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“La escena ha perseguido a Guillermo Padilla por 40 años”, comienza un relato periodístico sobre los brutales recuerdos de un exsoldado que hizo su servicio militar en el período del golpe de Estado de nuestro país.

El extracto de la escena que atormenta a este exconscripto es el siguiente:

“Como un soldado de 18 años de la armada chilena en 1973, Padilla estaba de ronda con su unidad en una ciudad del sur cuando el dueño de un supermercado apuntó a su hijo y lo acusó de suplir de comida y armas a un grupo de guerrilla. Los soldados tiraron al joven a un pozo y le empezaron a disparar. Luego arrastraron el cuerpo y lo pusieron en un camión militar y se lo llevaron. Padilla estaba mirando todo de cerca en un jeep”.

“Nunca supe donde se lo llevaron y tampoco me enteré de su nombre”, añade el exmilitar.

En la publicación realizada por The New York Times, se relata la vida de Guillermo Padilla (62), padre de tres hijos adultos y casado con una esposa que tiene 40 años. Él mantiene una casa bien cuidada en el Cajón del Maipo en las afueras de un área montañosa de nuestra capital. Ahora se desempeña como operador de maquinaria pesada en la represa Alto Maipo.

La historia relatada por el medio de comunicación americano se parece a la que ocurrió unos meses atrás en el programa “El Chacotero sentimental” de Radio Corazón, conducido por Rumpy. En aquella oportunidad, Guillermo Reyes Rammsy, un exconscripto del regimiento Carampangue de Iquique, confesó haber cometido asesinatos a través de su largo relato en el programa radial.

En este caso, la historia de Padilla no es muy diferente. A pesar de que sus homicidios se mantuvieron impune por la justicia chilena, Padilla dice que la experiencia de “servir a la patria” en esa época le cambió totalmente su visión de vida. Así él lo define con sus palabras:

“Toda esta experiencia en la armada me hizo madurar rápido. Me transformé en soldado a los 18 y después de todo lo que vi, a los 21 me transformé en otra persona”.

Este exsoldado era integrante de una unidad de comando marcial que estuvo meses en pueblos con valles y otras ciudades ubicadas en lugares fronterizos en el sur de Chile en el año del golpe, buscando a oponentes sospechosos contra la dictadura militar del general Augusto Pinochet y también a las personas que escondían armas.

El objetivo de su unidad era “allanar casas, arrestar y torturar sospechosos”. También destaca que su pelotón por lo menos mató treinta personas”, de acuerdo a lo que cuenta Padilla.

Sobre si participó en algunas de estas experiencias, el exconscripto admite que sí y dice que “no sentía nada”, pero ahora confiesa que “hay veces que no me puedo sacar las imágenes de esas personas de mi cabeza”.

El artículo realizado por el diario norteamericano analiza la situación de Derechos Humanos en Chile y recalca que:

“Al regreso de la democracia, los gobiernos nacionales de Chile han investigado la violación de los derechos humanos que ocurrieron bajo la dictadura. Pero el progreso ha sido lento. Más de 1370 militares, policías y agentes civiles han sido denunciados, acusados o sentenciados por estos crímenes. De acuerdo a esas cifras, sólo 117 personas fueron encarceladas, según un reporte publicado en diciembre por el Ministro de Interior del programa de derechos humanos

“Hasta el momento, no conscriptos han sido encarcelados. Jueces han tratado a estos soldados de manera benevolente, esperanzados de que puedan estimular que ellos puedan después establecer la verdad de lo que sucedió en los días de represión”, agrega la publicación.

Al ser consultado por esta situación, el juez Mario Carroza, quien está a cargo de más de 200 causas de derechos humanos dice sobre soldados como Padilla que “son una fuente valiosa de información”.

“Ellos estaban atados a una estricta jerarquía militar y fueron obligados a obedecer órdenes que no se podían negar. Nuestras leyes permiten que reciban ciertos beneficios si es que cooperan, entonces ellos (los conscriptos) capaz se sientan más liberados del peso de guardar el secreto”, complementa.

Como miles de conscriptos, Padilla todavía carga con cicatrices emocionales de ser forzado a ver esos hechos o de cometer atrocidades. Muchos de los soldados, impulsados por el miedo a morir, fueron ordenados a matar, torturar o violar gente inocente. Todavía sienten la vergüenza de que inspirados por el miedo, ellos saltaron de su adolescencia a la adultez en poco tiempo y en ese período fueron evitados por miembros de su familia y amigos, debido a que querían evitar la cárcel, según consigna el reportaje.

Sin embargo, mientras la mayoría es reacia de hablar de sus secretos del pasado, Padilla habla abiertamente de sus propias experiencias.

“Los otros me dicen que no mencione las ejecuciones y me recuerdan que tengo casa y familia”, afirma.

De la misma manera, el exsoldado explica que “a mi esposa tampoco no le gusta esto, pero yo he perdido todo el miedo”.

Cuando recuerda qué se siente vivir todos estos años con el peso de las atrocidades en sus hombros, Padilla dice: “Estuve dos años de mi vida viviendo en el servicio con miedo”.

“Éramos solo unos niños y ellos destruyaron nuestros vidas”, remata.

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