueden llegar a extremos ridículos. Es lo que me ocurrió hace una semana en un vuelo proveniente de México. Con estupor me entero por una joven periodista de una radio que existiría una denuncia en mi contra. Lo que la periodista llamó ‘denuncia’ corresponde a un comentario en una red social de un señor que me acusó de robarle el agua en el avión. El hecho es el siguiente: en medio del vuelo desperté con la boca seca y tomé un sorbo de agua de una de las dos botellas que estaban frente al asiento de esta persona. Pensé que por equivocación, la botella que me correspondía había sido puesta en frente del otro pasajero. Supe después que la línea aérea ya no distribuye, en clase económica, una botella de agua para cada pasajero. Por tanto, yo no tenía ninguna botella y mi vecino de asiento era propietario de las dos. Por una total inadvertencia, tomé efectivamente un sorbo de una de las botellas de esta persona. De allí a una acusación de robar agua, hay un enorme trecho. Pura mala onda”, cerró su carta el político.