Mariano Ruiz Esquide

Tras el revuelo que causó en redes sociales la intervención del senador Mariano Ruiz-Esquide durante la votación para aprobar la ley de royalty en 2010, conversamos con el ex parlamentario, quien nos explica su posición y reafirma su convicción que los recursos mineros deben ser nacionalizados. El emblemático democratacristiano, fuerte detractor de la dictadura, recuerda episodios de la época y evalúa los hitos de la transición. Además expresa su preocupación por el actual clima político y el peligro de un nuevo quiebre democrático.

Mariano, usted fue el único que se opuso al royalty de Piñera, ¿por qué votó en contra?
-Desde los años cincuenta mi postura siempre ha sido nacionalizar el cobre, también ahora soy partidario de nacionalizar el litio. Pero los demás decían que no había dinero para construir una empresa extractiva, entonces había que acordar cómo le sacábamos la mayor cantidad de dinero posible a las mineras, la forma de hacerlo era a través del royalty. Hasta ese momento, las mineras pagaban entre 4% u 8%. El proyecto de Piñera era un poco superior, pero a mí me parecía insuficiente y además iba en contra de mi convicción de nacionalizar. Hablé con el comité de mi partido y dije que no iba apoyar el proyecto. A mí no me hablen de royalty, yo quiero nacionalizar, he estado en la misma toda la vida, desde que me bautizaron, desde el primer día que me metí en política, bueno, entendieron y me dieron autorización para oponerme. Se ganó con los votos de la derecha y la Concertación. Hay que ser claro, hasta ese momento, nadie, ninguno de nosotros, en ningún momento ni circunstancia, tocó el tema de que hubiera negociaciones de mala leche o de cohecho. Nadie pensó que el senador x estaba haciendo una cosa trucha.

A raíz de todos lo escándalos de SQM, ¿cree que actualmente existen posibilidades de nacionalizar el litio?
-Cuando presenté el proyecto de nacionalización en 2012, -creo que me lo declararon inadmisible-, había la posibilidad de hacerlo, porque en toda América Latina se vivía una racha de nacionalización. Ahora se ha complicado porque el oleaje viene al revés, con lo que ha pasado en Brasil con Petrobras, en Perú con la pesca, en Argentina. Alguien me decía que el horno no está para bollos. Pero por otra parte, también es cierto que el mundo entero se ha dado cuenta que no es posible mantener el estatus que tiene hoy la minería extractiva, genera levantamientos de la gente, ya ni siquiera de la izquierda, los ciudadanos corrientes reclaman que los recursos naturales son del país. No sé que va a pasar con esto, pero espero morirme con el cobre nacionalizado.

¿Qué opina de todos estos escándalos de financiamiento irregular e investigaciones por cohecho?
-Llevo 50 años en política, jamás, nunca en la vida pensamos que íbamos a llegar al nivel del escándalos que hemos visto en esta década. Atroz. En este momento no existe ninguna institución que no esté metida en alguna escandelera. Antes creíamos que en Chile estas cosas no se iban a producir, que hacíamos una política distinta, que esas cosas eran propias de países bananeros.

¿Nos hemos convertido en un país bananero?
-Mire, tengo la esperanza, que como dice la Santa Iglesia, después del pecado, viene la confesión y después la redención. Esto ha sido un escándalo tan grande para todo Chile, que ha llevado a que ya el Parlamento esté tomando medidas para cambiar los procedimientos para que no se vuelva a producir, lo mismo en el Ejecutivo y en la empresa privada. Con la dictadura vino el capitalismo rampante y el capitalismo es la esencia del triunfo de dinero. El dinero corrompe y hoy es lo único que importa. El capitalismo rompió con nuestra cultura, nos desculturizamos. Además, ya hemos visto que la mezcla de poder y dinero es peligrosísima.

¿Cuál es su opinión sobre el “artículo Contesse” que fue enviado a Longueira e incorporado a la ley?
Lamentable, inaceptable, impensado. Nunca habíamos visto algo así. Hasta hace un tiempo se premiaba la honradez, en cambio ahora último lo que vale es la diablura. Honrado y hueón empiezan las dos con h. Jamás pensamos que Longueira podría hacer algo que comprometiera su honor. No me imaginé jamás una cosa así.

¿Cree que se configura el cohecho en el caso del ex senador Longueira?
-Voy a ser muy claro, los hechos deben hablar y por lo tanto, la justicia nos dirá si las acusaciones son reales o no. Si es culpable, sanción aunque sea mi abuela, si no es culpable, se absolverá.

¿Le cae alguna responsabilidad en los hechos cuestionados al expresidente Piñera?
-En esto hay dos responsabilidades: el que metió las manos y el que tiene el poder. Seamos crudos, ¿a quién destruye la derecha cada vez que puede por el tema del señor Dávalos o de otras cosas estúpidas que han hecho ministros, diputados y senadores de la Nueva Mayoría? Es la Presidenta a la que ponen como el monito al que hay que golpear, en este caso es lo mismo, el responsable es Piñera.

¿La llegada de Piñera al gobierno le dio más acceso al empresariado para incidir?
-Cuando llegó la derecha al gobierno, nuestros reparos eran dos: una que siendo democrática se vendió al militarismo y terminó siendo el sustento de la dictadura, porque no nos olvidemos que fue una dictadura cívico-militar. Y lo otro es que considerábamos que Piñera no manda en la derecha, los que mandan son las redes más profundas de la derecha, los poderes fácticos. Además la derecha actual no tiene las características de la derecha agrícola, que cometían pecados de monja comparada con esta derecha capitalista. La derecha demostró que no tiene compostura en estas materias. El país les dio la oportunidad, pero mientras gobernaron hicieron todas estas barrabasadas, no aprendieron o creen que tienen la razón a mocha y trocha.

¿Cuál es el juicio que hace con los personeros de la Nueva Mayoría involucrados en el financiamiento ilícito?
Poderoso caballero es don dinero. Como le dije, el dinero y el poder corrompen, la gente de la NM que se ha metido en esto, -aunque aún no sabemos si son delitos y lo mismo corre para la derecha-, el que cayó y pecó, paga. En Chile no puede haber ninguna persona que habiendo sido probada su culpabilidad, no sea sancionada. A mí como humilde servidor, claro, cuando hay un amigo mío metido, me duele mucho más.

¿Como el presidente de su partido por las boletas cuestionadas de sus hijos a SQM?
Claro, eso es un lío que tiene otras connotaciones, pero evidentemente cuando sale todo eso, yo espero que se aclare algún día y que también, si dios quiere, Pizarro transparente lo que pasó realmente. No hay justicia sin misericordia, pero no puede haber misericordia sin justicia.

¿Y qué piensa sobre los políticos de la Nueva Mayoría que pidieron plata a Ponce Lerou?
Eso es como un dolor en pleno esternón, un dolor de infarto, no solo un dolor político. Me duele en el alma que quienes luchamos contra la dictadura, de repente tengamos este escenario. No se puede establecer una República sobre la base de la amnistía, mucho menos cuando esa amnistía significó la muerte de personas. Sabe usted lo que significa que yo fuera a pedirle plata a Ponce Lerou, yo perdí cinco o seis amigos del alma, amigos desde los cinco años, que murieron en dictadura. Duele mucho y se agrega la molestia. Hay que hacer un esfuerzo muy grande para perdonar.

Recuerdos de dictadura y transición
“Una cosa es la criminalidad de la dictadura y otra es la criminalidad económica, pero no hay posibilidad de equipar. No me voy a olvidar jamás cuando recibí en la guardia del Hospital de Concepción a Sebastián Acevedo, el obrero que se quemó en la Plaza de Armas como protesta porque habían detenido a sus dos hijos. Me levanto y me acuesto con el olor, no puedo entrar al cementerio, no puedo entrar a un funeral sin que me repita en las narices el olor de ese hombre que estaba quemado íntegro. Yo lo conocía, había trabajado con él. Nosotros estábamos horrorizado, imagínese una persona con ni un pedazo de piel sana, todo negro. Apenas hablaba, lo único que decía, Mariano, morfina. No había nada más que hacer”, recuerda el ex senador sobre el episodio que sacudió a Concepción en 1983.

En relación a la criminalidad económica, ¿qué piensa de que el Estado, en específico el gobierno de Aylwin, no hiciera nada por recuperar las empresas estatales privatizadas en dictadura, por ejemplo SQM?
-Ese fue un debate muy fuerte al interior de la Concertación, en esa materia, se tocaban tres factores, primero el bien moral, porque muchos se enriquecieron con la dictadura, se quedaron con todo. El segundo factor, es que Chile estaba liquidado económicamente, entonces si usted estatizaba las empresas, no había un solo un extranjero que hubiera venido a invertir a Chile, era el mismo fenómeno que pasó con Franco, necesitábamos sustentar el país. No teníamos nada ni pan ni harina. Ese era un factor de responsabilidad que me fue muy criticado. El tercer factor es que el sentido del retorno a la democracia era la paz social, si se tomaba una decisión como esa, se iba nuevamente a agitar socialmente el país, además ellos tenían apoyo de EE.UU. y Pinochet estaba en el Ejército, sabíamos que estaban dispuestos a seguir matando. Si estuvieron tres veces a punto de echarnos. Nunca teníamos la seguridad que al día siguiente no estaba de vuelta de Pinochet. Ellos tenían locura mesiánica, es un cuadro psiquiátrico eso.

¿Y con el paso del tiempo cuál es su evaluación sobre esa decisión?
Cuando asume Aylwin y luego Frei teníamos que ser extremadamente cuidadosos. La pelea era esa, al final se tranzó, algunas cosas se hicieron y otras no para poder tranquilizar a la sociedad chilena, a sabiendas que si seguíamos jodiendo, nos daban otro golpe.

¿Comparte las declaraciones que hizo Aylwin en el diario El País, que Chile rechazaba la UP?
-Usted tiene que comprender las crisis espirituales que tuvo la Concertación. Entré a los 15 años a la universidad, entré peleando con la masonería y los radicales, con ellos peleé hasta el golpe de militar, con los socialistas lo mismo. Ese era el background. Después con Pinochet por arte de magia hicimos alianza con los radicales. Al interior de la DC también teníamos tremendas luchas entre los conservadores y los que eramos más chascones, Aylwin siempre fue de los más conservadores. Su elección interna fue muy difícil, sabíamos cómo era su pensamiento y temíamos que en algún momento no lograra la unidad con la izquierda. Pero ahí pasó algo divino, él cambió, como se dice en la doctrina cristiana, hubo gracia de estado, él era duro, la peleaba, pero cuando asume la Presidencia pasó a ser un hombre de paz que se entendía con todos, buscó acuerdos y tranquilidad. Actuó para transformarse de jefe de una fracción del partido en el presidente de todos los chilenos. La izquierda también cambió y pudo generar alianzas con el centro. Eso no era posible antes.

¿Fue difícil integrar el acuerdo con el PS y el PR?
Pese a las diferencias, para lograr el retorno de la democracia, nos aunamos todo, salvo el MIR porque no era un partido democrático. Además con el MIR yo siempre tuve una diferencia muy grande, ellos fueron uno de los cuatro o cinco factores que motivaron la caída de Allende. El MIR hizo todo lo posible para que el propio Allende no pudiera gobernar. Cinco días antes del golpe, junto a Bernardo Leighton, le pedimos al presidente Allende, que, por favor, sacara al MIR del gobierno, él contestó que no iba a hacer lo de González Videla, que él no iba ser responsable de sancionar a los miristas o a los comunistas que lo habían llevado al poder.

Los que son críticos de la transición consideran que fue muy lenta, que finalmente se tranzó demasiado y se terminó profundizando el modelo impuesto por de la dictadura. ¿Qué piensa de eso?
-Yo creo que no se pudo más. Hay quienes consideran que la transición es de una elegancia y eficiencia salvaje. Otros creían que nos iban a detener y taponear cualquier avance y otros considerábamos que había que ir como podíamos, que si por el bien superior, había que pagar precio, lo pagábamos. Si había que saludar a Pinochet, lo saludábamos, salvo Mariano Ruiz. Cuando Pinochet fue a votar para elegir al presidente del Senado, que fue una de las paradojas de las concesiones que tuvimos que hacer, él empezó a saludar a los que estábamos en el pasillo, me estiró la mano, pero yo me di la vuelta .

Las críticas a la DC

¿Cómo toma las críticas de los otros partidos de la Nueva Mayoría a la DC porque consideran que se oponen al programa y no se alinean con el gobierno, por ejemplo en la reforma laboral?
-En la reforma laboral, no hay una posición común de la DC, hay división. Hay que valorar lo que ha hecho la senadora Carolina Goic, sola contra el mundo, sin perjuicio de respetar absolutamente las razones de estado que los otros senadores aducen para ponerse en una posición distinta. No se puede decir que estén con los empresarios ni que están vendidos. Reconozco la pureza de sus pensamientos. Tienen sus razones. No están cooptados por los empresarios, no, pongo las manos al fuego. Se oponen a que la reforma tenga un costo muy alto. Los partidos en la Nueva Mayoría llevamos peleando entre todos hace como 50 años, que nos pongamos de acuerdo y no nos matemos, es una gran logro.

¿Cree que la DC está cómoda en la NM?
No, una parte de la DC no está cómoda y si pudieran elegir otra alianza lo harían. Hay otros DC, como que el que habla que estoy feliz en la Nueva Mayoría. Somos más los que estamos dispuestos a seguir en la NM, que los que están dispuestos a irse. Tenemos fraternidad con los críticos, pero si siguen con el tema y dándole vuelta, va a haber que contestarle nomás. Se podría producir un quiebre, si tanto joden, que se vayan o se van ellos o nos vamos nosotros. Pero por otro lado, los partidos de la NM, el PC, el MAS, el PS hacen todo lo posible para sacarnos pica, no hay día que no nos den. No miden las cosas que dicen, no cuidan la coalición porque la mayoría no estuvieron en el golpe. Ahora está pasando lo mismo que pasaba al comienzo de la UP, las mismas acusaciones, las agresiones, no hay día que no salgan con una desfachatez. No hay un día que un miembro de la NM pierda la posibilidad de quedarse callados, hay una lenguaje agresivo, así empezamos con Allende. Quiero que alguien me apuesten un dedo de su mano derecha que después no vienen los bomberos de plomo. Eso me preocupa.